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Dudas de última hora de Rajoy sobre la candidatura de Guindos al BCE

El Gobierno tiene que proponer un candidato para la vicepresidencia del Banco Central Europeo, y desde la institución se le sugiere que sea una mujer para paliar la desigualdad de género en su máximo órgano rector. La apuesta que haga Rajoy puede tener efectos laterales de relevancia política

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De Guindos prevé un acuerdo en la UE para reformar el MEDE y la unión bancaria en 3 meses

Luis de Guindos EFE

Siempre se ha dicho que en política todo puede cambiar mucho en breve plazo. ¡Y tanto! Hace apenas dos meses, en el área económica del Gobierno y en la del Partido Popular -y también en las de los partidos de la oposición-, se daba por hecho que Luis de Guindos (Madrid, 1960), ministro de Economía de los Gobiernos de Rajoy desde diciembre de 2011, se haría -sin apenas librar España batalla diplomática- con un alto cargo europeo que queda vacante en breve: la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), que el próximo 1 de junio deja el portugués Vítor Constâncio. Desde hace dos semanas, en el mismo amplio círculo antes citado ha comenzado a extenderse si no otra certeza sí al menos otra hipótesis. Según esta, la vicepresidencia del BCE será española, pero no será Guindos quien se siente en esa silla, sino una mujer. Y si la candidatura que presente el Gobierno español no es la de una mujer, añade la nueva hipótesis de trabajo, corremos un serio riesgo de que la persona que finalmente ocupe la vicepresidencia no sea de nacionalidad española. 

El BCE es uno de los brazos armados más poderosos de la Unión. Especialmente, en estos años de la crisis global y la postcrisis en los que las políticas económicas y financieras han sido sinónimos de la política a secas, tanto en cada uno de los países de la zona euro como en el conjunto de la UE. Tener un representante nacional en la cúpula de ese brazo armado supone una ventaja competitiva para los países que lo logran.  

El BCE, ese BCE en el que se toman muchas decisiones que impactan directamente en la vida y en bolsillo de todos los europeos, lo rige un Comité Ejecutivo muy corto, de seis personas, y un Consejo de Gobierno más amplio, en el que a los seis ejecutivos se les suman los gobernadores de los bancos centrales de los 19 países de la zona euro. Al Consejo de Gobierno, el amplio, pertenece, lógicamente, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde. En el Comité Ejecutivo no hay ningún español desde que en 2011 agotó su mandato el economista, banquero y académico José Manuel González-Páramo. Como la economía española es la cuarta de la zona euro, parecía lógico que la silla que deja vacante Constâncio fuera para un español, y se daba por seguro que Rajoy impulsaría como candidato a Luis de Guindos, su ministro económico con mejor cartel en Europa, y el que mejor va de idiomas. Pero ha surgido un problema a última hora. 

Además del equilibrio territorial, el BCE, con su presidente el italiano Mario Draghi a la cabeza, tiene que atender otro criterio en el que la institución está mucho más desequilibrada. La igualdad de género. O la desigualdad. En el Comité Ejecutivo del BCE, el tanteador está hoy 5 a 1, pues se sientan cinco hombres y solo una mujer, la alemana Sabine Lautenschläger. En el Consejo de Gobierno, la desproporción es aún mayor, 23 a 2, pues entre los 19 gobernadores nacionales sólo hay actualmente una mujer: la gobernadora del Banco Central de Chipre, Chrystalla Gerghadji. El BCE, en conclusión, parece todavía hoy en sus máximos órganos rectores un anacrónico club masculino que solo deja entrar a mujeres a cuentagotas. En su equivalente en Estados Unidos, la Reserva Federal, ya hace cuatro años que la máxima autoridad es una mujer, la prestigiosa economista Janet Yellen. 

Aunque aún faltan cuatro meses para la salida de Vítor Constâncio, el proceso para sustituirlo echa ya a andar, y no es un camino fácil. Los Gobiernos de la zona euro que quieran proponer candidatos han de hacerlo antes del 7 de marzo. La decisión final del nombramiento la toman los ministros de Finanzas del Eurogrupo -Guindos está entre ellos-, pero las candidaturas han de consultarse tanto con el Parlamento Europeo como con el propio BCE. Y es también el BCE el que ha sugerido a los Gobiernos de países del euro que a ser posible piensen en femenino a la hora de presentar candidaturas.

En Irlanda, que nunca ha tenido un representante en el cúpula directiva del BCE, lo están haciendo así. Barajan presentar al gobernador de su banco central, Philip Lane, o a la subgobernadora, Sharon Donnery. Si finalmente su candidata es esta última y el de España es Guindos, las posibilidades irlandesas serán mayores.

En la élite de la UE y en el mundo de las finanzas privadas europeo, Guindos está muy bien visto. Tiene un gran cartel. Le consideran uno de los grandes artífices de la recuperación económica española -recuperación, a los ojos de esas élites- y también uno de los ingenios que lograron que nuestra crisis bancaria, y su correspondiente rescate, fueran solo malos, no desastrosos. Pero también hay quien le encuentra pegas y contraindicaciones técnicas como candidato para el BCE, más allá del hecho de ser un hombre. Entre ellas, la de haber sido de 2004 a 2008 miembro del consejo asesor para Europa de Lehman Brothers –el banco de inversión que con su quiebra precisamente en 2008 fue uno de los desencadenantes de la crisis global- y la de ser ahora y desde hace seis años ministro en ejercicio. Al BCE, y especialmente a su presidente, Draghi, no le gusta que en la cúpula de la institución haya economistas que vienen directamente de la gestión política partidaria.

A los ojos de sus críticos, hay una mancha reciente más en la trayectoria de Guindos. El ministro español intentó ser presidente del Eurogrupo en 2013 y en 2015, sin éxito, y hace apenas dos meses, en noviembre de 2017, podía haber logrado el puesto casi por aclamación… y dejó pasar la oportunidad, probablemente reservándose para la vicepresidencia del BCE, un cargo mucho más reconocido y mejor pagado –casi 350.000 euros al año-.

Con todos esos elementos sobre la mesa, Rajoy tomará una decisión sobre la candidatura española a la vicepresidencia del BCE en breve, antes del 7 de febrero. Una personalidad del Gobierno muy cercana al presidente sigue viendo aún hoy a Guindos “bien posicionado”. Pero otras fuentes consultadas consideran que finalmente Rajoy, para amarrar para España el cargo en Francfort, sede del BCE, atenderá las sugerencias y apostará por una mujer. Y citan varios nombres, entre ellos los de Eva Valle y Belén Romana.

La primera, Eva Valle (Zaragoza, 1974) es ahora muy cercana en el día a día de Moncloa a Rajoy, puesto que desde hace 14 meses es la directora de la Oficina Económica del Presidente. Sustituyó en ese cargo a Álvaro Nadal, actual ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, y cuñado suyo, pues Valle está casada con Alberto Nadal, actual secretario de Estado de Presupuestos.

Belén Romana (Madrid, 1965) tiene una dilatada carrera profesional en el sector privado y en el público. Fue directora general de Política Económica de 2000 a 2003, y directora general del Tesoro de 2003 a 2005, con Gobiernos socialistas. Fue también, ya con el PP en el  poder, presidenta de Sareb, el llamado ‘banco malo’, la sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria. Ahora es consejera independiente de Banco Santander.

La apuesta que haga Rajoy tiene, además, efectos laterales políticos muy relevantes. Sobre todo, si el candidato es Guindos. Si fracasa en su candidatura, será un serio revés para el ministro, para el conjunto del Gobierno y para su presidente. Si gana y Guindos acaba de vicepresidente del BCE, Rajoy tendrá una tarea más entre las muchas urgentes que se le acumulan en la mesa: Cataluña, la falta de Presupuestos, los escándalos de corrupción, el deterioro electoral del PP y el ascenso de Ciudadanos… La tarea de encontrarle al ministro de Economía, Industria y Competitividad un sustituto idóneo sin que parezca que hace una crisis de Gobierno. O haciéndola y tocando ya varios ministerios… a riesgo de que alguno de los cambios, por los que entren o por los que salgan, sea interpretado en clave sucesoria. De la sucesión del propio Rajoy.

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