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Retrato de un activista prorruso

A pesar de que le conocen como "separatista", de lo que está en contra Sascha es de un gobierno impuesto por las armas y que califica como "fascista"

Sascha, "activista prorruso", manifestante. Donetsk / Foto: C. Negrete

Sascha, "activista prorruso", manifestante. Donetsk / Foto: C. Negrete

Éste es Sascha (*). Los medios lo llaman "activista prorruso", frente a los "ciudadanos" o "manifestantes" de la plaza de Maidán. Estaba en la puerta de una ocupación de un edificio oficial en Donetsk hace dos semanas junto a otro chaval con un bate de béisbol. Altas barricadas formadas por neumáticos y alambre de espino rodeaban el edificio. El apoyo de Moscú aquí parecía ser más moral que otra cosa. Solamente un hombre con una escopeta automática se paseaba por las inmediaciones del edificio. Tampoco en Odessa parece ser que los "prorrusos" estuviesen armados hasta los dientes. Allí, una turba neonazi ataviada de cócteles molotov, y según parece con pistolas, ha asesinado a más de 40 personas, "activistas prorrusos", al incendiar el edificio donde se refugiaron después de que su campamento de protesta fuese destrozado por esa misma masa enfurecida.

A pesar de que le conocen como "separatista", de lo que está en contra Sascha es de un gobierno impuesto por las armas y que califica como "fascista". Hay que ponerse en situación: aún no hay un veredicto sobre las muertes que se produjeron en la plaza del Maidán durante las protestas el pasado febrero. Con un hombre del partido de extrema derecha Svoboda al frente de la nueva fiscalía, los peritos de la misma siguen investigando y aseguran que las balas no solo fueron disparadas desde las azoteas de los edificios del gobierno, sino también desde el Hotel Ucrania, el cuartel general de las llamadas "milicias de autodefensa del Maidán", que como su nombre indica, son grupos armadas. El programa Monitor de la televisión pública alemana ha investigado este asunto desde el terreno y expertos ucranianos aseguran que no está claro quien disparó y que hubo heridos y fallecidos por el mismo tipo de bala entre personas de ambos bandos; también de los policías antidisturbios, los Berkut.

Sascha no quiere que la región forme parte de Rusia, pero reconoce que los rusos son sus "hermanos", por la historia común que ambos países tienen. De Europa no quiere oír hablar. Ni siquiera pide que antifascistas u otros activistas vengan a apoyarles en su lucha, sino que les dejen "en paz" y que no den crédito ni difundan "la propaganda fascista" de Kiev. Desde luego nadie aquí espera la visita de ministros de exteriores de Alemania o Polonia en apoyo a los manifestantes y ocupantes de edificios que, al igual que la masa ciudadana en Kiev, piden sobre todo "que se acabe la corrupción en el país" y que "aumenten los salarios". El salario mínimo en Ucrania son unas 1.400 grivnas, lo que vendría a ser unos 90 euros. Un litro de leche cuesta casi un euro. La cuota de desempleo ha aumentado hasta el 9%. (Compárela con la española)

Desde luego Sascha estaba convencido de querer luchar "hasta el final". Aunque entonces aún no había hecho más que comenzar la "operación antiterrorista" del autoproclamado gobierno, a la que según la agencia de noticias rusa Ria Novosti van a unirse unas 300 personas de otros países europeos, que recibirán un pasaporte ucranio. Los terroristas como Sascha han sido acusados de serlo antes de haber comenzado la violencia, sin haber puesto una bomba o haber realizado ejecuciones sumarias. Su reclamación ha sido poder llevar a cabo un referéndum y no reconocer la autoridad de Kiev.

Sascha por lo visto forma parte de lo que el historiador alemán Karl Schlögel, que se ha paseado por Ucrania y lo ha escrito después, denomina "pequeños criminales y personas sin perspectiva vital". No parece que pertenezca a los "profesionales" que asegura también dirigen estas ocupaciones en el este, en lo que por otro lado sería una exclusiva mundial si fuese cierto, ya que los reporteros sobre el terreno no han informado hasta ahora de estos "profesionales". Pero Karl Schlögel solo decía que "parecen profesionales", sin aportar pruebas. Todo ello lo contaba el pasado viernes en la llamada Casa de las Culturas del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) en un acto financiado por el ministerio de exteriores alemán y en el que tuvo lugar un podio sobre la situación en Ucrania. Varios expertos, menos el director del semanario Der Freitag, que no se había preparado muy bien la charla, coincidían en resumir que el despliegue de tropas de Putin en Crimea ha sido una provocación y en que las sanciones económicas deben ser valoradas.

Sascha es un terrorista criminal, un activista prorruso, una persona sin perspectiva vital. Desde la europea Kiev, los revolucionarios auténticos siguen su marcha hacia el este.

(*) Nombre cambiado por la redacción a petición del entrevistado.

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