El yacimiento manchego de esta ciudad alberga sauna, necrópolis y viviendas al estilo de casa romano-itálica
El yacimiento arqueológico de Ercávica, situado en el municipio de Cañaveruelas, en la provincia de Cuenca, representa uno de los mejores testimonios del pasado romano en la actual Castilla-La Mancha. Esta antigua urbe se alza majestuosa sobre un promontorio que hoy domina las aguas del embalse de Buendía, ofreciendo una estampa que combina historia y naturaleza de forma excepcional. Su origen se remonta a la época celtibérica, pero fue tras su rendición ante Tiberio Sempronio Graco en el año 179 a.C. cuando inició su verdadera transformación. El historiador Tito Livio la describió entonces como una ciudad noble y poderosa, calificativo que justificó con creces durante su posterior desarrollo bajo el dominio de Roma.
La planificación de la Ercávica romana destaca por seguir fielmente los cánones clásicos del urbanismo de la época, con un trazado ortogonal que todavía resulta perfectamente reconocible para el visitante actual. Sus calles se organizan en una cuadrícula regular donde los ejes principales, conocidos como el cardo maximus y los decumani, estructuran el espacio en manzanas o insulae de forma armónica. Este diseño no fue fruto del azar, sino de una voluntad deliberada de proyectar la civilización romana en el interior de la península ibérica de manera permanente. El pavimento empedrado de sus vías y la presencia de soportales en los márgenes demuestran la sofisticación de una urbe que buscaba la funcionalidad sin renunciar a la estética. Esta organización interna permitía una circulación fluida y una distribución lógica de los edificios.
Rodeando este complejo entramado urbano se alza un imponente sistema defensivo que constituye uno de los escasos ejemplos de arquitectura militar tardorrepublicana conservados en Hispania. La muralla, que se extiende a lo largo de casi tres kilómetros siguiendo el perímetro irregular del terreno, fue construida en el siglo I a.C. para proteger a sus habitantes. Sus lienzos presentan una técnica constructiva robusta basada en un doble paramento de piedra con un núcleo relleno de tierra y rocas menores de gran solidez. Aunque en los tramos rectos se prescindió de las torres, estas sí flanqueaban de manera monumental las puertas de acceso, como la conocida puerta sur de la ciudad. Este conjunto no solo cumplía una función militar evidente, sino que también actuaba como un potente símbolo de identidad.
El corazón de la vida social, política y administrativa de la ciudad palpitaba en su foro, una gran plaza rectangular que ocupaba una posición central y axial en la trama urbana. Este espacio público estaba rodeado por elegantes pórticos y albergaba edificios esenciales para el funcionamiento del municipio, como la curia o sede del Senado local. En el lado sur se situaba la basílica, una construcción monumental de tres naves destinada a la administración de justicia y a las transacciones comerciales más importantes de la zona. Los restos arqueológicos hallados en esta área, como retratos marmóreos de la familia imperial, atestiguan la riqueza decorativa que una vez engalanó el lugar de reunión. Además, en los laterales se distribuían locales comerciales o tabernae, que convertían al foro en el punto de encuentro inevitable.
En cuanto a la arquitectura doméstica, Ercávica sobresale por albergar viviendas que siguen el refinado modelo de la casa romano-itálica, adaptadas a las necesidades de la élite local. Entre ellas destaca la denominada Casa del Médico, llamada así por el instrumental quirúrgico hallado en su interior, que se organiza en torno a un atrio central con un impluvium para recoger el agua. Otras residencias, como las conocidas Domus tres y cuatro, contaban con hermosos peristilos o patios columnados que proporcionaban luz y frescura a las estancias interiores de la casa. Mención especial merece la Domus Aterrazada, cuya singular estructura se adapta al pronunciado desnivel de la ladera mediante diferentes niveles, ofreciendo vistas espectaculares del entorno. Estas viviendas conservan todavía restos de pinturas murales que permiten imaginar la vida.
Uno de los elementos más sorprendentes y exclusivos de este yacimiento es, sin duda, su sauna subterránea, integrada dentro del complejo de las termas que servían a la ciudad. Se trata de una estructura excepcional construida íntegramente con grandes sillares de piedra, que presenta una planta rectangular y una robusta bóveda de cañón de gran factura. Este espacio estaba diseñado para el aseo y el bienestar físico, contando con un banco corrido tallado en la piedra donde los ciudadanos podían sentarse a disfrutar del intenso calor. El ingenio arquitectónico de los romanos queda patente en la forma en que aprovecharon el desnivel del terreno para situar estas dependencias y las cisternas necesarias para su abastecimiento. Entrar en esta cámara subterránea permite conectar hoy con la intimidad y el refinamiento del pasado.
Sede episcopal
El ocaso de la Ercávica romana no significó el fin de la ocupación del lugar, pues el enclave mantuvo su relevancia durante la época visigoda como una destacada sede episcopal. Fuera del recinto amurallado, se puede visitar una necrópolis excavada directamente en la roca, vinculada históricamente a la figura del abad Donato y al Monasterio Servitano. Este cementerio cuenta con numerosas sepulturas y una cueva eremítica que se convirtió en un importante centro de peregrinación y culto tras el entierro del abad en el lugar. Además, en las cercanías se halla la Fuente del Pocillo, una antigua fuente romana que fue reutilizada como baptisterio durante este periodo cristiano. Estos restos demuestran la capacidad de adaptación de la ciudad a los nuevos tiempos, manteniendo su importancia religiosa y social.
Actualmente, Ercávica es un destino imprescindible para los amantes del turismo arqueológico que deseen profundizar en la huella de Roma en la provincia de Cuenca. Declarado Bien de Interés Cultural, este yacimiento permite comprender la magnitud de lo que una vez fue esta noble y poderosa ciudad peninsular. Aunque solo se ha excavado una pequeña parte de su superficie total, la calidad de los restos visibles, desde sus murallas hasta sus lujosas casas, garantiza una experiencia cultural inolvidable. El silencio que hoy envuelve el cerro, solo roto por el viento y la proximidad del agua, invita a la reflexión sobre la grandeza de las civilizaciones, un lugar donde la piedra todavía dialoga con el presente, narrando historias de planificación y arte que han sobrevivido.
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