A media hora de Córdoba: la Reserva Natural Fluvial en medio del bosque con una cascada y pozas para huir del calor
En el corazón de la Sierra Morena cordobesa, a tan solo 17 kilómetros de la capital y a unos 2 kilómetros de la tranquila pedanía de Santa María de Trassierra, se oculta el paraje natural de los Baños de Popea y el Arroyo Bejarano. Este rincón destaca por ser un ecosistema fluvial singular donde el agua queda envuelta entre montañas de densa vegetación, creando un microclima de sombra, cascadas y pozas cristalinas que contrasta con el ambiente del valle del Guadalquivir. Además de su evidente atractivo paisajístico, la zona atesora una gran riqueza arqueológica e industrial que atestigua siglos de convivencia entre el ser humano y el agua.
El origen de este enclave combina la riqueza de su biodiversidad con una curiosa anécdota cultural. Por un lado, su masa forestal aúna el bosque de ribera (compuesto por álamos, sauces, helechos y musgos) con la vegetación mediterránea típica de alcornoques, encinas, pinos, madroños y lentiscos, sirviendo de refugio a fauna autóctona como ciervos, jabalíes y diversas especies de anfibios y aves. Por otro lado, su nombre se debe a los poetas y artistas cordobeses del Grupo Cántico, quienes frecuentaban el lugar a mediados del siglo XX. Según la tradición, al observar a unas jóvenes bañándose en el arroyo, el poeta Ricardo Molina evocó a la emperatriz romana Popea Sabina, célebre por la leyenda de sus baños de leche, bautizando así a este icónico rincón.
Cómo llegar a este enclave
Es posible llegar a este enclave desde Córdoba capital en vehículo, en un trayecto sencillo de unos 20 minutos. La ruta parte desde la Plaza de las Tres Culturas, junto a la estación del AVE, tomando la Avenida de Santa María de Trassierra en dirección al Parque Figueroa e Hipercor para incorporarse a la carretera CO-3402. Durante el trayecto se pasa por puntos de referencia como el Castillo de la Albaida y los cruces hacia Las Ermitas y Medina Azahara. Al llegar a la entrada de Santa María de Trassierra, junto a una figura de la Virgen, se encuentra la zona habilitada para estacionar el coche. Es importante tener en cuenta que el tramo final hasta los cauces está restringido al tráfico no autorizado para garantizar la conservación del paraje, por lo que el último descenso debe realizarse obligatoriamente a pie.
La mejor manera de explorar el entorno es completando su popular ruta circular de senderismo, la cual no entraña dificultad técnica y es idónea para recorrer en familia. El trazado principal abarca entre 6 y 11 kilómetros según las variantes elegidas, requiriendo unas 3 a 4 horas de marcha con un desnivel acumulado muy asequible de unos 300 metros. A lo largo del camino, la naturaleza se entrelaza con vestigios históricos de gran valor, como el Molino del Molinillo (de época califal y posterior uso en la industria del cobre), las antiguas minas romanas subterráneas de extracción mineral, y los restos de caces, calzadas y la antigua Fábrica de Paños.
Qué ver en la Reserva Natural Fluvial
A lo largo del sendero se descubren importantes vestigios culturales integrados en la vegetación:
- Molinos hidráulicos: destaca el Molino del Molinillo (o Molino del Martinete). En época califal (siglo X), estas estructuras molían grano para abastecer a la ciudad de Córdoba y más tarde se asociaron a la transformación del cobre explotado en la sierra.
- Minas romanas de cobre: en el tramo alto del recorrido se encuentran las bocas de antiguas minas subterráneas, explotadas en época romana para la extracción de cobre, plomo y plata que luego se transportaban por el Guadalquivir.
- Fuente del Elefante: obra hidráulica de época califal (ubicada cronológicamente por C14 entre los años 982 y 1193). El surtidor original con forma de elefante de piedra se conserva en el Palacio Episcopal de Córdoba; en la ubicación actual se exhibe una réplica por la que sigue manando agua vinculada al antiguo acueducto romano de Valdepuentes.
- Infraestructuras históricas: restos de caces, la antigua Fábrica de Paños y tramos de una antigua calzada romana.
Cuándo visitar la Reserva Natural Fluvial
- Mejor época: otoño, invierno y primavera. Durante estos meses, las lluvias aseguran el caudal de los arroyos, permitiendo apreciar los saltos de agua en su máximo esplendor. En primavera destacan los verdes intensos y en otoño las tonalidades de los caducifolios.
- Visita en verano: En los meses estivales, aunque el área mantiene sombra y temperaturas algo más bajas que en la capital, los arroyos suelen reducir o perder su cauce. Si se realiza en esta fecha, conviene acudir a primera hora.
- Calzado y equipo: se recomienda calzado de senderismo con suela antideslizante, ya que los tramos cercanos al arroyo acumulan barro, humedad y piedras resbaladizas.
- Regulación y baño: los Baños de Popea y el Arroyo Bejarano forman parte de un ecosistema protegido donde no está permitido el baño público con el fin de evitar la alteración de los cauces y la fauna. Para refrescarse, la opción autorizada es dirigirse a las zonas permitidas del cercano río Guadiato.
- Conservación del entorno: para ayudar a preservar este reducto natural tan cercano a la ciudad, es imprescindible no salirse de los caminos marcados, no alterar el medio ambiente y recoger toda la basura generada durante la ruta.
- Regulación y prohibición de baño: aunque las idílicas pozas y cascadas inviten a refrescarse, el baño está prohibido (y desaconsejado) en los cauces del Arroyo Molinos y el Arroyo Bejarano, debido a la presencia de vertidos de aguas residuales y con el fin de proteger este delicado ecosistema. Para quienes deseen tomar un baño autorizado de forma segura, la opción recomendada es desplazarse un poco más adelante hasta las zonas permitidas del cercano río Guadiato.
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