Sin alternativa: familias palestinas de Khallat al-Dabe', en Cisjordania, sobreviven en cuevas
Las cuevas de Khallat al-Dabe’, que en su día formaban parte del paisaje rural tradicional de Masafer Yatta, en Cisjordania, se han convertido una vez más en refugio para familias palestinas que han perdido sus hogares debido a las demoliciones reiteradas. Mientras los residentes excavan antiguas cuevas y las reparan para hacerlas habitables, los ataques de colonos israelíes y de las fuerzas israelíes agravan las dificultades a las que se enfrenta la comunidad y amenazan la capacidad de sus habitantes para permanecer en sus tierras.
En Khallat al-Dabe’ viven alrededor de 112 personas pertenecientes a 18 familias, frente a las 22 familias que había anteriormente. Algunas familias se han marchado debido a las difíciles condiciones, mientras que otras permanecen allí a pesar de las demoliciones, los ataques y el acceso cada vez más limitado a los servicios.
“Cada vez que construimos, lo demuelen”, afirma Jaber Dababseh, residente de Khallat al-Dabe’. Según su testimonio, la comunidad ha sufrido nueve oleadas de demoliciones desde 2018. La última gran demolición tuvo lugar el 5 de mayo de 2025, cuando las autoridades israelíes destruyeron la mayoría de los edificios de la comunidad y dejaron en pie únicamente tres estructuras, entre ellas la escuela. Tras la destrucción, las familias apenas tuvieron otra opción que regresar a las antiguas cuevas, que se han convertido en el último recurso para permanecer en sus tierras. Jaber explica que los trabajos continúan, ya que algunos hogares están formados por familias numerosas y acondicionarlas para la vida cotidiana requiere mucho tiempo, esfuerzo y recursos.
El acceso al agua y a la electricidad constituye otro desafío importante. Tras los daños sufridos por las redes de abastecimiento de agua y las interrupciones del suministro, los residentes recurrieron a la excavación de pozos para recoger agua de lluvia. Jaber afirma que los ataques de los colonos, las acciones de las fuerzas israelíes y las medidas adoptadas por las autoridades israelíes han contribuido a dañar las fuentes de agua y las infraestructuras. También denuncia que, aproximadamente un mes antes de esta entrevista, fueron confiscados camiones cisterna de agua, alegando las autoridades que la zona está designada como área de entrenamiento militar con fuego real. Según su testimonio, también fueron retenidos vehículos agrícolas. Para disponer de electricidad, los residentes dependen de paneles solares que les permiten cubrir sus necesidades más básicas.
Por tanto, el desafío no consiste simplemente en encontrar un lugar donde dormir. Se trata de convertir una cueva en un espacio donde una familia pueda vivir, con acceso a agua y a alimentos y con cierto grado de intimidad y protección frente al frío y el calor.
Las familias de Khallat al-Dabe’ dependen de la agricultura y la ganadería para subsistir. Sin embargo, según Jaber, estos medios de vida se han visto afectados reiteradamente por los ataques de los colonos, incluidos el arranque de árboles y el robo de ganado. También describe frecuentes vuelos de drones sobre la zona y señala que los residentes han organizado turnos de vigilancia durante las 24 horas del día para alertarse mutuamente ante posibles ataques.
Pero la situación en la aldea forma parte de un patrón más amplio de ataques denunciados en otras zonas de Masafer Yatta. Los testimonios y las informaciones procedentes de la zona describen ataques de colonos contra viviendas palestinas y estructuras residenciales, agresiones a agricultores durante la cosecha de la aceituna, robos de ganado, aceitunas y equipos agrícolas, daños a la propiedad y amenazas de desplazamiento contra familias.
Los riesgos van más allá de las viviendas y las tierras de cultivo: también afectan a la capacidad de los residentes para desplazarse y conseguir productos de primera necesidad. Ante la confiscación de vehículos, algunos habitantes dependen de burros para viajar a localidades cercanas y comprar suministros para sus familias. Estos desplazamientos se realizan por rutas que los residentes describen como peligrosas debido a la presencia de colonos y a los ataques denunciados contra personas que transitan por la zona.
Todos estos acontecimientos agravan una situación que ya era precaria. Además de la falta de un refugio adecuado, los residentes siguen preocupados por su seguridad, sus propiedades, el acceso a servicios esenciales y su capacidad para permanecer en sus tierras.
Educación y atención sanitaria: servicios esenciales inaccesibles
Las demoliciones y las restricciones a la circulación también afectan al acceso de las familias a servicios esenciales. Jaber explica que la escuela que permanece en pie en Khallat al-Dabe’ atiende a los alumnos de los primeros cursos de primaria, mientras que los estudiantes de más edad deben desplazarse a la cercana localidad de al-Tuwani, situada a unos cuatro kilómetros. Sin embargo, la distancia por sí sola no refleja las dificultades del trayecto. Los puestos de control, los cierres y las restricciones a la circulación obligan a algunos estudiantes a tomar rutas alternativas, convirtiendo un desplazamiento corto en un trayecto que puede durar dos o tres horas.
La demolición de la clínica y del centro comunitario también ha reducido los servicios disponibles en la comunidad. Para las familias, estas dificultades se suman a los obstáculos de la vida cotidiana. Conseguir agua y alimentos, garantizar que los niños puedan asistir a la escuela y recibir atención médica resulta cada vez más difícil en unas circunstancias marcadas por la falta de viviendas estables e infraestructuras básicas.
“La gente solo quiere vivir”
Para los residentes de Khallat al-Dabe’, volver a excavar las cuevas no supone el fin de la crisis, sino que es un esfuerzo continuo por conseguir un refugio ante la ausencia de alternativas viables. Aunque las familias acondicionan estos espacios para hacerlos habitables, siguen expuestas al riesgo de nuevas demoliciones, a los ataques y a la pérdida de sus propiedades y medios de subsistencia.
Muchas personas palestinas están regresando a las cuevas que utilizaron las generaciones anteriores, no porque deseen volver al pasado, sino porque las viviendas que construyeron han desaparecido. Mientras excavan en la roca en busca de refugio, su posibilidad de permanecer en el territorio depende de que puedan vivir con seguridad y proteger lo que queda de sus hogares, sus tierras y sus medios de subsistencia.
Jaber resume su mensaje con sencillez: “La gente solo quiere vivir. No queremos la guerra; solo queremos vivir”.
Mientras tanto, UNRWA sigue trabajando para asistir a la población refugiada de Palestina en Cisjordania. Alrededor de 4.000 profesionales de la Agencia brindan servicios esenciales como educación, atención sanitaria o protección.
Sobre este blog
UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 6 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.
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