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Nuevos cultivos "ilegales" añaden más presión sobre el agua de Doñana, según WWF

La organización ecologista asegura que las zonas de regadío al norte del parque han crecido 250 hectáreas más en tan sólo dos años

Lo hace a pesar de que el 'Plan de la Fresa' contempla el cierre de los cultivos que están sobreexplotando el acuífero del espacio protegido

Los ecologistas calculan que un tercio (un 30% aproximadamente) de las 11.250 hectáreas cultivadas son ilegales, mientras que la Junta lo reduce al 15% 

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Cultivo bajo plástico en Doñana

250 hectáreas más de cultivos "presuntamente ilegales" extrayendo el agua de Doñana. La organización ecologista WWF ha denunciado este lunes que los cultivos han seguido creciendo irregularmente al norte del espacio protegido en los dos últimos años.

Sirviéndose de fotografía aérea, que detecta las manchas blancas de los cultivos bajo plástico, los ecologistas han detectado nuevos regadíos que crecen de manera "continua, descontrolada y también ilegal". Según WWF, más de la mitad de estos nuevos cultivos ilegales son de arándanos y se asientan sobre zonas de especial protección, corredores ecológicos y montes públicos.

El 60% se encuentran en la cuenca del Tinto-Odiel-Piedras, y son responsabilidad de la Junta de Andalucía, mientras que el 40% restante son de la cuenca del Guadalquivir y le corresponde al Gobierno central. Moguer es el municipio que ha permitido casi la mitad de estos cultivos ilegales (120 hectáreas), seguidos por Lucena (50 has.) y Almonte (49 has.).

Cultivo bajo plástico de Doñana. Guillermo Prudencio (WWF)

Cultivo bajo plástico de Doñana. Guillermo Prudencio (WWF)

Al norte de Doñana, se cultivan más de 11.250 hectáreas entre fresas, otros frutos rojos y cítricos. En 2014, la Junta de Andalucía aprobó el llamado 'Plan de la Fresa' (Plan Especial de Ordenación de las Zonas de Regadíos Ubicadas al Norte de la Corona Forestal de Doñana) y declaró que casi 1.700 hectáreas (un 15%) eran irregulares entre  monte público, espacios protegidos y zonas sin continuidad en el riego. 

El año pasado, WWF elevó esa cifra a 3.500 hectáreas. Con un estudio propio, hecho también con fotografía aérea y trabajo sobre el terreno, denunciaba que un tercio de los cultivos eran ilegales. Pocos meses después, la organización ecologista reveló que en el entorno de Doñana había más de 1.700 balsas, de las que al menos el 80% eran ilegales.  La organización ha encontrado otras diez balsas en su último informe. La Junta de Andalucía asegura que ya han clausurado 300 de los pozos ilegales que alimentan las balsas.

Según Felipe Fuentelsaz, de WWF, “la supervivencia de los ecosistemas de Doñana depende del agua, pero también el futuro de los agricultores del Condado. Mantener la sobreexplotación actual y permitir que sigan creciendo los cultivos de regadío alrededor de Doñana es una política suicida para la agricultura onubense, y más teniendo en cuenta la escasez de agua cada vez mayor que sufrirá el sur de España por el cambio climático”.

Este diario ha tratado de contactar infructuosamente con la  Plataforma en Defensa de los Regadíos del Condado.

Bajo la lupa de Europa

Todo esto ocurre en un momento muy delicado para el espacio protegido tanto a nivel ambiental como institucional. La comarca vive un conflicto entre el crecimiento económico (el sector genera más de 350 millones de euros al año) y la conservación del espacio. Tanto expertos como ecologistas, ven necesario que se reduzca la extracción del acuífero, que alimenta las lagunas y resto de ecosistemas de Doñana.

Desde 2009, la Unión Europea investiga qué está ocurriendo con el agua en Doñana. El año pasado, la Comisión Europea lanzó un ultimátum a España antes de sancionarla,  por permitir la sobreexplotación de sus acuíferos. Según el duro informe, la administración española no ha logrado disuadir "a quienes realizan extracciones no autorizadas y crean instalaciones ilegales".

Expertas como Carmen Díaz-Paniagua, Estación Biológica de Doñana (CSIC), avisan de que "el  agua de Doñana se está yendo a pique a marchas forzadas, porque nunca se ha organizado de manera sostenible. Las lagunas permanentes están dejando de serlo, porque hay una bajada del nivel freático que impide que se llenen las lagunas y tengan una duración normal. Antes, con un buen año de lluvia, se recuperaba el sistema. Ahora, si tras un año de lluvias llega uno normal, no se recupera. Como no hagamos una política de gestión del agua, nos quedamos sin Doñana".

La bióloga añade que "tenemos algunas lagunas que son para llorar. Estamos perdiendo mucha diversidad de especies, Hay muchos menos sapos, libélulas, plantas acuáticas… la riqueza de Doñana depende del agua y el deterioro es generalizado".

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