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El pastel envenenado: la racionalización de horarios sería una catástrofe en Andalucía  

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EFE

La ministra de trabajo, Fátima Báñez, ha dicho que van a intentar racionalizar los horarios. Lo primero es que me ha sorprendido que nadie haya hecho bromas sobre que haya sido una andaluza la que proponga acabar antes de trabajar.  Pero para eso estamos aquí. 

Al saltar el tema a la agenda informativa e inundar los informativos, la primera reacción que me llegó fue la de mi amigo Grefu: "Oye, que dicen que ahora se va a tener que salir de trabajar a las seis de la tarde… Qué cabrones". Yo le pregunté por qué y su respuesta fue: "Eso es salir muy tarde ¿no?"
 
Claro que sí: El inmenso barco de río se hace pequeño en el mar.
 
INSERTO DE CHISTE
 
Ese jefe que se vuelve loco, reune a los trabajadores y les dice: “¡Señores! ¡A partir de ahora solo vamos a trabajar los martes!”. Todos se ponen a celebrarlo como locos menos uno que era muy flojo y dice “Vale, pero… ¿todos los martes?”.
 
FIN DEL INSERTO DE CHISTE
 
Es verdad que hay un problema de horarios, y eso se ve, por ejemplo, en la televisión. Los programas empiezan tarde y acaban temprano. El otro día me quedé viendo La Voz hasta el final y cuando acabó no es que fuera de día ya, es que ya no ponían tostadas en los bares.

Entrando en materia, la racionalización de horarios dice que habría que empezar a trabajar sobre las 8.30, comer en 30 minutos y salir sobre las 17.30. Esto nos acercaría a economías del norte de Europa, nos pareceríamos más a un noruego, pero tendría graves consecuencias identitarias si lo aplicamos a Andalucía.  Por partes.

Entrar a las 8.30: ¿Es una broma?

Hay pocas cosas que disfrutemos más los andaluces que desayunar en un bar. Si tenemos que empezar a trabajar a las 8.30, tendríamos que entrar por la puerta del bar sobre las 7.30. ¿Eso es noruego? Pues si es noruego yo desde luego no quiero ni pasar cerca de Oslo. 

Desayunar a las 7.30 es para tomarte un café con el que no quedarte dormido. Disfrutar un desayuno es otra cosa. Estar al quite de cuándo sueltan el periódico, tomarte tu tiempo en elegir si churros o tostada, y cuando decides tostada dudar entre aceite, manteca colorá, zurrapa de lomo o sobrasada, eso requiere un tiempo, un ritmo y una manera de vivir. 

Comer en 30 minutos: Adiós, cuchareo

Yo a comer en media hora desde luego lo llamo engullir como un pavo. Al final caeríamos en lo que hacen los forasteros: un sándwich y de vuelta. Imaginaos, primero el asco, después el hambre, y sobre todo, los efectos a la larga sobre nuestra gastronomía. El cuchareo, por lo que tarda en hacerse y comerse, quedaría para los fines de semana, y con el paso de los años, acabaría perdiéndose.  
 
Sí, sé que es duro, pero la racionalización de los horarios acabaría con las lentejas. Es una consecuencia directa, y si no te lo crees pregúntale a un noruego si él le echa chorizo a las lentejas por ejemplo, a ver la cara que te pone. 

Salir a las 17.30: El fin de la siesta

Esa hora para la siesta, verdadero eje vertebrador de nuestra tierra, es ni chicha ni limoná.  
 
Sales a las 17.30, recoges, y mientras llegas a tu casa, te dan las seis y pico. El sándwich de salmón noruego con eneldo que te tomaste lo tienes ya en el pie y lo que te apetece es merendar algo. Total, que cuando te quieres echar la siesta son las siete de la tarde. Teniendo en cuenta que te tienes que acostar pronto porque hay que estar en el bar para desayunar a las 7.30, esa siesta se pierde como se perdió Cuba o las lágrimas en la lluvia. Y eso, un día, y otro, y otro, sabemos en qué acaba, sí, amigos, en nuestra humillación como pueblo, en el colonialismo cultural total: el exterminio de la siesta.  
 
Si esto se consumara, es fácil imaginar a ese noruego que no sabe qué son las lentejas sonreír desde su loft diáfano en un barrio caro de Oslo. Por fin lo habrá conseguido, todos somos infelices como él.
 
Si algo nos define a los andaluces es ser disfrutones, hacemos las cosas gustándonos, saboreándolas. ¿Que salimos tarde de trabajar? Pues será porque nos hemos entretenido siendo felices.  
 
Mi opinión en esto está clara, que concilie el noruego. Pero la triste realidad es más profunda: en nuestra tierra hay demasiada gente que querría trabajar a partir de las seis de la tarde y a partir de las seis de la mañana si le ponen. Igual, más que ordenar el tiempo, deberíamos ordenar las oportunidades.  

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