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Javier Fernández Rubio

Nacido en Santander, en 1966, ha dedicado 26 años al ejercicio del periodismo en Cantabria, veneno que todavía tiene dentro, y lleva camino de cumplir siete como responsable de El Desvelo Ediciones. Sabe un poco de muchas cosas y bastante de casi ninguna. Conoce a mucha gente, pero no practica dinámicas de grupo. De vez en cuando escribe algún poema y hojea libros de diseño para entretener la espera de las buenas noticias. Quien le aprecia, le considera un atrevido; quien no, un impostor.

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Winter is coming

En la ciudad en la que se queman los museos se va a aprobar un presupuesto regional con el apoyo de un tránsfuga, es decir, de un señor que no tiene a nadie detrás y que ahora solo se representa a sí mismo. Si no media un acuerdo político entre partidos, será una realidad dentro de unos días. No es el único presupuesto gangrenado y me temo que no será el último. Hace unos días, el presupuesto municipal de la ciudad en la que se queman los museos discurrió por el mismo carril sin que el tren descarrilara. Un tren en llamas llegó a su estación término ante la indiferencia del público.

La diferencia entre el incendio de un museo y el de nuestro parlamentarismo es que el primero tiene arreglo (excepto la biblioteca y las piezas de arte perdidas), mientras que el segundo acabará devorando el andén, la estación y, si me apuran, la localidad. El transfuguismo tiene un gran poder de emulación y ya se ha visto históricamente cómo el político cántabro un día se viste de bombero y, al día siguiente, de pirómano. Esta región no tiene arreglo y posiblemente tengan que extinguirse una o dos generaciones antes de que se abra un atisbo de esperanza. Y no tiene arreglo porque a nuestros políticos en el fondo les gustan los incendios. Los incendios tienen sus ventajas y el transfuguismo es como el palo de sombrajo: poco estético, pero sostiene el tenderete.

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Homo laborante

No es nada inusual que en el proceloso momento de pagar por un servicio o producto salgan a relucir esos silencios tan embarazosos. Pintar está bien, es incluso motivo de elogio en los periódicos y en las cenas navideñas, pero cobrar por los cuadros es demasiado atrevimiento. Esto no le pasa a mi peluquero, entre otras cosas porque nunca me atrevería a preguntarle, una vez finiquitada la tarea: "¿Te debo algo?". Ahí no habría silencio embarazoso. La respuesta sería: "Pues, claro".

Nadie cuestiona que el trabajo de un peluquero sea un trabajo de verdad, pero se cuestiona que el trabajo del pintor sea un trabajo serio.

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Fake presupuestario

La imagen más fiel de lo que uno es se encuentra en lo que hace, no en lo que dice. Esto, que es aplicable en todos los órdenes de la vida, lo es más en la política de la era de la postverdad en donde el decir pretende ser la sombra del ser, y como toda sombra desaparece al pasar cerca de un farol.

Lo 'fake', la mentira pura y dura, están al orden del día y parecen ser bien recibidos porque para muchos es preferible vivir en el engaño a que le pinchen el globo. Pero esto no es nuevo. Siempre la impostura ha estado al acecho de la política, que hace pasar por hechos lo que no son más que declaraciones de intención.

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Con Vox pero sin foto o la política como simulacro

Conozco a una persona que fue correctora de las páginas amarillas sin por ello, como dice el bolero, perder el juicio. Solo algo en este mundo, y en el otro también, puede ser más homérico: corregir las antiguas guías de horarios de ferrocarril.

En 1847 apareció la primera Bradshaw's Continental Railway Guide (Guía Bradshaw del Ferrocarril Continental), en la que ofrecía los horarios de la red de trenes de la Europa continental. Llegó a tener unas 1.000 páginas que incluían los horarios mencionados, pero también directorios de hoteles y una guía turística con lo más destacado que visitar. Todo ello con una letra muy, muy pequeñita.

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Acérquese un poco más

La empresa de servicios funerarios Bergenum e Hijos, decidida a promocionar el negocio e impaciente por adelantar al máximo lo que tiene que acontecer, tuvo una feliz idea para una campaña de promoción en el Metro de Berlín. 'Come a little closer' ('Acérquese un poco más') rezaba el gran cartel que podía leerse en las estaciones. Rodeado del luto inequívoco de las esquelas, el provocador anuncio coqueteaba con la idea del suicidio invitando al espectador que lo observara, inevitablemente de pie en el andén cerca del foso de las vías, a que les alegrara el día teniendo el detalle de adelantar su muerte.

Entre el humor negro, la ironía y el descaro del mundo de los negocios, la prole de Bergenum se saltaba el tabú del suicidio (y el no menor tabú de hablar de la muerte en público) y también el tabú del lucro con la desgracia ajena, que parece que es cosa que practican herejes, pero a la que no es ajena la gente piadosa.

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Absurdia, capital Bruselas

Cuando escribo estas líneas medio Gobierno de la nueva República de Absurdia ('Le Figaro' dixit) anda exiliado por Bruselas y estudia solicitar asilo político. Al tiempo, la otra mitad y los partidos que la sustentan anuncian con la boca pequeña que van a presentarse a las elecciones del país de al lado, al que acaban de abandonar como quien dice 24 horas antes, también conocido como España. O tal vez sea el mismo país. O tal vez sea un país cuántico con fronteras en Facebook y cajas de resistencia en Andorra. Yo ya me pierdo. Pero la mejor prueba de que Cataluña sigue siendo España es su querencia por la astracanada.

Acabamos de inventar la Revolución al 3%, que es como una revolución de las de siempre, pero con gente seria, de orden, que elabora comunicados cargados de ardor guerrero y manda al propio a la barricada, en horario de cuatro a cinco los días laborales, que para eso están los pobres. 

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74.817.414

Ya nadie escribe cartas en papel. Nadie, excepto los bancos, las administraciones y las compañías de seguros, por lo que puede decirse que si existen buzones en los portales es gracias a ellos. Han sido expropiados. 

Por lo general, una carta en el buzón es sinónimo de malas noticias, aunque en ocasiones le alegran a uno el día. Tienen esos detalles. Esto me ocurrió a mí hace un mes, en que el banco me comunicaba que la compañía de mi seguro de vida me comunicaba que el Consorcio de Compensación me comunicaba que la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones me comunicaba haber ampliado los supuestos susceptibles de ser indemnizables en caso de deceso, a saber:

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Dama, caballo y rey

Las primarias, la consulta directa a la militancia, se les atraganta a los partidos. No puede entenderse la crisis de las formaciones en Cantabria y España sin este elemento que tomó impulso el 15-M y que los partidos asumieron como si estuvieran preparados para la tormenta. Partido Popular, PSOE... hasta Podemos entra en zozobra en cuanto la democracia de base irrumpe y arrampla con la democracia orgánica, legitimadora de sucesiones controladas y configuradora de grupos dinásticos. La caja de Pandora.

Mariano Rajoy ya mandó parar con el experimento de las primarias, tras las crisis desatadas en los virreinatos, entre ellos Cantabria, en donde los 'populares' no levantan cabeza, enfangados, enemistados, aquejados de sordera selectiva y a la espera de expedientes y fallos judiciales.

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Sardana

La crisis española en Cataluña es como la sardana, un baile en el que los danzantes apenas se mueven del sitio, por más que muevan los brazos y brinquen.

Los siete días que no cambiaron el mundo en Barcelona han sido más propios de la ceremonia de la confusión que promueve quien quiere sorber y soplar a la vez, amaga y no da, nada y guarda la ropa. Ello no resta gravedad a una declaración de independencia, que se ha producido, ni a la aplicación de la suspensión de la autonomía, cuyo mecanismo ha empezado a articularse, ni tampoco resta trascendencia a una reforma constitucional, pactada, que supondrá que por primera vez el Estado tome la iniciativa. Vivimos un momento histórico, pero con guion de Arniches y Jardiel Poncela.

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Fulcro

"Somos estúpidos y moriremos", le decía Daryl Hanna a Rutger Hauer en aquel pedazo de film que es 'Blade Runner'. Pero ser conscientes de la estupidez que se comete no impide que el protagonista siga derecho hacia el precipicio. "No puedo evitarlo", se lamentaba el vizconde de Valmont en 'Las relaciones peligrosas'. Y no lo pudo evitar. Es la ruina autoinfligida.

El problema catalán, que es el problema de España, ha entrado en una espiral delirante que, a menos que se enfríen las cosas (algo impensable a corto plazo), solo puede derivar en la ruina colectiva. En este juego no hay ganadores como en esas partidas de ajedrez en donde los reyes enrocados conducen a unas inevitables tablas después de haber sacrificado todos los peones. Y no puede haberlo porque la partida se juega en el terreno de las emociones y no de lo racional. Ni siquiera vale que unos de los jugadores cambie las reglas a mitad de la partida. El empantanamiento es de libro y la voluntad de los jugadores, irrelevante.

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