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Muy Rajoy y mucho Rajoy

El punto álgido del desdén lo alcanzó Rajoy cuando se le pidió que, al menos, explicara qué le parecen las exigencias. “Podemos aceptar muchas cosas… o no”, declaró. Y se quedó más ancho que largo

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Da igual las veces que los periodistas hayamos escrito sobre la capacidad de Rajoy para no decir nada. Da igual las veces que hayamos ido a ruedas de prensa en las que vacila a quien le apetece. Da igual, porque la capacidad de sorpresa con el actual presidente del Gobierno en funciones no tiene límites. Es tan difícil lo que hace; tanto…

Los periodistas que seguimos habitualmente a Rajoy tenemos muy pocas certezas. Él siempre presume de ser una persona previsible, pero no es verdad. Lo único que está claro -creo- es que no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, nada le turba, es capaz de aguantar sin inmutarse hasta límites insospechados, logra librarse de manchas que nadie lograría limpiar y siempre consigue que el tiempo juegue a su favor. Lo volvió a demostrar ayer, tras la reunión del Comité Ejecutivo del PP.

Rajoy ha despreciado a Albert Rivera. Directamente. Dijo que necesitaba una semana para convocar a la dirección del partido y someter a votación las exigencias de Ciudadanos. Podría haber salido después para decir que algunas le gustan y otras no, y que prefiere negociar en privado con Rivera punto por punto. Pero no, no. Ayer hizo conscientemente algo peor. Rajoy quiso que quedara muy claro que el PP ni siquiera había hablado de eso. O sea, que se confirma que lo único que quería era lograr una semana más de tiempo para presionar al PSOE. Por si esto fuera poco, Rajoy añadió: “El PP no ha venido a hablar de condiciones”. Mentira. Él explicó hace una semana que iba a debatirlas con el Comité Ejecutivo. El punto álgido del desdén lo alcanzó Rajoy cuando se le pidió que, al menos, explicara qué le parecen las exigencias. “Podemos aceptar muchas cosas… o no”, declaró. Y se quedó más ancho que largo.

Esto podría haber sido todo: un ninguneo a Ciudadanos, un desprecio absoluto a la entrega de escaños por parte de Rivera. Pero no, no. Rajoy llegó a decir ayer que le piensa preguntar a Pedro Sánchez cuándo cree que tiene que ser el debate de investidura. De esta forma, dejó claro que no piensa fijar la fecha mientras no tenga garantizados los apoyos. Y así podemos estar hasta el infinito. Y todo mientras Rajoy hace hincapié en lo urgente que es formar gobierno. ¿Urgente? ¡Pero si solo quiere que se muevan los demás sin dar nada a cambio!

Un dirigente del PP me decía hace un par de días que “interpretar a Rajoy es la leche”. Y sí, lo es. Pero lo que verdaderamente es la leche es que nuestra situación política, después de nueve meses y dos elecciones, sea la coña marinera que es. Y así es como iremos a las terceras… o no.

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