Este experimento universitario se basó en los juicios del nazismo y se volvió tan macabro que se tuvo que parar a la mitad
Actualmente es uno de los estudios psicológicos más famosos de la historia y roza lo que llamaríamos mito de tantas veces que se ha mencionado y por haber incursionado de cierta manera en la cultura pop. Hablamos del experimento de la cárcel de Stanford, que tuvo lugar del 14 al 20 de agosto de 1971, hace 55 años, y que se tuvo que suspender tan solo seis días después por “perversidad”. Llegó a generar tanto shock que dio lugar a tres películas.
Origen en los juicios de Nuremberg
En una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, la Universidad de Stanford, en California, tuvo lugar el que está considerado uno de los experimentos más macabros de la historia de la psicología, y lejos de ser un mito, fue totalmente real, aunque tuvo matices.
En la Universidad de Stanford, el profesor Philip Zimbardo reclutó a un grupo de estudiantes y los dividió en guardias y prisioneros. Tenía como objetivo confirmar lo que fue el llamado ‘experimento de Milgram’, en el que en Yale se analizó la obediencia a la autoridad, que a su vez tuvo origen en los juicios de Nuremberg, en los que fueron juzgados los líderes del nazismo por sus crímenes durante la Segunda Guerra Mundial.
En estos, muchos apelaron a que solo cumplían órdenes, y esto interesó al profesor llamado Milgram, que juntó a participantes entre profesores y estudiantes, y les engañó al decir que era un estudio sobre memoria y aprendizaje. En caso de fallo, debían castigar con descarga eléctrica. Sin embargo, más tarde se descubrió que la máquina ni emitía voltaje ni los gritos que se escuchaban eran reales, sino grabaciones.
El experimento de Stanford y el ‘truco’ detrás
Pero, al mismo tiempo, este experimento demostró que gran parte de las personas estaban dispuestas a hacer daño de forma física a otras antes que enfrentarse a las órdenes dadas. Y aquí es donde entra Philip Zimbardo, que quiso ir más allá y ver realmente que es lo que separa el bien del mal, y para ello ideó el experimento de la cárcel.
Con una publicidad de 15 dólares diarios a los que participaran en el experimento voluntarios comenzó el experimento que tenía como misión el idear una cárcel falsa durante dos semanas, que incluso fue financiado por el gobierno de Estados Unidos para encontrar el origen de los conflictos en las prisiones.
El experimento comenzó evidenciando su realidad desde el principio, cuando policías reales detuvieron a los voluntarios que iban a participar como prisioneros y les acusaron de robo. Así, fueros esposados y llevados a comisaría, donde fueron fichados y trasladados a la supuesta prisión provincial, que en realidad era el sótano del Departamento de psicología de Stanford. Sin embargo, estaba tan bien simulada que parecía realmente una cárcel real. En la que, además, desde el comienzo los que actuaban como guardias dieron rienda suelta a conductas abusivas que llegaron a ser sádicas, llevando a cabo también violencia psicológica.
Todo llegó a cierto punto que a los seis días se tuvo que parar, cuando varios presos mostraron desórdenes emocionales. Con el tiempo se ha sabido que ni fue tan científico ni espontáneo, pues los que ejercían de guardias recibieron órdenes directas de Zimbardo y su equipo para ser agresivos, un hecho que se vio a través de grabaciones y documentos. Además, no cumplía con las normas que debe tener un estudio universitario y científico real, pues carecía también de control estricto y neutralidad.
A pesar de la controversia, sin embargo, el profesor Zimbardo ganó notoriedad y es considerado todavía una eminencia en el campo de la psicología, además el estudio todavía es conocido y estudiado, y dio origen a la teoría del efecto Lucifer, que describe cómo personas comunes pueden llegar a cometer actos crueles sin tener problemas psicológicos si se encuentran bajo influencia de un contexto, autoridad o presión de grupo.
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