Un fósil 'olvidado' revela una nueva especie de cocodrilo de hace 200 millones de años

El 'Eosphorosuchus lacrimosa' es un antepasado de los actuales cocodrilos

Àlex Gonzàlez

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Un fósil que llevaba más de siete décadas almacenado en un museo ha resultado ser mucho más importante de lo que se pensaba. Un estudio publicado en The Royal Socierty ha identificado una especie desconocida de reptil prehistórico, Eosphorosuchus lacrimosa, un antiguo pariente de los cocodrilos modernos que vivió hace aproximadamente 200 millones de años.

Los restos fueron descubiertos en 1948 en Ghost Ranch, en el estado de Nuevo México, una zona conocida por su riqueza paleontológica. Durante décadas, el fósil fue clasificado como Hesperosuchus agilis, un pequeño reptil emparentado con los primeros cocodrilos. Sin embargo, nunca se estudió en profundidad, lo que permitió que pasara desapercibido durante generaciones.

Tecnología para mirar dentro de la roca

La clave para solucionar el misterio sobre este fósil 'olvidado' ha sido el uso de tecnología avanzada. El fósil estaba parcialmente incrustado en roca, lo que dificultaba su análisis sin dañarlo. Para evitarlo, los investigadores recurrieron a escáneres microCT, una técnica que permite obtener miles de imágenes de rayos X y reconstruir digitalmente el interior del fósil.

Gracias a este proceso, los científicos han creado un modelo tridimensional del cráneo separando virtualmente los huesos, pudiendo observar asi detalles que habían permanecido ocultos durante décadas y que han resultado esenciales para identificar la nueva especie.

Fósil del 'Eosphorosuchus lacrimosa' que llevaba más de 7 décadas almacenado

Un depredador con una mordida poderosa

El análisis también ha revelado características únicas que diferencian a Eosphorosuchus lacrimosa de otros reptiles de su grupo. A diferencia de muchos de sus parientes, que tenían hocicos largos y estrechos, este animal tenía un hocico corto y reforzado, una estructura poco habitual entre los primeros crocodylomorfos.

Además, su mandíbula mostraba una cresta prominente y el cráneo una estructura robusta, lo que sugiere que poseía músculos mandibulares especialmente desarrollados. Según los investigadores, estas características indican una mordida más potente que la de otros reptiles similares.

Los modelos digitales confirmaron esta hipótesis al demostrar que el hocico era capaz de resistir fuerzas mayores sin deformarse. Esto deja entrever que el animal era especialista en capturar presas diferentes o, al menos, más resistentes que las de otros depredadores de su época.

Otro rasgo distintivo es una abertura en el cráneo, situada delante de los ojos, que en este caso es más pequeña y estrecha de lo habitual. Este detalle anatómico refuerza la idea de que se trata de una especie con características únicas dentro de su grupo de réptiles.

Más allá de la identificación de una nueva especie, el estudio tiene implicaciones más amplias. Los investigadores destacan que este hallazgo demuestra que los primeros antepasados de los cocodrilos eran más diversos de lo que se creía porque más allá de compartir una única forma de caza, ya estaban desarrollando distintas estrategias adaptativas.

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