La peor sospecha gana fuerza: la marea mortal de Australia del Sur podría tener un responsable sin precedentes

Una espuma amarilla marcó el comienzo del episodio en Australia

Héctor Farrés

14 de julio de 2026 16:48 h

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La luz atraviesa las capas superficiales del agua y activa la fotosíntesis, de modo que organismos microscópicos empiezan a crecer allí donde encuentran nutrientes. Las algas marinas se forman cuando esas células aprovechan la energía solar, el dióxido de carbono y las sustancias disueltas en el agua para reproducirse.

Su cantidad cambia según la temperatura, las corrientes, el viento y el aporte de nutrientes procedente de la costa. Cuando esas condiciones favorecen una multiplicación rápida, el agua puede llenarse de microalgas hasta formar una proliferación capaz de alterar la vida marina y afectar a las personas.

Karenia cristata resultó ser la especie más venenosa estudiada

Ese proceso empezó a causar daños en marzo de 2025, cuando una espuma amarillenta llegó a la playa de Waitpinga, en Australia Meridional. Los bañistas presentaron síntomas parecidos a los del resfriado y la gripe, mientras peces muertos o agonizantes y dragones de mar foliados aparecían en la costa.

Durante los 15 meses siguientes, la mortandad alcanzó una zona superior a 19.900 kilómetros cuadrados, cerca del 30% del litoral de Australia Meridional, y afectó a cerca de un millón de peces, aves, moluscos y mamíferos marinos.

La especie responsable fue Karenia cristata, una microalga rara que produce brevetoxinas, sustancias capaces de dañar las células nerviosas. Un estudio publicado el 6 de julio en Nature Ecology & Evolution concluyó que probablemente es la especie de alga más tóxica analizada hasta ahora.

El equipo continúa estudiando las condiciones que impulsaron su crecimiento

Shauna Murray, bióloga marina de la Universidad Tecnológica de Sídney y coautora del trabajo, comparó su potencia con la de otras microalgas estudiadas: “Karenia cristata es diez veces más tóxica que la siguiente microalga más tóxica analizada hasta la fecha”.

Antes de esta proliferación, los investigadores apenas conocían a K. cristata. La aparición iniciada a comienzos de 2025 fue la primera registrada en aguas australianas, ya que la especie solo se había identificado cerca de Sudáfrica y Terranova, en Canadá. Cientos de especies de microalgas pueden causar daños cuando se acumulan en grandes cantidades, pero la escasez de datos sobre esta variedad dejó a los científicos con pocas referencias para anticipar su comportamiento en Australia Meridional.

El equipo analizó sus células con un microscopio de gran potencia y las comparó con otras especies del género Karenia. También desarrolló métodos genéticos moleculares para distinguir las especies presentes en las muestras de agua. Las pruebas detectaron cinco tipos de Karenia en la proliferación australiana, aunque K. cristata dominaba con claridad. K. brevis, la única otra especie del género conocida por producir brevetoxinas, no apareció en las muestras recogidas.

Los ensayos explican la magnitud de la mortandad marina

Los investigadores buscan ahora qué factores favorecieron el crecimiento de K. cristata en Australia Meridional y qué mecanismos explican una toxicidad tan alta. Craig Styan, científico ambiental de la Universidad de Adelaida y coautor del estudio, reconoció ante la Australian Broadcasting Corporation que todavía falta conocer buena parte de su biología básica. Las próximas pesquisas deberán aclarar cómo puede detectarse antes y qué condiciones conviene vigilar para reducir el riesgo de otra mortandad de esa escala.

Shauna Murray ha estado dirigiendo la investigación sobre el origen de la floración

Los ensayos de laboratorio, aun así, aclararon por qué la mortandad fue tan extensa. Los científicos cultivaron K. cristata y midieron su efecto sobre células de peces e invertebrados, incluido el plancton. Varios coautores describieron los resultados en The Conversation: K. cristata mató a la mitad de los invertebrados estudiados incluso en concentraciones muy bajas”. La microalga causó un daño parecido en células de branquias de peces cultivadas en laboratorio.

La toxicidad apareció con unas 5.000 células por litro, mientras las aguas de Australia Meridional superaron con frecuencia esa cifra durante la proliferación. Las muestras recogidas en agosto y septiembre de 2025 contenían más de un millón de células por litro, unas 200 veces el nivel que ya causaba daños en laboratorio. Styan explicó a Sophie Holder, periodista de la ABC, que esos datos daban por primera vez una respuesta a la devastación observada en el mar.

Las nuevas conclusiones amplían las zonas con riesgo futuro

Las causas exactas de las proliferaciones de algas aún no están resueltas. Los investigadores estudian el papel del viento, las corrientes, la temperatura del agua, los episodios meteorológicos extremos y la llegada de nutrientes desde granjas y jardines.

Hasta este trabajo, K. brevis se consideraba la especie más peligrosa y sus proliferaciones se asociaban sobre todo con aguas cálidas, como las del sureste de Estados Unidos. K. cristata ha demostrado que una especie todavía más tóxica puede crecer también en temperaturas más bajas.

Ese cambio amplía las zonas que podrían sufrir episodios parecidos y obliga a prestar atención a aguas que antes quedaban fuera de las áreas consideradas de mayor riesgo. Don Anderson, ecólogo fisiológico de la Institución Oceanográfica Woods Hole, que no participó en la investigación, ya planteó esa posibilidad a Erik Stokstad, periodista de Science: “Me hace preguntarme en qué otros lugares empezará a aparecer este problema”.

La duda que tiene la comunidad científica, por lo tanto, afecta a la vigilancia de nuevas proliferaciones y a la preparación de las autoridades costeras ante daños capaces de avanzar durante meses.

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