Los Mares del Sur pusieron contra las cuerdas al Bounty y el motín acabó haciendo historia
Las despedidas quedaron suspendidas en el aire mientras varios marineros dejaron de mirar hacia el horizonte porque ya habían encontrado una vida que no querían perder. Esa sensación fue creciendo entre la tripulación hasta convertir la obediencia en una carga, de manera que cada conversación alimentó la decisión de romper con William Bligh.
Cuando llegó el momento de actuar, Fletcher Christian reunió a quienes compartían su propósito y redujo al comandante mientras otros inmovilizaban a los hombres que permanecían fieles. Bligh fue obligado a subir a una pequeña embarcación abierta junto a 18 leales, aunque todavía intentó mantener el control de la situación con órdenes que ya nadie obedecía. La separación quedó consumada cuando el Bounty se alejó y dejó atrás a su antiguo jefe en medio del Pacífico.
Aquella ruptura puso fin a una expedición organizada por el Almirantazgo británico para transportar árboles del fruto del pan desde Tahití hasta las Antillas. Bligh, que había sido elegido para dirigir la misión gracias a su experiencia como navegante y a la confianza depositada en él por Sir Joseph Banks tras haber servido junto al capitán James Cook, quedó libre de responsabilidad cuando el consejo de guerra examinó los hechos al regresar a Inglaterra.
Tahití cambió las aspiraciones de muchos marineros
El Bounty había partido en 1787 con un objetivo botánico y económico. El plan consistía en recoger ejemplares del árbol del pan para llevarlos al Caribe, donde debían servir como alimento barato para la población esclavizada de las plantaciones.
El viaje también incluía trabajos de navegación en el Pacífico, aunque las dificultades aparecieron desde el principio. Los temporales impidieron doblar el cabo de Hornos y obligaron a seguir una ruta mucho más larga por el cabo de Buena Esperanza, lo que prolongó la travesía durante meses.
La llegada a Tahití cambió el estado de ánimo de la tripulación. La isla ofrecía abundancia de alimentos, un clima agradable y relaciones estrechas con la población local, mientras la expedición permanecía allí durante varios meses porque todavía no era la época adecuada para recoger las plantas.
Muchos marineros comenzaron a imaginar una vida lejos de la disciplina naval y varios establecieron relaciones sentimentales con mujeres tahitianas. Ese largo periodo redujo la disciplina a bordo y aumentó el deseo de permanecer en la isla.
El conflicto terminó de estallar poco después de abandonar Tahití en abril de 1789. Las discusiones entre Bligh y Fletcher Christian se hicieron frecuentes por cuestiones de disciplina, pérdidas de herramientas y acusaciones de robos. El enfrentamiento alcanzó su punto máximo cuando Christian encabezó el motín y expulsó del barco al comandante junto a los hombres que siguieron a su lado. Los amotinados regresaron primero a Tahití y después buscaron un refugio donde evitar la persecución de la Marina Real.
William Bligh regresó a Inglaterra tras una travesía extraordinaria
La historia de Bligh tomó un rumbo muy distinto. Gracias a su extraordinaria capacidad como navegante consiguió recorrer cerca de 3.618 millas náuticas en una pequeña embarcación hasta llegar a Timor con casi todos sus hombres. Aquel viaje fue considerado una de las mayores hazañas de navegación de su tiempo y permitió que regresara a Inglaterra para relatar lo ocurrido.
Mientras tanto, el destino de los amotinados quedó dividido. Algunos permanecieron en Tahití y terminaron capturados por el buque Pandora, mientras otros siguieron a Fletcher Christian hasta la remota isla Pitcairn. Allí incendiaron el Bounty para impedir cualquier intento de regreso y comenzaron una colonia aislada.
Con los años surgieron enfrentamientos violentos entre los colonos y los tahitianos que viajaron con ellos. John Adams acabó convertido en el último superviviente de los amotinados originales y explicó la historia de la colonia cuando un barco estadounidense encontró la isla por casualidad.
Bligh, por su parte, continuó su carrera naval, llegó a almirante y murió en Londres en 1817, mientras el motín del Bounty seguía alimentando libros, investigaciones y relatos que todavía hoy mantienen abierto el debate sobre lo que realmente ocurrió en aquel viaje.
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