eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

España, donde se mata lobos para cazar votos

36 Comentarios

Lobo ibérico disecado en el Museo de la Fauna Salvaje de Boñar (León). Foto: 3Félix/CC BY-SA 3.0

Sobre el lobo ibérico corren ríos de tinta. Desde antiguo ha sido objeto tanto de veneración como de persecución. Quizá sea el animal que mejor represente la libertad y la lucha por la supervivencia frente a la dominación humana. Su conservación se presenta como un gran reto para las generaciones futuras. En su defensa cuenta cada vez con más aliados pero también con poderosos e intrincados intereses que lo quieren muerto, extinto o cautivo y exhibido como vergonzante atracción turística.

Para identificar adecuadamente el problema hay que conocer qué se esconde tras la decisión política de matar lobos, qué intereses anidan y confluyen en nuestro país con el objetivo común de diezmar la población de lobos.

No entraré en las razones que han llevado desde antaño a buena parte de la población rural a focalizar todos sus males en un animal salvaje al cual debemos la riqueza, la “salud” y el equilibrio de nuestros cada vez más reducidos espacios naturales. Existen sin duda razones sociológicas y culturales dignas de estudio; sin embargo, no resultan novedosas ni aisladas. Para el ser humano existe una arraigada creencia conforme a la cual los animales salvajes entran en competición directa con los intereses humanos y, por ello, son considerados “alimañas”, animales dañinos que hay que exterminar o cuanto menos, mantener a raya. No debemos olvidar que hasta hace relativamente poco en España existían por orden de los Ministerios de Agricultura las llamadas Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección a la Caza ,  cuyo cometido, por obvio, no necesita ser explicado. Hoy en día, la figura del alimañero, lejos de desaparecer, se está volviendo a potenciar en determinadas regiones como en Castilla y León, donde es reconocido mutatis mutandis por la vigente Ley 4/96 de Caza de Castilla y León bajo el eufemismo de “Especialista en Control de Predadores”.

Seguir leyendo »

Carreras de burros: entre lo patético y lo canalla

25 Comentarios

Carrera de burros en Vitoria-Gasteiz. Foto: ATEA

No son pocos los lugares de la geografía patria donde se celebran “carreras de burros”. Naturalmente, no es que los animalitos queden en un determinado paraje para competir entre sí, pues en tal caso sería cosa suya. Me refiero a las carreras que, organizadas por peñas, cuadrillas, comisiones festivas y demás entidades de similar pelaje, se valen de pollinos para que estos midan su capacidad atlética. ¿Qué hay de malo en ello?. La pregunta habría que hacérsela a los burros, he oído decir a ciertas mentes preclaras, como si los animales no nos contaran a través de toda una parafernalia gestual sus emociones y su estado anímico. Con todo el mérito de un título académico, intuyo que no se necesita para según qué apreciaciones. De hecho, no se solicita a nadie el título de pediatría para la pertinencia moral de su denuncia por malos tratos a un niño. ¿Qué creemos que ha de sentir un bebé dejado a pleno sol, que además llora y patalea, colorado como un tomate, sino un extremo desagrado (sufrimiento)?

Si, en general, las carreras entre animales promocionadas por los humanos merecen una reflexión en sí mismas, aquellas protagonizadas por determinadas especies se convierten en modelo de escasa virtud moral. ¿Por qué precisamente burros? Acaso esa sea la pregunta clave. Y la respuesta se presenta tan punzante como cierta: porque se trata de animales que en nuestra jerarquía moral ocupan muy bajos estratos de consideración. Se les supone tercos, necios e insensibles, cuando están muy lejos de todo eso, como atestiguan no solo los etólogos, sino todo aquel que haya tenido la oportunidad de convivir con uno de estos animales, y como en cualquier caso debería dictarnos el más elemental sentido común.

A los burros les encanta tratar con los suyos, o pegar brincos porque sí, o retozar en la arena; depende. Cosas de burros, en definitiva. Lo que me temo que no les gusta nada es que les trasladen a un escenario festivo (charangas, cohetes, griterío), ante miles de personas, y les obliguen a colocarse en la rampa de salida. Para ello hay que “convencerles”. Y como tienen la (razonable) costumbre de negarse a avanzar hacia lo que presumen desagradable (¿estúpidos?), se les lleva sí o sí, pues al fin y al cabo son meros borricos y no caballos alazanes. El firme de baldosa (con frecuencia mojada) no ayuda, y de hecho sufren una permanente sensación de inseguridad bajo sus patas. Por eso no avanzan por deseo propio. A menos que se tire de ellos mediante sogas o empujándoles del trasero. Pero creo que a eso lo llaman “por la fuerza”.

Seguir leyendo »

Retratos de los “invisibles”

Bufón (AXLA), Lextor (Txikas de Etxauri), Poli (APA Más Vida), Xisca (perrera de Aranjuez / ARPA) y Uppe (CPA de Torrejón) ©Fotopets

El momento de la adopción de Atreyu tuvo unos testigos de excepción: Merce y Andrés. Juntos crearon Fotopets, una empresa dedicada a hacer retratos profesionales de animales considerados de compañía. Muchos de sus clientes son adoptantes, y desde el principio decidieron que en esos casos donarían el 10% del precio a la asociación o protectora donde hubiera sido adoptado el animal. Pero se les quedaba corto. Querían hacer más, y encontraron la forma. Cogieron las cámaras y empezaron a contactar con asociaciones para hacer retratos profesionales de los animales en busca de familia, para facilitar su adopción.

Atreyu había sido abandonado, ni siquiera sabemos por quién. Fue uno de los 150.000 animales de compañía abandonados cada año en España. La mayoría son perros, como Atreyu. Pero también gatos, conejos, cerdos vietnamitas… Las cifras oficiales, las manejadas por las administraciones, los reducen a unos 120.000, pero las protectoras, las que realmente saben a cuántos animales rescatan, a cuántos no pueden ayudar y cuántos son sacrificados sin haber tenido una nueva oportunidad, no bajan de los 150.000.

La mayoría de esos animales se queda en el anonimato, en una historia sin pasado y la mayor parte de las veces sin futuro, en una mirada que vaga por las calles intentando sobrevivir en medio de la indiferencia, cuando no de la hostilidad.

Seguir leyendo »

El fotógrafo taurino que prohibiría los toros

Ensayo fotográfico "Toda la vida, toda la muerte". Monumental Plaza México. ©Enrique Villaseñor

Enrique Villaseñor es fotógrafo, periodista y arquitecto mexicano. Ha sido presidente del Consejo Mexicano de Fotografía. Fundó y ha impulsado la Bienal de Fotoperiodismo en México, que ha celebrado seis ediciones. Es promotor del Foro Iberoamericano de Fotografía, del que fue director académico. Como corresponsal del SELA, ha realizado reportajes y documentales sobre toda Latinoamérica. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en los cinco continentes y representado a México en prestigiosos certámenes internacionales de fotografía. Actualmente prepara una serie de publicaciones multimedia sobre fotografía, arquitectura y multimedia con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Por qué su ensayo fotográfico Toda la vida, toda la muerte?

La fotografía es, ante todo, un medio de comunicación. Comunica lo que tú vives. No concibo un fotógrafo cuya fotografía esté separada de su vida. Cuando es así, es una fotografía que se quedó a mitad de camino, pues lo que tú eres es lo que conecta con el público. Siempre concebí la tauromaquia como una expresión de cultura, de arte, de testimonio de lo que es la sociedad en la historia. Más allá del colorcito, de la musiquita, esas imágenes han sido motivo de gran placer para mí.

Seguir leyendo »

Músicos de la banda de Pamplona, objetores de conciencia en Sanfermines

46 Comentarios

Toro tras una corrida en los "sanfermines" 2013. Foto: ©Calamar2/Pedro Armestre

“Podéis alegar problemas psicosociales”, se nos dijo en aquella primera reunión. Fue la primera de muchas, de meses de consultas con abogados, asociaciones de defensa de los animales, intercambio de cartas y pareceres con final feliz en lo personal y agridulce en lo laboral. Nuestro éxito, no acceder nunca más a la plaza de toros como músicos y evitar ser cómplices con nuestra presencia de un acto repugnante y criminal.

Desde el año 2002 soy componente de la banda de música de Pamplona. Accedí a ella tras unas pruebas de elevada exigencia musical y poco después de acabar mis estudios superiores en el conservatorio. La alegría vino acompañada de cierto cachondeo familiar porque ello me obligaba a acudir a la plaza de toros cada año durante las fiestas de San Fermín. Mi aversión a la tortura taurina tenía ya pedigrí. De pequeño me llevaron a una corrida y con unos prismáticos pude ver el géiser de sangre manando del toro. Tengo por lo general mala memoria, pero esa imagen me marcó y sigue fresca en mi retina.

Por fortuna la actividad anual de la banda ofrece momentos mucho más gratificantes, tanto en sentido artístico como ético, de los que me siento satisfecho de formar parte. Sin embargo, el asfixiante peso de la tradición en España asocia a las bandas de música con actos que empañan su currículo artístico: acompañan a las corporaciones municipales en procesiones religiosas y ejercitan el arte del requiebro pasodoblero en las corridas de toros. Los primeros resultan de un anacronismo incomprensible en un Estado que se proclama laico y en el que numerosas autoridades políticas –de todo tipo y condición ideológica- siguen vistiendo sus mejores galas detrás de hostias y cruces; los segundos, además de anacrónicos, son sonrojante memoria viva de tiempos de retraso, incultura y escasa empatía con la condición de seres vivos -capaces de sentir dolor- que compartimos con el resto de animales. Si la violencia consustancial a esa condición se reduce y reprime con la conciencia (motor de la empatía), la tauromaquia parece una forma especialmente cruel de limar diferencias de especie.

Seguir leyendo »

Tauromaquia en las aulas: adoctrinando en la crueldad

34 Comentarios

Campaña "Infancia sin viOLEncia", Fundación Franz Weber

Lo que se dé a los niños, los niños lo darán a la sociedad (Karl A. Menninger)

Son las nueve de la mañana en una clase de sexto de primaria de un colegio de Castilla-La Mancha, uno cualquiera. El profesor se dirige a sus alumnos: “Niñas, niños, hoy os tenemos preparada una sorpresa. Nos visita un hombre que va a contarnos muchas cosas acerca de su trabajo, una profesión apasionante y arriesgada que hará que más de una y uno sintáis envidia. Por favor, recibidle con un aplauso...”. Se abre la puerta y entra Juan José Padilla, o David Fandila “El Fandi” , o Julián López “El Juli” (¿qué más da el nombre si a todos ellos iguala el color rojo ajeno de sus manos?)

Durante dos horas los chavales ven, tocan y aprenden (¿aprenden?) acerca de capotes, banderillas, estoques o suertes, todo ello explicado por quien, utilizándolos para confundir, torturar y acabar con la vida de un toro, los exhibe como arte, cultura, heroísmo y defensa de los toros. Sí, digo defensa, porque los toreros juran amar al toro más que nadie, lo de ensañarse con él hasta matarlo no es significativo en su discurso.

Seguir leyendo »

Estas vacaciones, no montes en elefante

Elefantes con sillas de trekking para turistas. Foto: ©Elemotion

Si te gustan los animales y tienes previsto viajar a India, Tailandia o Nepal, es muy posible que te ilusione realizar alguna actividad con elefantes. Es muy probable que te los encuentres como reclamo en tu resort, incluidos en tu paquete de viajes, en alguna visita a los templos o que te topes con ellos pidiendo limosna por las calles. Si te gustan los animales, es muy posible que este sea uno de los momentos más especiales de tu viaje y seguramente la tentación de sacarte fotos con ellos y colgarlas después en las redes sociales sea irresistible.

También es muy probable que tu cabeza tienda a reprimir cualquier pensamiento negativo y que te digas: “ya que están aquí, mejor ayudarles, seguro que sus cuidadores les tratan bien, al fin y al cabo son su fuente de ingresos”. Además, ¿qué hay de malo en que un animal tan grande cargue a turistas en su espalda o pose para unas fotos a cambio de una banana?

Asesinados en la selva para satisfacer los caprichos de los turistas

Seguir leyendo »

No es el color de piel, el sexo o la especie lo que cuenta

139 Comentarios

Una mirada más allá de la especie. Fotos de Ernst Vikne, Wilfredor y Biswarup Ganguly.

La consideración por los animales ya no es una cuestión anecdótica que interese a muy poca gente. Hoy existe un movimiento creciente de personas concienciadas con su defensa, que rechazan su explotación y reivindican que los animales deben ser plenamente respetados.

El ámbito académico, y más en concreto el de la filosofía moral y política, no ha sido ajeno a esto. También en él se ha disparado el interés sobre este tema. En línea con lo que es propio a su campo de trabajo, desde esta disciplina se han examinado los argumentos a favor y en contra de la defensa de los animales. Se han revisado las evidencias que los respaldan y se ha indicado cuáles de ellos llevan a contradicciones o posiciones injustificadas.

A continuación vamos a ver cuáles son esos argumentos. Ello, mejor que cualquier otra cosa, nos puede mostrar por qué hay cada vez más gente que se toma en serio la defensa de los animales.

Seguir leyendo »

La paradoja estética

Cafetería en Colorado (Estados Unidos). Foto de Marta Tafalla

Cuando nos preguntamos por qué la especie humana explota y maltrata de forma sistemática a tantas otras especies de animales, encontramos varias causas que se entrelazan entre sí. Las razones económicas son las más obvias, pues el capitalismo desalmado en el que vivimos, que explota a millones de seres humanos con una crueldad sin límites y desecha a muchos otros como si nada valieran, se sostiene sobre la explotación de la naturaleza, y especialmente sobre los animales. Los criamos para producir alimento y tejidos; los utilizamos como herramientas de experimentación, medios de transporte e instrumentos de trabajo. Otras veces los animales son un estorbo para las actividades económicas humanas, por ejemplo la agricultura, y entonces se los elimina antes de que produzcan pérdidas. A eso hay que añadir la violencia ritual de todo tipo de fiestas en que se tortura y mata animales, y también el maltrato cotidiano, por ejemplo a animales de compañía. En estos últimos casos necesitamos explorar tanto las causas psicológicas, como aquellos valores sociales que priman la agresividad sobre la empatía. Pero existe otro tipo de violencia más paradójica: la que realizan algunas personas a quienes los animales les gustan mucho.

Cuando se pregunta a las personas que llevan a sus hijos a visitar un parque zoológico o un circo donde se exhiben animales, por qué lo hacen, suelen responder expresando su pasión por los animales y el deseo de que sus hijos desarrollen una sensibilidad especial hacia ellos. Es por eso que pasan la tarde viendo animales mientras se comen un helado, y luego se compran un peluche de su especie preferida o una taza con dibujos de gorilas en la selva. Por supuesto se fotografían junto a las jaulas de los animales, juegan a imitar sus movimientos y sonidos, y se marchan convencidos de que han realizado una actividad educativa y de que los animales les gustan muchísimo. Si pudieran, se los llevarían a casa. Y, de hecho, por desgracia, existe un mercado negro que permite comprar cualquier tipo de animal salvaje como mascota, una “afición” creciente entre las clases sociales acaudaladas, que condena a miles de animales a una existencia de sufrimiento y se cobra innumerables vidas.

Las personas que decoran sus balcones con jaulas diminutas donde canarios, jilgueros o periquitos malviven atrapados sin poder volar, suelen decir que los pájaros son maravillosos, y que les hacen tanta compañía que ya no sabrían vivir sin ellos.

Seguir leyendo »

Mensajes de cambio en el Día de la Música

Morrissey en uno de sus conciertos. Los músicos llevan camisetas alusivas al maltrato animal. Foto: ©Tomasz Rychlik

Hoy celebramos el solsticio de verano. Este día, que desde la antigüedad dedicamos a festejar el comienzo de la nueva estación, Francia se encargó en 1982 de hacerlo coincidir con el Día Europeo de la Música. Una vez instituida en el viejo continente, esta celebración fue exportada al resto del mundo, donde ya es conocida como el día en que la música sale a la calle para acercarse al pueblo.

Así, en numerosas ciudades de todo el planeta los músicos ocupan espacios urbanos para compartir su arte, ofreciendo conciertos gratuitos para todos los públicos. En esta fiesta global, y gracias al espíritu universal y socializador del idioma de la música, se hace posible que ésta sea convierta en un vehículo ideal para el acercamiento de culturas y la transmisión de ideas. Quizás por esto, la música ha estado presente en la denuncia de injusticias a través de su historia, ya que pocas expresiones artísticas logran transmitir mensajes tan potentes de manera tan efectiva, efecto que en plena era de la información se ve maximizado por la tecnología y el apoyo de las redes sociales.

Si bien el uso de la música como herramienta política no es algo novedoso, si lo empieza a ser si se utiliza para denunciar con severidad la explotación que padecen los animales que para muchos humanos parecen sólo existir para servirles como vestimenta, alimentación, entretenimiento, objeto de experimentación o como mera herramienta de trabajo. Hace solo unos pocos años, era impensable ver un alegato abiertamente antisexista o antirracista en una obra de arte, aunque paulatinamente es algo que va quedando como un residuo vergonzoso del pasado. Hoy en día, las denuncias artísticas han evolucionado en la defensa de otros colectivos más indefensos, como lo son los animales, y cada vez son más los músicos que se movilizan para exigir justicia para ellos.

Seguir leyendo »