La isla de la Tortuga, el refugio paradisíaco que fue bastión de piratas y bucaneros en mitad del Caribe

Vista de la isla desde un satélite de la NASA.

Laura Cuesta

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El nombre se lo puso Cristóbal Colón. No porque esta isla ubicada en el mar Caribe estuviera repleta de tortugas, sino por la forma que tiene una de sus montañas. Lo hizo en 1492, durante su primer viaje a América, mientras el barco en el que viajaba navegaba por el estrecho que separa este territorio de la isla de Santo Domingo (también llamada La Española). Y se le quedó.

Hoy la isla de la Tortuga sigue llevando el mismo nombre y ha aparecido en diversos productos culturales a lo largo de los años. En las novelas de aventuras del escritor italiano Emilio Salgari, Piratas del caribe, la isla es uno de los escenarios donde transcurre la historia de su protagonista, el Corsario Negro.

Ocurrió lo mismo con la saga de películas que, años después, llevó el mismo nombre. La isla es mencionada varias veces en los largometrajes, e incluso visitada por el capitán Jack Sparrow (Johnny Depp), que en un momento de la trama decide viajar hasta allí para reclutar nuevos tripulantes para su nueva aventura. 

Ya en la trilogía original de películas dirigida por Gore Verbinski se presentaba la isla de la Tortuga como una especie de “paraíso pirata”, un territorio al margen de las leyes de los grandes imperios coloniales en el que bucaneros y filibusteros encontraban refugio, comerciaban con grandes botines y vivían bajo sus propias normas. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

Una isla pirata

Más allá de cuentos y películas, la isla de la Tortuga es un territorio real, situado al norte de la República de Haití. En el siglo XVII, esta zona estaba poco controlada por España, lo que permitió que en la isla se asentaran bucaneros y filibusteros, unos marineros que cazaban, comerciaban y atacaban barcos españoles. Con el tiempo, el grupo creció tanto que la isla empezó a ser importante a nivel militar y económico.

En aquel momento, Francia, que estaba expandiéndose en el Caribe y necesitaba bases para competir con España, encontró en Tortuga su solución. Esta isla bien situada y llena de piratas experimentados a la hora de atacar a los españoles podía serles de gran ayuda. Así que durante la Guerra franco-española (1635–1659), el capitán galo Le Vasseur tomó el mando en la isla y promovió la actividad de los filibusteros contra los barcos españoles.

Bajo dominio francés, la Tortuga pasó de ser un refugio improvisado a un puerto relativamente estable para los piratas. Fue la edad de oro de la isla. Sin embargo, con el tiempo, la actividad de corsarios y bucaneros fue desapareciendo hasta que perdió su papel como enclave estratégico. La isla de la Tortuga fue perdida definitivamente por los franceses durante la Revolución haitiana en abril de 1803.

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