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Cuatro funerales (frustrados) y un pacto

"La posición del machismo es clara, defender sus privilegios y beneficios a través de la perpetuación de la desigualdad como normalidad y de la violencia como instrumento"

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Pancarta de la manifestación del 7N. / Marta Borraz

Pancarta de la manifestación del 7N. Marta Borraz

No, no es una película como la protagonizada por Hugh Grant y Andie McDowell en 1994, es la realidad de un machismo que responde con violencia a las medidas adoptadas en el  Pacto de Estado contra la violencia que nace de sus entrañas para perpetuar su mundo de privilegios y ventajas.

Ese es el lenguaje y el diálogo del machismo; frente a la Igualdad y la Democracia responde violencia. Ante el consenso y la unidad, contesta con egoísmo y su pensamiento único. Frente a la convivencia y la Paz, habla a través de la agresión y la muerte.

Desde que se dio a conocer el consenso obtenido en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género en la tarde del lunes 24 de julio, tres hombres han intentando asesinar a cuatro mujeres, dos de ellos a puñaladas, uno en Santiago de Compostela y otro en Madrid, y un tercer hombre disparando contra dos mujeres, su pareja y la madre de ella, en Valencia. Puede sorprender, pero la situación no es muy diferente en su significado a la que se produjo tras la 'Marcha contra la Violencia de Género' el 7N, cuando siete mujeres fueron asesinadas en una semana.

La posición del machismo es clara, defender sus privilegios y beneficios a través de la perpetuación de la desigualdad como normalidad y de la violencia como instrumento, de manera que todo lo que sea modificar su realidad es considerado como un ataque al orden y a los hombres, de ahí su respuesta violenta en forma de agresiones, pero también de palabras cargadas de ira para alimentar el odio que vierte a diario a través de las redes sociales y los medios que encuentran a su alcance.

Es lo que han hecho con el Pacto de Estado, que ha sido presentado como un exceso y una herramienta dirigida a atacar a los hombres de verdad. Da igual que asesinen a 60 mujeres de media cada año, que más de 600.000 sean maltratadas y que cada vez con más frecuencia la violencia alcance a los hijos e hijas, lo importante es que nadie modifique las referencias que llevan a interpretar esa realidad como una especie de accidente o una serie de casos aislados. Si no fuera así, sería imposible que sólo el 1’7% de la población considere esa realidad como un problema grave (CIS, junio 2017), y que el 80% de las mujeres asesinadas nunca hayan denunciado la violencia que termina asesinándolas. El machismo quiere normalidad en la violencia que ejercen los hombres y pasividad en las mujeres que la sufren.

Mata el machismo

Mata el machismo, los machistas sólo desarrollan la estrategia que eligen para ejercer la violencia y luego llegar al homicidio. Por eso sorprende que el Pacto de Estado se haya dirigido a los resultados dejando las causas sin abordar. Y sorprende, porque el mismo Congreso de los Diputados que ahora aprueba el Pacto, hace unas semanas fue el escenario donde el portavoz del PP, Rafael Hernando, tiraba de machismo para responder a la portavoz de Unidos-Podemos, Irene Montero, sin que su conducta haya tenido consecuencia alguna, ni siquiera una reprobación pública por parte de su partido.

Lo mismo que también llama la atención que desde la Secretaría de Estado de Interior se esté realizando un estudio “científico” que, según ha aparecido en prensa, vienen a situar la causa de los homicidios por violencia de género en las características de los agresores, dejando muy de lado el contexto cultural machista que lleva a que hombres de diferente edad, personalidad, origen, lugar de residencia, ideología, creencias, experiencias… terminen haciendo lo mismo (asesinar a sus parejas o exparejas), no un año, sino cada año, y en todo el planeta. Según apunta el estudio, poco importa lo común a todos ellos, sólo lo individual de cada uno.

La violencia de género forma parte de la normalidad, tal y como indican los estudios sociológicos cuando revelan que el 44% de las mujeres no denuncian porque consideran que la violencia que sufren “no es lo suficientemente grave” (Macroencuesta, 2015). Una normalidad que ha llevado a que los homicidios de género hayan tenido un tratamiento benévolo en la propia ley hasta la década de los 60 con el llamado “delito de uxoricidio”, y que aún se mantenga cuando, por ejemplo, no se suprime el artículo 416 LECrim, que dificulta que lleguen a juicio la mayoría de los pocos casos que se denuncian, contribuyendo de manera directa a la impunidad de los agresores.

Todo ello forma parte del machismo, y el machismo no es el escenario pasivo donde transcurre la realidad, sino que es la propia conciencia de esa realidad, de ahí que se defienda con todos los instrumentos que tiene a su alcance, entre ellos la violencia, y que responda con más beligerancia cuanto más cuestionado se ve.

La clave no está en gestionar esta realidad, sino en transformarla, y eso exige erradicar el machismo que aún tenemos. Con machismo siempre habrá violencia de género.

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