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ARAGÓN

ENTREVISTA: Salvador Simó

“Estoy totalmente convencido de que a Buñuel le habría gustado trabajar con cine de animación”

Salvador Simó dirigirá este otoño la película de animación Buñuel en el laberinto de las tortugas, basada en un cómic de Fermín Solís

“Ramón Acín prometió a Buñuel financiarle una película si le tocaba la lotería y, a las dos semanas, le tocó”

“Lo que más me ha sorprendido es lo buena persona que era Luis Buñuel: el buen rollo, el positivismo, el buen hacer que transpiraba a la gente que trabajaba con él”

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Salvador Simó.

Salvador Simó.

Salvador Simó (Badalona, 1968) nos atiende por teléfono desde Barcelona solo unos días después de terminar de desempaquetar las cajas de la mudanza desde Londres. Está encantado por la oportunidad de trabajar en una película de cine de animación en España. Después de un año y medio fuera, nos confiesa que le cuesta encontrar en castellano algunas palabras que le vienen a la mente en inglés.

Buñuel en el laberinto de las tortugas parte de una anécdota real de la vida de Luis Buñuel que, a la vez, es muy cinematográfica...

Sí, la historia ocurrió, según cuentan, una noche de borrachera entre amigos, entre Luis Buñuel y Ramón Acín. Hubo un momento en el que, a Luis Buñuel, después del escándalo de La edad de oro, se le cerraron muchas puertas para financiar su próximo proyecto. Esa noche de borrachera, Ramón Acín, con toda su buena voluntad, le dijo a Buñuel que, si le tocaba la lotería, le financiaría la película. Resultó que a las dos semanas le tocó y Ramón Acín cumplió su palabra.

¿La gente que hacéis cine hoy en día os sentís identificados con estas dificultades de Buñuel para conseguir financiación?

Totalmente. Lo que pasa es que si a nosotros nos tocara la lotería sería más fácil. Hoy en día, los presupuestos de las películas de animación son mucho más altos que los de películas de imagen real. Entonces, levantar un proyecto como este lleva un trabajo muy arduo, que en estos momentos están haciendo Manuel Cristóbal y José María Fernández de la Vega. Y más, en España y ahora; con la crisis se nota que no se ayuda tanto a la cultura como se hacía antes.

¿El dinero de la lotería de Ramón Acín fue suficiente para que la película Las Hurdes, tierra sin pan de Luis Buñuel saliese adelante sin problemas?

Sí, aunque tuvieron que apretarse muchísimo el cinturón porque no recuerdo si a Ramón le tocó un segundo o un tercer premio; no era el primero, no le tocó mucho dinero. Creo que eran unas 20.000 pesetas de la época; aquello les dio para lo que les dio. La edición la hizo Luis en la cocina de su casa porque se les había acabado el dinero y no tenían para pagar una edición en un laboratorio. Es un documental de unos 27 minutos; para lo que tenían, hicieron mucho.

¿Cómo surge la idea de llevar a cine de animación el cómic Buñuel en el laberinto de las tortugas?

La idea tuvo su peregrinaje. Fermín Solís había hecho el cómic, basándose en una idea suya y colaborando con el Centro de Documentación de Las Hurdes. Ellos empezaron a promocionar el proyecto para intentar convertir el cómic en un cortometraje y contactaron con la productora The Glow, de José María Fernández de la Vega, que está en Almendralejo. A la vez, en ese momento, estaban produciendo su propio cortometraje de imagen real y lo presentaron a la Academia de Cine. Allí contactaron con Manuel Cristóbal y le presentaron el proyecto de Buñuel en el laberinto de las tortugas. Manuel Cristóbal lo revisó y les dijo que eso no era un cortometraje, sino un largo. A partir de ahí, empezaron a plantear la estructura de lo que querían hacer y me llamaron a mí para ofrecerme la dirección del proyecto. Cuando tomé las riendas, Eligio Montero y yo empezamos a escribir el guion conjuntamente; lo terminamos hace unos tres meses, aunque un guion siempre es algo vivo. Ahora, estamos ya con la preproducción.

¿Por qué le pareció interesante sumarse al proyecto?

Yo siempre había admirado a Buñuel. Cuando estudiaba cine, ya me parecía que quizá es el mejor director de la historia de cine español. Tengo que reconocer que el proyecto me asustó un poco al principio, pero encontré un reto apasionante en la oportunidad de indagar y ponerme en la piel de Buñuel, por su persona y por lo que representaba en su época. Para mí, el hecho de poder hacer cine de animación en España también era muy importante porque casi toda mi carrera la he hecho fuera. Volver a dirigir en España era muy interesante. Y también volver a mis orígenes, que es el cine de animación tradicional.

¿Qué ha descubierto de Buñuel con este proyecto?

En el proceso de investigación, acabas leyendo mucho y metiéndote en la piel de Buñuel; una vez incluso soñé que estaba tomando un café con él. Lo que más me sorprendió es un trabajo que hizo la Academia de Cine, de los Cuadernos de la Academia, en el que recogían una serie de entrevistas a gente que había trabajado con él. Lo más impactante es comprobar lo buena persona que era Luis Buñuel: el buen rollo, el positivismo, el buen hacer que transpiraba a la gente que trabajaba con él. Esto contrasta mucho con lo que tradicionalmente se ve de Luis Buñuel en su trabajo de director. El director siempre tiene una imagen muy distante; en este caso, incluso hay fotografías en las que se ve que, cuando rodaban, normalmente Buñuel comía aparte del resto del equipo para tener su tiempo de reflexión. Algunas imágenes pueden dar la sensación de que era una persona distante; todo lo contrario, era muy humano. Yo creo que el documental de Las Hurdes fue un catalizador de todo esto, que incluso se refleja en su cine: su cine es mucho más humano después de Las Hurdes. Antes, era un cine mucho más onírico porque también estaba bajo la influencia de Dalí. Después, hubo un cambio bastante sustancial en su forma de hacer cine.

¿A Luis Buñuel le habría gustado trabajar con cine de animación, ya que le gustaba experimentar?

Estoy totalmente convencido. De hecho, cuando él era pequeño, su padre le regaló una linterna mágica que trajo de la Exposición Universal de París. Luis, de pequeño, se dedicaba a hacer funciones con los amigos, en su casa; incluso dibujaban entradas de cine ficticias. La linterna mágica es una luz, básicamente, que se proyecta en una pantalla, se pueden hacer sombras… Por tanto, de pequeño, Buñuel ya experimentó un poco con el concepto de cine de animación que había en aquella época.

¿Cualquier historia puede llevarse a cine de animación?

Yo creo que cualquier historia puede ser contada en cualquier medio. Todo depende de lo que quieras contar y de cómo lo quieras contar. El cine de animación no deja de ser cine. Quizá todos tenemos muchas veces el pensamiento establecido de que el cine de animación es un cine para niños y no es cierto. El cine de animación puede ser para adultos; de hecho, muchas veces, cuando llevaba a mi hija al cine, casi disfrutaba yo más que ella de las películas de animación. A la vez, el cine de animación tiene sus particularidades a la hora de llegar al espectador; es un cine con un contenido gráfico mucho más evidente, que permite hacer muchas cosas a nivel artístico que no caben en el cine de imagen real. Todo esto ahora es entre comillas, porque hoy en día la tecnología ya casi te permite hacer cualquier cosa. Pero digamos que, en el cine de animación tradicional, que es lo que queremos hacer, lo que sería de 2D, hay un concepto visual y gráfico muy específico. En el caso de Buñuel, es un personaje que creó el surrealismo visual en aquella época; la animación tradicional combina muy bien con su historia y con lo que queríamos contar.

¿Se ha reconocido a Buñuel como se merece?

No, no creo; está bastante olvidado; incluso hay mucha gente que no sabe quién es. Todos conocemos a directores de otros países como Orson Welles… Es cierto que nadie es profeta en su tierra, pero en este caso quizá no se le ha dado el reconocimiento que merece.

¿Qué opina de la polémica por la carta que el hijo de Luis Buñuel escribió desde París al Centro Buñuel de Calanda tras la destitución de su director, Javier Espada, pidiendo que no se utilizase más el nombre de su padre?

La he visto desde fuera porque ocurrió justo cuando yo estaba trasladándome desde Londres, en medio de cajas de mudanza. Me sorprendió muchísimo porque tuve la oportunidad de conocer a Javier Espada y me pareció una persona encantadora, muy comprometida con Buñuel. Después entendí el razonamiento de la carta. El problema siempre es cuando la política se mete en la cultura; es mezclar el aceite con el agua.

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