Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP promete una contrarreforma con recortes en derechos sociales
Tres deportistas de élite ante el calor extremo en su trabajo
OPINIÓN | 'Los valores de Burger King', por Antonio Maestre
Entrevista

Youssef Ouled: “Lo que dijo Rajoy no solo lo dice Rajoy: la Policía nos recuerda cada día que si no somos blancos no somos tan españoles”

Youssef Oled, periodista, autor de "La frontera del azar" (Editorial Jande).

Gabriela Sánchez

18 de julio de 2026 22:23 h

3

Un agente detiene a un joven en mitad de la calle. Cuando este le pregunta el motivo, el policía responde: “Pues porque eres negro, por qué te voy a parar”. La escena, recogida en el libro La frontera del azar (Editorial JANDE), condensa la realidad del perfilamiento racial en España: una práctica policial denunciada por organismos de derechos humanos que convierte los rasgos y el color de la piel en un motivo de sospecha. Su autor, el periodista y Youssef Ouled, analiza en primera persona cómo este tipo de controles policiales no son un hecho aislado, sino el reflejo del racismo estructural que, entre otros sesgos, asocia la blancura a la nacionalidad. Ese racismo que está detrás del polémico artículo de Mariano Rajoy sobre la selección francesa pero que, recuerda el autor, va mucho más allá de comentarios anecdóticos.

A través de las páginas del libro, Ouled recorre el impacto de estas paradas cotidianas, capaces de condicionar desde el gesto de correr para no perder un autobús, explica, hasta la renuncia a participar en una manifestación por miedo a ser identificado. La obra de denuncia aterriza en un momento de balance político, tras una regularización extraordinaria impulsada por la sociedad civil, para señalar las costuras de unas leyes de extranjería y una segregación residencial cuyas bases siguen intactas, reitera el también activista antirracista. Entre la crónica del activismo que hace una década reclamó su propio espacio y la reparación íntima de unas cartas finales a su padre y a su hija, la entrevista traza la radiografía de un país donde el DNI, para muchos de sus ciudadanos, sigue siendo “una pertenencia puramente nominal”, recalca entre sus páginas.

El libro gira sobre el perfilamiento racial en todas sus expresiones. Empecemos por explicar el concepto. ¿Qué es perfilamiento racial?

El perfilamiento racial es una forma de actuar que yo circunscribo mucho a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero es también una lógica que trasciende a la policía. Por un lado, se refiere a aquellas actuaciones policiales cuya motivación no tiene que ver con lo que tú has hecho como persona, sino con una sospecha que recae única y exclusivamente sobre tu condición racial. La policía interviene, te para en la calle, no para impedir que cometas un delito, sino que te identifica o te cachea por la lectura racial que hace el agente de turno sobre ti.

Dentro de esta lógica, cualquier persona que no sea blanca es sospechosa hasta que le demuestre lo contrario a un agente. Hablamos de unas actuaciones que está ampliamente documentado, investigado, denunciado y señalado ya no solo por las organizaciones antirracistas, sino por todos los organismos nacionales e internacionales, como el Defensor del Pueblo, las Naciones Unidas o el Consejo de Europa.

La perfilación racial que yo denuncio es la que está más vinculada por el impacto que tiene a nivel policial, pero se desarrolla más allá, incluso en las administraciones públicas, a nivel burocrático, en el hospital o en cualquier otro sitio.

Arranca el libro contando en primera persona hasta qué punto afectan las paradas policiales por perfil racial. ¿Qué impactos tienen?

Cuando formaba parte de colectivos antirracistas, teníamos casos de personas que eran paradas dos o tres veces al día. Puede parecer absurdo, pero impacta hasta el punto de que, si estás viendo que se va air el autobús, no corres para intentar llegar porque sabes que ver correr a una persona racializada puede ser problemático. Tenemos un familiar que salió corriendo y se le lanzó encima un policía porque le vieron y dijeron “si está corriendo será por algo”.

En cada parada se producen varias vulneraciones de derechos. Esos agentes ya parten de la vulneración de la presunción de inocencia, porque ya consideran que tú eres sospechoso de algo y que tienes que demostrar que no lo eres. Hay una vulneración de la libre circulación. También de tu dignidad e integridad, porque es muy humillante. Te paran delante de todo el mundo, solo te paran a ti, te cachean, te dicen que te quites los zapatos. Te criminalizan. Y eso tiene uno de los efectos más demoledores, pues la gente suele asociar a la policía con esa autoridad que interviene ante problemas de inseguridad. Entonces, si la policía siempre está actuando con las mismas personas (está documentado que hay una sobrerrepresentación de las personas racializadas en las actuaciones policiales de este tipo), al final la sociedad está aprendiendo que las personas no blancas están asociadas con la inseguridad. La policía está educando a la sociedad en que sus vecinos y sus vecinas que no son blancas son un riesgo y por eso hay que controlarlas.

También genera una especie de disciplinamiento en la sociedad en las personas racializadas. Es decir, como paran siempre a los que son como yo, cuando estamos participando en cualquier evento público, me pienso dos veces a la hora de reivindicar mis derechos en la vía pública o de protestar ante algo que ocurra, porque sé que soy más visible para determinados cuerpos de seguridad. Tiene un efecto de desmovilización social de las personas que no son blancas.

Hay una frase del libro que dice mucho. En un momento en que reconoce el privilegio que conlleva tener un DNI español, matiza: “Sin embargo, es una pertenencia nominal, porque a diario me recuerdan que tan español no soy”.

Sí, y ello conecta con el impacto que estas actuaciones policiales tienen en la identidad de las personas racializadas. Me acuerdo del caso de una madre que su hijo. Ella es española, su marido senegalés y su hijo es un chico negro. Ella cuenta cómo su hijo siempre se ha sentido español. Hasta que un día le paró un policía y, cuando él preguntó por qué le paraban, el policía respondió: “Porque eres negro, por qué te voy a parar”. Entonces, se produce un choque enorme: tú te sientes español, tu DNI dice que eres español, formas parte de este país, tienes integrada la cultura... Y, de repente, un agente te para porque tú no pareces español, entonces ahí tomas conciencia de tu negritud, de la racialidad.

Y nos damos cuenta de que nuestra pertenencia es nominal. Y esto conecta con el debate generado por el artículo de Rajoy [en el que habló de la selección de Francia “sin franceses”, asumiendo que quienes por tener ciertos rasgos no son franceses]. Los medios lo destacan como si fuese algo nuevo que a las personas no blancas no nos vean como españolas. No le quiero quitar peso, pero hay una sentencia del Tribunal Constitucional del año 2001 que avala que el color de piel es un indicador de la pertenencia a este país. Rajoy tampoco va muy desencaminado sobre algo que para nosotros es una cotidianidad: en este país por no ser blanco sufres racismo porque no se te considera español.

Entonces ¿le sorprende que genere tanta reacción el comentario de Rajoy cuando, como dice, constantemente, se dan situaciones en las que se duda de la españolidad de las personas españolas racializadas y eso no genera tanta indignación?

Viniendo para aquí, por ejemplo, una señora en el tren se ha agarrado el bolso cuando me he sentado. Y he pensado: joder, otra vez. Es constante. Obviamente, llama la atención porque Rajoy es quien es, es un expresidente del Gobierno, pero lo que dice él no solo lo dice él. Forma parte de la conversación pública. Quizá de manera más exacerbada, porque la ultraderecha se está cargando algunos límites, pero lo que ha dicho Rajoy es algo que se escucha constantemente y las propias instituciones nos lo están recordando. El problema no es que lo diga Rajoy. El problema es que lo que dice Rajoy tiene sentido, porque estamos rodeados de dispositivos policiales que no son para españoles blancos, sino para personas que no parecen españolas porque no son blancas. Entonces, sí, nos llama mucho la atención y nos indigna mucho. Pero es la cotidianidad y es la realidad que vivimos cada día.

Me sorprende la excesiva importancia que le prestamos a determinados pronunciamientos racistas y a otros, no. Me parece grave lo que ha dicho Rajoy, pero cuando ese racismo es institucional, se omite. Y esto también tiene que ver con cómo se entiende el racismo en este país, como algo más moral y no estructural. Cuando hay una vinculación directa en la forma en la que el racismo conforma nuestro ideario y en la forma en cómo las leyes le dan sentido a ese pensamiento racial. Desde esa comprensión limitada del racismo que tenemos en los medios de comunicación, a nivel educativo, cultural, pues claro, nos llama más la atención que lo diga Rajoy.

En el libro se hace una pregunta: “¿En los últimos dos gobiernos progresistas ha mejorado la calidad de vida de las personas migrantes y racializadas?”. ¿Cuál es la respuesta?

La respuesta es que no. Más allá de la regularización, que es un logro de la sociedad civil y del movimiento antirracista. ¿realmente han mejorado las condiciones materiales de las personas racializadas? ¿Se han reducido las paradas por perfilación racial que se denuncian a diario? No. Ni siquiera se reconoce que exista la perfilación racial. No ha habido un debate serio acerca del racismo policial en España. Mientras eso no pase, no van a mejorar las condiciones de vida de las personas racializadas en este país.

Lo vemos en las actuaciones policiales, pero también en la segregación residencial o educativa. La OCDE lleva años señalando como en España hay una sobrerrepresentación de guetos educativos, es decir, coles a los que los padres y las madres no llevan a sus hijos porque hay muchos moros, porque hay muchos gitanos, porque hay muchos negros. ¿En qué ha mejorado la situación en ese sentido? En absolutamente nada. No se reconoce el racismo como un problema político. Se reconoce el racismo como un problema moral, como el que tiene Rajoy. Y de ahí deriva todo lo demás.

Youssef Ouled, tras la entrevista con elDiario.es

¿Qué papel juega la regularización extraordinaria en ese balance?

Hay que tener en cuenta que el proceso de regularización extraordinaria sale adelante a pesar de los partidos políticos, a pesar de todos ellos, porque es una demanda legítima que nace en el año 2020, y se aprueba en 2026, en un momento donde parecía que el Gobierno se iba a resquebrajar y se producen determinadas concesiones. Y la regularización extraordinaria acaba siendo una medida maravillosa.

En una rueda de prensa, Pedro Sánchez se preguntó que quién se puede oponer a que las personas tengan derechos. Entonces, el presidente del Gobierno reconoce que tenemos un sistema que deja a las personas absolutamente desprotegidas. Que tenemos una ley de extranjería que deja a personas sin derechos y que lo soluciona con un parche. Cuando ese parche pase, ¿va a seguir generando la misma situación de indefensión y desprotección? Lo limitamos a algo puntual, ha servido para regularizar a más de un millón de personas, pero después va a seguir produciendo irregularidad administrativa, explotación y abusos policiales.

Tampoco les fue del todo fácil a las personas racializadas liderar el movimiento antirracista hace unos diez años, cuando aún era mayoritariamente blanco en España, explica en el libro. ¿Qué ocurrió?

Yo militaba en un espacio mayoritariamente ocupado por personas blancas, especialmente en las capas de poder más altas. Entonces, se empieza a producir un cuestionamiento de la forma en la que se viene luchando contra el racismo. Muchas personas racializadas queríamos cambiar el enfoque desde esa lectura del racismo como una cuestión más moral y plantear que si el racismo es un problema estructural.

Por un lado, estaba el punto de vista de las personas que viven y padecen el racismo. Por otro lado estaba la forma en la que tradicionalmente se había luchando contra él. Las personas blancas podían permitirse hacer activismo, mientras que nuestra forma de hacer antirracismo es por necesidad porque nos va en la piel. Nuestra prioridad, por ejemplo, era que el sujeto político del antirracismo son las personas racializadas. Igual que en el feminismo lo son las mujeres. Pues algo así era difícil de entender en 2015 o 2016.

En un país que cada vez es más diverso, donde las poblaciones migrantes se van asentando y van ganando derechos y van luchando por el territorio en el que viven, acaban aportando una forma de entender y ver la lucha que no puede aportar quien no lo padece y quien no lo vive. Esto al principio generó división en muchos movimientos sociales, especialmente aquellos que tenían que ver con el racismo. Creo que se consiguió porque en ese momento, por ejemplo, hablar de racismo institucional y de personas racializadas estaba muy cuestionado y ahora está mucho más asumido.

El libro acaba con una serie de cartas personales a su padre y a su hija. Sobre su padre, traslada algo que comparten muchos españoles hijos de migrantes: le pide perdón por, algunas veces, sentir vergüenza, por rechazar esas raíces para intentar encajar. ¿De dónde cree que viene?

Tiene que ver con esa idea de la integración que trata de decirnos que, si queremos formar parte, tienes que asemejarse [a la sociedad donde vives]. Y eso implica dejar de hablar tu idioma de origen, dejar de tener una fe diferente a la que se tiene aquí, dejar de vestir de determinada forma…

Cuando eres un crío, vas a primaria, asocias todo eso diferente de lo que te dicen que debes despojarte con tus padres. Porque no hablan como el resto, no se comportan como el resto, no visten como el resto. A mí me generaba mucha vergüenza porque mi ideal era ser blanco. Es el ideal que se nos enseña: ser blancos y rechazar aquello que es nuestro. Para poder identificar eso, hay que tomar conciencia y es un proceso.

Y ahí entra también la carta con la que termina el ensayo, destinada a su hija. ¿Qué conversaciones o enseñanzas se intentan trasladar en una familia racializada, en las que no suelen ponerse el foco en una blanca al no sufrir el racismo?

La clave ahora, que tiene cinco años, consiste en normalizar la diversidad y desnormalizar el racismo. Normalizar que hay personas que vienen de diferentes lugares, que juega con chavales de otros orígenes, de otras condiciones raciales… Crear un apego a la diversidad y un reconocimiento a de donde viene, precisamente para luchar contra esa vergüenza histórica que llevamos internamente y hacerla sentirse orgullosa por lo que es. Y para que, poco a poco, entienda el mundo que se va a encontrar. Para que, cuando llegue ese momento en el que se tope con el racismo, sepa cómo confrontarlo.

Etiquetas
stats