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Javier Fernández Rubio

Nacido en Santander, en 1966, ha dedicado 26 años al ejercicio del periodismo en Cantabria, veneno que todavía tiene dentro, y lleva camino de cumplir siete como responsable de El Desvelo Ediciones. Sabe un poco de muchas cosas y bastante de casi ninguna. Conoce a mucha gente, pero no practica dinámicas de grupo. De vez en cuando escribe algún poema y hojea libros de diseño para entretener la espera de las buenas noticias. Quien le aprecia, le considera un atrevido; quien no, un impostor.

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De la vida padre a la buena vida

Nunca había ido a una conferencia donde el ponente se levantara e hiciera el pino. Tampoco donde el ponente acabara de darse un baño en El Sardinero en pleno temporal de nieve y apareciera como si viniera de tomar las aguas en Baden-Baden. Es lo bueno que tienen estos actos: con un poco de paciencia, tarde o temprano acaba apareciendo alguien que merece la pena conocer.

Christian Felber no solo hace el pino y se da un baño a temperaturas que rozan los cero grados; además tiene un discurso. Hay que dar gracias porque haya alguien que tenga más discurso que opiniones sobre todo. Por lo general suele ser al revés. Felber es austríaco. Bailarín, escritor, divulgador y profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Viena. Es un economista en el sentido etimológico de la palabra. Economía viene del griego,  oikonomía (ο’ικονομία) y se compone de dos palabras: oikos (hogar) y nemein (gestión). Algo así como 'administración de la casa'. Hay otra palabra de origen griego: chrematistiké, que se puede traducir por 'el arte de adquirir'. La mayoría de los economistas son en realidad paladines del chrematistiké, es decir, del dinero como fin último, del dinero por encima de todo, del dinero a pesar de todo. El economista tiene una visión de campo más amplia y pone el dinero entre los medios, no los fines.

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El aparcar se va a acabar

SpaceX ha puesto en el espacio un descapotable Tesla camino de Marte. Me puedo imaginar la cara de los marcianos cuando sus platillos volantes se crucen con el maniquí vestido de astronauta que va al volante y también compadezco a este cuando le salga al paso una suerte de Benemérita Sideral y le pida los papeles y las luces de recambio.

El Falcon Heavy es todo un símbolo de lo que somos aquí en la Tierra. Es el cohete más potente, lo que ya simboliza un derroche de testosterona importante, y ha sustituido el disco dorado y naif de Carl Sagan y sus mensajes de amistad interplanetaria por los grandes éxitos de Enrique Iglesias, lo que puede ser entendido como una declaración de intenciones nada pacífica. Cuando llegue a su destino será como la Guerra de los Mundos. La Tierra ha tenido la descortesía de devolver la visita mandando su tótem por antonomasia: el coche.

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El Sumo Sacerdote de las Ortigas

Nin’yo, un oficial de segundo rango en Japón, tenía un hermano llamado Ryogaku, sumo sacerdote, un hombre de carácter irascible. Junto a su monasterio crecía una gran mata de ortigas que era por lo que la gente llamaba a Ryogaku el Sumo Sacerdote de las Ortigas. Como a Ryogaku no le hacía ninguna gracia el apelativo, cortó la mata. Como todavía quedaba el tocón, la gente pasó a llamarlo el Sumo Sacerdote del Tocón. Más furioso aún, Ryogaku hizo que lo arrancaran, pero al hacerlo quedó un gran agujero. Lo han adivinado. La gente lo llamaba entonces el Sumo Sacerdote del Agujero.

Esta historia le sirve a Robert Green para ilustrar una de 'Las 48 Leyes del Poder' (Espasa, 2008), concretamente la que lleva el título de 'Remover las aguas para pescar peces'. En su recetario para un moderno Maquiavelo, el autor desaconseja la cólera a quien tenga ambición. La moraleja dice así:

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De élites y bases

Dos cosas unen a viejos y nuevos partidos, tanto de izquierda como de derecha, y es el debate sobre las élites y sobre las bases, entiéndase, entre los que controlan el cotarro y los que mantienen limpio el cotarro. Las bases, el pueblo llano como se decía antiguamente, es ese gran magma que busca la vía por donde salir a la superficie. Los partidos son válvulas, pero cuando se atoran, la presión sale por donde menos se lo espera uno. Así campan PSOE, remojándose las barbas tras el descalabro francés y la guerra intestina; el PP, que no da pie con bola; Ciudadanos, cuyo líder sueña con Macron, y Pablo Iglesias, que es de esperar que algún día se digne a dirigir unas palabras a los millones de trabajadores que sostienen el país. Mientras tanto, el magma burbujeando.

El campo de las élites tiene una cosa fácil y otra difícil. La fácil es que los aspirantes no se preocupan por llegar a final de mes porque su cometido es gobernar el mundo y no se puede entretener uno en pagar el recibo de la luz si se aspira a reinar. La difícil es la elección del vicario, ese señalamiento con el dedo imperial que catapulta al Olimpo, porque mucha es la mies pero pocos los escogidos.

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Simulacros

Los locutores de radio y televisión tienen un truco para vocalizar perfectamente. Es una nueva versión de lo que hacía Demóstenes para perfeccionar su oratoria. Si este entrenaba con la boca llena de piedras, los locutores se ponen un lápiz entre los dientes antes de entrar en directo. No tiene por qué ser un lápiz, pero el lápiz es un buen invento que está a mano desde la infancia. No solo se articulan mejor las palabras al colocarse un palo con grafito entre los dientes, sino que se piensa mejor. La explicación es que la mordedura activa los mismos músculos que la risa. Es un autoengaño que se inocula el cuerpo: activa las músculos y piensa que el ocupante está contento: y realmente acaba más contento.

Nuestros munícipes debieran dictar bandos en los que se obligara a la población local a salir de casa con un lápiz entre los dientes. Seguro que el clima se elevaría varios grados y bajarían los niveles de testosterona. Pero como esto se me antoja difícil, bastará con que el presidente de la Cámara recomendara a sus señorías tan curioso ejercicio: no solo pronunciarán mejor, sino que además nos alegrarán el día, estoy seguro.

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Pelotas tiene una pelota para mí

Hace escasos meses ocurrió algo en Estados Unidos que le hubiera dado mucho juego a Arthur C. Clark, Philip K. Dick y J. G. Ballard, aunque no tanto a sus creadores, que entraron en pánico.

Les voy a presentar al  FAIR (Facebook AI Research), el equipo de investigación en Inteligencia Artificial de Facebook, el cual desarrolla en la Universidad Tecnológica de Georgia un proyecto para crear una AI que aprenda por sí misma y desarrolle técnicas de negociación. En la foto, los verán como chicos aplicados y sobresalientes. Yo los veo como a los operarios de las películas de Fumanchú o Spectra, afanados sin descanso ante artefactos demoníacos, cosa que me hace recordar lo que siempre me decía mi confesor: "Javier, el mal no descansa".

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Y tan felices

Cantabria está en la senda de que la legislatura que termina el próximo año lo haga con 20.000 parados menos. Lo ha dicho el presidente y si lo dice el presidente debe ser así. Es una buena noticia, en el caso de que se cumpla, cosa de lo que no dudo. Lo que no me cuadra es entonces otra noticia: La población de Cantabria se reducirá en 50.000 personas en los próximos 20 años. Y lo dice el Icane, el instituto oficial que se dedica a hacer larguísimas tablas en hojas excel. ¿Dónde está el efecto llamada de tanta agitación del mercado laboral? ¿Tan alto será el crecimiento vegetativo negativo que todos los que se vayan lo harán al otro mundo?

Una de dos: o los que quedemos estaremos todos trabajando; o los que queden serán empleados públicos, jubilados y rentistas y el resto, los que estén en edad de trabajar y que aspiren a algo más que a un contrato de seis horas, se irán. Así todo cuadra. Nada mejor que bajar el paro reduciendo la población activa. Y el último, que apague la luz.

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Yul, Liz y los dos Herreros

Todos tenemos ego, los artistas más y los actores tienen un camión de vanidad aparcado a la puerta. Si se es un actor de Hollywood, se requiere parque móvil. Enrique Herreros, padre, nació en Madrid y falleció en 1977 en Áliva, cuando su coche se despeñó en las estribaciones del Macizo Central de Picos de Europa. Dibujante, pintor, grabador, cartelista, fotógrafo, humorista, escritor, cineasta, actor y montañero son una ristra de dedicaciones que apenas ilustran el mundo en el que se movió: el humor y la imagen. Hijo predilecto de Madrid y adoptivo de Potes, estuvo vinculado al Olimpo de La Codorniz, por lo que no es de extrañar que su hijo, del mismo nombre, saliera con querencia por el cine. Teniendo por casa a Tono, Mihura y Edgar Neville difícilmente le hubiera entrado vocación por el seminario.

El padre se sacó de la manga una profesión que es mucho más que una profesión. Publicista. Se dedicó a la cartelería, fue jefe de publicidad de una compañía de cine, portadista de La Codorniz y descubridor de estrellas, caso de Nati Mistral. Dedicarse a la promoción de estrellas o manager da para llenar las paredes de fotos, pero también tiene sus momentos de horror, porque la estrellas lo son de noche, pero de día no las aguanta ni sus progenitores. El manager, sí. Ocurre ahora y ocurría cuando Hollywood estaba en la Gran Vía madrileña.

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El transfuguismo vuelve a casa por Navidad

Se presenta una cena de Navidad dura. En los viejos tiempos, diríase antiquísimos, manuales de urbanidad establecían dos líneas rojas a la hora de sentarse a la mesa, dos temas tabú, vamos: política y religión. No era una imposición pero sí lo más recomendable para que los filetes no acabaran volando ni el benjamín recibiera un cachete del pater familias.

Esta Navidad, sin embargo, se promete dura. Con Puigdemont en la boca de todos es seguro que se desate una estampida de ternera y langosta sobre el mantel. Y ya que no se puede desterrar a cuñaos y opinadores (de lo cual me alegro) no habrá tregua, por lo que se promete una noche movida en los servicios de urgencias y trabajo acumulado para las compañías de seguros a terceros. Es lo que tiene la Navidad.

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The italian job

Uno de los misterios de esta península asiática que es Europa lo constituye Italia. Este país, que en tantas cosas se parece a España, es la octava economía mundial. España es la decimocuarta. Aquel es el país número 26 en cuanto a desarrollo humano; España, el 27. ¿Cómo un país como Italia consigue sobreponerse no a una, sino a tres mafias, y a tantos gobiernos como pelos hay en la cabeza de un rastafari? Lo explican muy bien los italianos. El país va por un lado y sus gobiernos por otro. Dicho en otras palabras, los italianos se ha acostumbrado desde hace mucho tiempo a vivir, trabajar y producir sin esperar gran cosa de sus gobiernos, todo lo más que no estorben mucho.

Este es el caso contrario de España en donde la sociedad en general, y la economía en particular, siguen dependiendo de unas estructuras administrativas que, estas sí, en nada tienen que envidiar a las italianas. Pesadas, burocratizadas, voraces... El español vive y labora, pero lo hace pendiente de lo que pueda hacer por él la administración y así le va. Porque las administraciones están para otras cosas y rara vez resuelven la vida al ciudadano. Aunque tampoco ese sea su papel.

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