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Meteora, el lugar donde los monasterios flotan en el aire

Meteora se encuentra a unas cuatro horas en coche de Atenas.

Hay un lugar donde los monasterios desafían a la gravedad y parecen flotar en el aire. En Meteora, en el centro de Grecia, unos cuantos monasterios centenarios aguantan el paso del tiempo encaramados a la roca, como queriendo no saber nada del mundo que les rodea. Porque si la palabra griega ‘Μετέωρα’ (Meteora) significa ‘suspendido en el aire’, estas obras maestras de la arquitectura no pueden encajar mejor con su nombre.

Las impresionantes rocas de Meteora se levantan sobre las llanuras de Tesalia fruto de la erosión hasta alcanzar alturas de más de 600 metros sobre el nivel del mar. Y aquí, seis monasterios griegos ortodoxos siguen en activo acogiendo a un pequeño grupo de monjes y monjas que mantienen su recogimiento en medio del aire. El mejor lugar posible para conseguir un aislamiento absoluto y encontrar la iluminación espiritual lejos del bullicio terrenal.

Esta unión de la grandeza de la naturaleza y el ingenio del ser humano ha hecho que Meteora sea considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1989 y se haya convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de Grecia tras la Acrópolis de Atenas.

La historia de los monasterios de Meteora

Los primeros que llegaron a Meteora para utilizar sus acantilados fueron los monjes ermitaños cristianos ortodoxos. Las numerosas cuevas del lugar les dieron tranquilidad y aislamiento desde los siglos IX y X, y entre finales del XI y comienzos del XII se estableció una estructura monástica llamada la skete de Stagoi. Pero en realidad los monasterios no comenzaron a construirse hasta el siglo XIV como refugio ante los numerosos ataques del Imperio Otomano. 

Fue entre 1356 y 1372 cuando Atanasio Koinotivis del monte Athos fundó el monasterio del Gran Meteoro y a finales del siglo XIV, buscando refugio ante el avance turco, la vida monástica en las alturas se volvió una necesidad. En el siglo XVI, en pleno apogeo de Meteora, se contaban hasta un total de 24 monasterios, de los cuales hoy solo seis siguen en activo, cuatro masculinos y dos femeninos. 

El acceso a los monasterios era deliberadamente complicado, para superar el desnivel era necesario emplear escaleras de mano y cuerdas, usando sistemas de tornos y poleas para subir tanto víveres como personas que se veían colgando sobre el abismo. No fue hasta 1920 cuando se facilitaron los accesos esculpiendo escaleras en la roca y se construyeron puentes de conexión. 

Los seis monasterios de Meteora

Hoy seis monasterios siguen activos en Meteora y todos permiten visitas, tanto de turistas como de peregrinos. Del primero al último, todos desafían a las alturas desde estas enormes masas rocosas que un día, hace millones de años, fueron parte del fondo marino. 

  • Monasterio Gran Meteoro

También conocido como el Santo Monasterio de la Metamorfosis, el Gran Meteoro es un monasterio masculino, el más grande y antiguo construido en Meteora. Fue fundado por San Atanasio de Meteora en la primera mitad del siglo XIV y hoy es el mejor museo que puedes visitar para conocer la vida monacal en Meteora. Destaca por sus frescos, por mostrar la bodega y las despensas de los monjes, así como por la sacristía donde se guardan los cráneos de numerosos monjes que han vivido allí. Para acceder a él hay que subir una escalera de 300 escalones.

  • Monasterio de la Santísima Trinidad

El monasterio de la Santísima Trinidad fue construido en 1488 por un monje llamado Dometios, pero hay fuentes que sitúan sus orígenes en 1362. Es uno de los monasterios más fotografiados de Meteora y las vistas que ofrece son posiblemente las más bellas del lugar. Destaca la iglesia principal del monasterio, construida en el siglo XV y decorada con frescos en 1741, y es de gran interés la capilla de Timios Prodromos, de forma circular y con la cúpula excavada en la roca completamente decorada con pinturas de 1682. Para llegar a él hay que subir 145 escalones. 

  • Monasterio de Varlaam

El monasterio debe su nombre al primer ermitaño que habitó la roca en el siglo XIV, Varlaam, pero la historia del monasterio que vemos hoy día comienza en el siglo XVI. Es fundamental visitar su iglesia y sus pinturas, pero como curiosidad es interesante ver el antiguo sistema de poleas donde se puede ver la red utilizada por los primeros monjes para traer víveres y gente, así como el enorme barril de roble con capacidad para 12.000 litros de agua. La escalera que nos lleva a él tiene 120 escalones.

  • Monasterio de Roussanou

No está muy claro, pero es probable que su nombre provenga del primer habitante de la roca. Desde lejos, es uno de los más bonitos de Meteora, asomándose en solitario al valle. Sus comienzos se remontan al siglo XIV y la iglesia, pintada por uno de sus monjes, es de finales del XVI. Sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial y desde 1988 acoge a una comunidad de monjas. Una escalera de 210 escalones nos lleva hasta él.

  • Monasterio de San Esteban

Es con diferencia el monasterio más accesible de todos ya que es el único de Meteora en el que no hay que subir escalones y accedemos a él a través de un puente. La vida en la roca se remonta al siglo XII pero lo que vemos hoy se comenzó a levantar en el XV. De esa fecha es la iglesia antigua, que se utiliza exclusivamente para uso religioso de las monjas, mientras que la iglesia nueva, de 1798, sí está abierta al público. Sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente Guerra Civil Griega.

  • Monasterio de San Nikolaos Anapafsas

El inicio de la vida monástica en la roca de Anapafsas se sitúa en el siglo XIV. A esta fase pertenece la capilla de San Antonio, en cuyas paredes aún existen restos de frescos, pero el resto del monasterio fue renovado en la primera década del siglo XVI. Al ser limitado el espacio sobre la roca el monasterio creció en vertical, piso sobre piso. En la entrada se encuentra la Iglesia de San Antonio y la cripta, donde en su día se guardaban los códigos y las reliquias del monasterio. La escalera que nos lleva a él solo tiene 100 escalones, pero son agotadores.

Unos consejos para visitar los monasterios de Meteora

  • Horarios y días de cierre

Si vas a viajar a Meteora para visitar sus monasterios te vendrá bien tener en cuenta unas cuantas cosas de antemano. Por ejemplo, has de saber que los monasterios no abren todos los días. Cada uno tiene sus días de cierre y su propio horario, por lo que te vendrá bien echar un ojo a la tabla de horarios antes de programar tu viaje. Además, las horas y los días de visita varían de invierno, del 1 de noviembre al 31 de marzo, a verano, del 1 de abril al 31 de octubre.

  • Museo de Historia Geológica de Meteora

Por otro lado, te puede resultar muy útil e interesante visitar el Museo de Historia Geológica de Meteora, que se encuentra en el pueblo de Kastraki. En él aprenderás mucho de rocas y minerales, pero sobre todo de la formación de Meteora y de cuál ha sido el proceso geológico que ha dado lugar a semejantes pináculos. La entrada es gratuita.

  • Precio de la entrada y código de vestimenta

Cada monasterio cobra una entrada de 3 euros y todos exigen unos requisitos de vestimenta a quienes los visitan. Las mujeres han de vestir una falda que llegue a taparles las rodillas, incluso si llevan pantalones largos. Si no es así en la entrada suelen facilitar telas que hacen esa función. Los hombres han de vestir con mangas y pantalones largos.

  • Los imprescindibles miradores

Para apreciar la grandiosidad de los monasterios de Meteora hay que detenerse en algún que otro mirador, solo así podremos ser conscientes de cómo retan a la gravedad. En la carretera en la que se encuentran los monasterios hay varios miradores habilitados en los que podemos parar de forma segura y detenernos a hacer fotos tranquilamente. Si además lo haces coincidiendo con la puesta de sol, mejor que mejor.

  • Cómo llegar a los monasterios

Lo más cómodo es hacerlo con nuestro propio vehículo. Así podremos dedicar el tiempo que queramos a cada monasterio y parar en los miradoras tantas veces como queramos. Aunque hay que tener en cuenta que los espacios para aparcar en los monasterios son reducidos y en temporada alta se puede complicar mucho encontrar un hueco. También se pueden visitar en un tour organizado, o contratando un transporte privado. Se puede, incluso, alquilar bicicletas para hacer el recorrido a golpe de pedal, o caminando, pero aunque los monasterios se concentran en una misma carretera en un tramo de unos ocho kilómetros, no hay que menospreciar las distancias.

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