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Casado vuelve a ser Casado

El líder del PP resucita el discurso catastrofista del Rajoy de 2004 sobre la destrucción de España y acusa a Sánchez de buscar un cambio de régimen para aniquilar a la derecha

Da igual que no exista ya ETA, ni que ningún presidente pueda saltarse el perímetro constitucional, ni que el Estado de Derecho esté ahí para quienes lo intenten... La derecha vuelve a saltarse todas las línea rojas

El PP pide que la transición ecológica sea "justa" y "no deje atrás a nadie"

El presidente del PP, Pablo Casado. EFE

Casado vuelve a ser Casado. Igual es que nunca dejó de serlo. Siempre estuvo más cómodo en la traición, la felonía y la rendición. Jamás en la mano tendida, el diálogo o el acuerdo. Si alguna vez pareció lo contrario, debió ser impostura. Pura táctica. Ahora, presionado desde algunos sectores del PP partidarios de facilitar la investidura de Sánchez con una abstención técnica para que la gobernabilidad de España no dependa de los independentistas, vuelve a mostrar su verdadera cara, la de la mendacidad y el catastrofismo. Muy parecida a la de Cayetana Álvarez de Toledo. Y muy distinta a la de Alberto Núñez Feijóo o Juan Manuel Moreno.

Da igual que no exista ya ETA, ni que ningún presidente del Gobierno pueda saltarse el perímetro constitucional, ni que el Estado de Derecho esté ahí para quienes lo intenten... El presidente del PP vuelve a saltarse todas las líneas rojas el día antes de que se constituyan las Cortes Generales, e inmediatamente después de que una de sus principales mentoras en política, Esperanza Aguirre, confesara haberle pedido sin ningún éxito que prestara 50 diputados del PP al candidato del PSOE para que pudiera gobernar en minoría: "Ya sé que lo que digo no es compartido por la mayoría de los dirigentes del PP. Pero creo que Pedro Sánchez, gobernando en solitario y habiendo sido investido con los votos del PP, demostraría que el PP pone el interés de España por encima de todo".

La expresidenta de la Comunidad de Madrid reclama para el PSOE lo que tuvo el PP en 2016, una acreditada generosidad y sentido de Estado con su principal adversario para acabar con un bloqueo político que duraba un año. La abstención fue gratis, no así el coste que supuso para los socialistas una decisión por la que se abrieron en canal como organización política y les arrastró a su peor crisis interna en democracia. La historia es sobradamente conocida. No hace falta recordarla. Cuando se trata de que gobierne la derecha, la izquierda sí puede "suicidarse". Cuando es al contrario, la derecha entiende que quieren "aniquilarla".

Pablo Casado ha hilvanado un discurso ante sus diputados y senadores que ríanse ustedes del Rajoy de 2004, el de la traición a los muertos, la destrucción de España y la rendición ante los terroristas. ¿Recuerdan? La ley del aborto, el matrimonio homosexual, la negociación con ETA, la reforma del Estatut… Cada día había un motivo para echarse a la calle, incendiar el Parlamento y cargar contra un gobierno que llamaban "ilegítimo". El regreso al pasado, por muy tremendo que fuera, ya es un hecho.

Lean, lean: "Tenemos al secretario general del Partido Socialista Obrero Español negociando la soberanía con defensores del terrorismo, con delincuentes condenados en firme y golpistas que han cometido delitos de sedición. Pero, al parecer, para algunos el problema somos nosotros" (sic). Según el relato de Casado, a Sánchez ya no le basta con destruir la nación, trocear España o acabar con la soberanía nacional, sino que además esconde la construcción de nuevo régimen del que desaparezca la derecha. Y todo, para "dar continuidad a la ingeniería política y social de demolición que inició Zapatero" en 2004.

Y todo esto lo ha esbozado para rechazar las voces que desde dentro del PP le demandan un gesto de responsabilidad con España que Casado ha traducido en "un cínico eclipse moral" para que Sánchez "compre la presidencia al precio de la soberanía nacional y de la destrucción de la alternativa democrática y moderada que representa el Partido Popular". Hablar de moderación en el contexto de semejante discurso es tomar a la gente por estúpida o creer que en política vale todo y que los errores nunca pasan factura.

Casado ha debido olvidar que el discurso hiperbólico, extremo y de brocha gorda que vuelve a recuperar fue el mismo con el que el 28 de abril llevó al PP al peor resultado de su historia -66 diputados-, el que se ha llevado a Rivera por delante y el que impidió también que Rajoy se consolidara como alternativa de gobierno a Zapatero entre 2004 y 2008. A Rajoy no le dio ningún resultado la oposición bronca que parece dispuesto a practicar también Casado. Es más, le penalizó tanto que se vio obligado a prescindir de los principales valedores de aquella estrategia del "todo vale" como fueron Eduardo Zaplana y Ángel Acebes.

El PP es el único partido que tropieza no dos, sino doscientas veces, con la misma piedra. Y siempre cuando está en la oposición, que es cuando cruza todas las líneas rojas. Lo hizo Aznar con González, Rajoy con Zapatero y lo repite Casado con Sánchez. Con todo, lo de ahora traspasa todos los límites, ya que Cataluña -tomen nota- ya no es un problema, sino una "coartada para un cambio de régimen" para hacer desaparecer a la derecha. Ahí es nada. Prepárense para lo que está por llegar. Y eso que la Legislatura no ha echado a andar.

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