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Festival de Cine de Sevilla: crisis generacional, 50 minutos y ¡acción!

La televisiva Silvia Abril condujo una ceremonia inaugural trepidante en el ritmo y que pasó de puntilla por la crítica política y social de otros años

Acierto al elegir como película de presentación la comedia generacional ‘Tierra Firme’, de Carlos Marqués-Marcet

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Cincuenta minutos y acción. La edición número 14 del  Festival de Cine de Sevilla arrancó la noche del viernes 3 de noviembre con una ceremonia de inusitada rapidez, liviana en el contenido -menos mensajes entrelíneas, menos crítica política y social que en otros años- y dominada por el humor más blanco, menos incisivo. La televisiva Silvia Abril condujo una gala trepidante en el ritmo y colorida en cuanto a rostros conocidos que habitan las zonas más hipsters del mainstream nacional (valga la paradoja para citar a Berto Romero, Carlo Padial, David Verdaguer, Irene Escolar...).

Será ésta la tendencia que dominará esta semana de festival y de cine europeo en Sevilla, que proyectará hasta el sábado 11 de noviembre doscientas películas que van "desde el gran cine industrial a un cine absolutamente radical, desde los nombres irrenunciables a los nuevos realizadores". Así lo explicaba en la jornada inaugural su director, el programador José Luis Cienfuegos, que efectivamente ha equilibrado más que nunca en esta edición los reclamos para públicos más amplios con otros para los que aún se refugian en etiquetas como 'cine de autor'.

Lo cierto es que esta liviandad de la gala fue viajando desde la gasa ligera del vestido de Silvia Abril -de quien se echó en falta algún sarcasmo, algún dardo envenenado sobre el asunto catalán- hasta el título inaugural: Tierra Firme, cuyo equipo casi al completo visitó la muestra sevillana. Se trata de una comedia generacional en la que intervienen un trío de amigos treintañeros y un dilema contemporáneo: la maternidad como huida hacia adelante, como única manera de forzarse a alcanzar la vida adulta. "La decisión de tener hijos parece vital, pero solo es un problema en el primer mundo. Por ello, creo que es muy frívolo tomárselo muy en serio. Así que la única forma de hacer una película en serio sobre ello era hacerlo de forma ligera".

Ahí lo tienen, lo explicaba el director del filme, Carlos Marqués-Marcet, que ha contado para esta película de corte naturalista, rodada a bordo de un barco por los canales de Londres, con los actores David Verdaguer y Natalia Tena, que muchos conocen por la serie Juego de Tronos: La tercera pieza que conforma el triángulo protagonista es una más que creíble Oona Chaplin, que por primera vez comparte película con su madre, Geraldine Chaplin, a la que su hija ha definido como "una diosa a la que amo y admiro".

Sin estridencias

Un barco que se tambalea, uno de los miembros que rompe la vida idílica del trío -sin trabajo fijo, con estrecheces económicas pero feliz al fin y al cabo- porque desea pisar Tierra firme, y un tono de comedia indie rondan esta película desenfadada, naive y generacional que sigue los patrones del primer largo de Marqués-Marcet, 10.000 km, con el que ganó hasta cinco premios en el Festival de Cine Español de Málaga. Aquí da un paso más, afianza el oficio, su mirada de cineasta casi descreído, sus ganas de contar, la naturalidad a la hora de enfrentarse a las relaciones humanas, el buen tino de un casting de actores más que creíbles, cuajados de matices, el guión que consigue transitar por drama y el humor sin hacer ruido, sin estridencias.... Todo es desconocido aún, existe un nuevo orden universal que ha desordenado los patrones clásicos en la familia, en los amigos, en la forma de relacionarnos y en su valoración social. Y Carlos Marqués-Marcet está aquí para contárnoslo.

Cienfuegos enmarca esta película dentro de esos "grandes títulos de la cosecha del año" en el continente que ha programado en la Sección Oficial a concurso, en la que participan 17 largometrajes, con predominio del cine francés. De esas doscientas películas se efectuarán unas 400 proyecciones, y de ellas 185 son estrenos nacionales y veinte estrenos mundiales, lo que hace del certamen sevillano, cuyos premios en metálico se dedican íntegramente a la distribución de los filmes -como mejor sistema de promoción del cine europeo- una cita obligada también para programadores.

Con un presupuesto de poco más de un millón de euros, la misma cantidad de sus últimas cinco ediciones, el festival ha logrado ser uno de los de mayor número de espectadores del país, con 75.000 espectadores y hasta 100.000 si se cuentan los participantes en todas las actividades del Festival.

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