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Europa: Gran Coalición, Gran Casino

La solución Monti de 2011 no parece ya posible: Italia no es Grecia y no se la puede doblegar tan fácilmente

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La Comisión Europea pide calma ante el incierto resultado electoral en Italia

Matteo Salvini, en la rueda de prensa del lunes en la que celebró los resultados de La Liga. EFE

Guarda che casino! Con esta frase coloquial, un poco cómica, los italianos se suelen referir al caos total o al desastre. El resultado que sale de las urnas del pasado domingo tiene mucho de Casino, pero con mayúsculas. Esto es lo que tenemos: una ruleta para formar gobierno a partir del 23 de marzo, fecha de formación de las dos Cámaras, con todos los jugadores bajo la sospecha de dudosa moralidad.

A tenor de los resultados, con Matteo Salvini (La Liga) y Luigi Di Maio (Movimiento 5 Estrellas) como los dos vencedores de los comicios, quizá lo mejor que podría pasar es que los jugadores, con el presidente Sergio Mattarella a la cabeza, sigan apostando hasta que salga una combinación mejor. Y que mientras tanto, lo más rápidamente posible, Macron y Merkel muevan ficha.

El irresistible ascenso de los populismos, en especial el de La Liga, es la noticia que menos le convenía a Europa en estos momentos. En Bruselas aspiraban al menos a guardar las apariencias institucionales durante un trecho más, el suficiente para reactivar la Unión Europea con más inversiones, otra política económica, más protección social, o más autonomía estratégica. Y ha sucedido justo en el mismo día en que las bases del SPD –a pesar de los Jusos, las juventudes díscolas con el pacto– votaban a favor de otra Gran Coalición más con los democristianos de Merkel.

No hay mucha luz al final de este túnel. En Italia, con Di Maio o Salvini en la cresta de la ola, la solución tecnocrática impuesta deux ex machina de Bruselas o Berlín, ensayada con Mario Monti en lo peor de la crisis de la deuda en 2011, no parece ya posible. Italia no es Grecia, no se la puede doblegar tan fácilmente, y menos con cualquiera de los nuevos interlocutores.

En Berlín, con Alternativa por Alemania (AfD) enfrente en el Bundestag, al acecho de cualquier error o paso en falso, la groko tiene mucho que perder y bastante menos que ganar, sobre todo un SPD que ha vendido su alma a Europa.

Queda muy claro ya que todo el peso de la Europa por “refundar” recae por completo  en el tándem Macron/ Merkel. Ahora bien: los fundamentos políticos que soportan el edificio son tan frágiles o más que lo eran durante la crisis del euro.

Estamos ante un cambio estructural, que se manifiesta en variantes malas, y en otras peores. Una Italia en cuarentena para semanas o meses; los países de Visegrado, Orban y Kaczynski al frente, a otra cosa; el Gobierno de Austria flirteando con la ultraderecha, o una Chequia que mira ahora a Rusia. Y una España, por cierto, que no termina de aprovechar su oportunidad con el Brexit y se posiciona a rebufo en casi todo.

¿Qué (no) hacer? Lo más importante ahora es que se den tres condiciones al mismo tiempo.

La primera es que la Gran Coalición Alemana no acabe en Gran Casino: o sea, en una bajada del listón socialdemócrata, o en un bloqueo de todos contra todos que impida avanzar en la transformación de Europa y del que se beneficie AfD.

La segunda cosa es que el Gran Casino italiano no acabe en Gran Coalición a la italiana entre la ultraderecha y los cinco estrellas: o sea, en una alianza de gobierno populista, xenófoba antiUE, completamente impredecible. Si ello no se produce, la suerte del Partido Democrático y del mismo Renzi no sería tan mala al fin y al cabo.

Del pseudocentro izquierda de Renzi y de la socialdemocracia italiana solo quedan los restos. Pero Renzi siempre puede regresar más adelante, y no verse expuesto, ni exponer a la familia del centro-izquierda europeo, a la vergüenza de un pacto con el mismísimo diablo: Silvio Berlusconi. Nunca hay que infravalorar la democracia italiana: sea quien sea quien gobierne el país esta vez, seguramente tampoco lo hará por mucho tiempo.

Lo tercero es que la UE avance hacia algo mejor y diferente. Entre Casino y Coalición, Francia se ha mantenido hasta hoy en una especie de limbo virtuoso. ¿Puede el proyecto de la Europa de Macron servir de imán o de cura a un país como Italia? Merkel y Macron harían bien en ofrecer un tratamiento diferenciado a la tercera economía del euro. Hay que atender las particulares raíces de la rabia italiana y del salto populista, muchas veces ignoradas porque damos por descontado que se trata de un país rico. Y sin embargo, las necesidades están muy a la vista, y son extensibles a una mayoría de socios comunitarios.

Para empezar, habría que rediseñar la política migratoria en clave de solidaridad: eso es algo que está esperando la sociedad entera, y sin lo cual la marea populista no bajará. Además se tienen que abordar con instrumentos europeos la exclusión social de millones de ciudadanos, muchos de ellos jóvenes sin futuro. Y por qué no, abordar también la corrupción, de la misma manera que se vigila el cumplimiento de los valores y libertades europeos. A este respecto, las instituciones –Comisión y Parlamento– podrían hacer mucho por Italia: convertirse en un ejemplo institucional y moral, de eficacia y valores. Pero ahí empieza otra historia.

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