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Edu Soto: “Veo una crisis de ideas en la tele. Un productor no se atreve con un proyecto que no sea un éxito”

Desde que se dedica a hacer de actor nunca ha escuchado que el teatro esté bien, y ahora con la crisis todavía es peor, pero con esta coyuntura es cuando le ha salido la oportunidad de subir a los escenarios.

Informarse sobre una mentira le parece absurdo y prefiere ir al teatro, apunta Soto sobre la política del país y los medios de comunicación.

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E actor catalán Edu Soto es Valmont en 'Las amistades peligrosas' en el Teatro Goya de Barcelona / David ruiz

El actor catalán Edu Soto es Valmont en 'Las amistades peligrosas' en el Teatro Goya de Barcelona / David ruiz

Estos días podemos ver sobre el escenario del Teatro Goya de Barcelona la obra Las amistades peligrosas. Escrita en el XVIII por Choderlos de Laclos, ahora es Darío Facal quién le ha dado la vuelta y realiza la dirección. Escenografía de concierto de rock’n'roll con Carme Conesa como la Marquesa de Merteuil y Edu Soto en el papel del seductor Vizconde de Valmont. Justamente aquel Edu Soto que irrumpió en la pantalla de televisión como el entrañable personaje humorístico Mario Olivetti y que tuvo un ‘subidón-subidón’ interpretando El Neng de Castefa también con Buenafuente. Después de mucho tiempo por los platós del país y sobre todo haciendo personajes ligados a la risa, desde hace unos años ha empezado a hacer teatro desarrollando otros registros. Algo que, como este actor del Maresme nos confiesa, estaba en su hoja de ruta desde que empezó su profesión.

En general asociamos el inicio de tu carrera al personaje de Mario Olivetti del programa de en Buenafuente…
Siempre digo que yo empiezo escogiendo que quiero hacer teatro, que quiero estudiar esta carrera y que quiero dedicarme a esto. Después lo de la televisión es absolutamente adicional, anecdótico. Es lo que te da a conocer al resto de personas. Lo difícil hasta los veinti pico años era que no tenía idea de lo que quería hacer. Cuando descubro qué es el teatro, se me aclara toda esta incógnita vital y decido hacerlo con las dificultades que tiene no tener pasta y el sacrificio de hacer una carrera desde cero. Una carrera que además no era una historia muy cotidiana, ahora se empieza a conocer más esta profesión, pero en aquella época yo no tenía ni idea de por donde empezar. Después el empuje de estudiar, de hacer un cortometraje, de hacer obras con los compañeros de clase… haces un casting para Tv3 y consigues aquello que persigues. Claro, primero lo tienes que perseguir, no te vienen a buscar.

Te enmarcan muchas veces dentro del registro de la comedia. ¿Dirías que es tu lugar natural?
Para las pruebas del Instituto de Teatro –que no me cogieron– escogí hacer un monólogo de El Extranjero de Camus. Cero comedia. No tenía ni idea de cuáles eran mis cualidades o facilidades. Fui descubriendo poco a poco que con la comedia tenía una cierta facilidad y fue lo primero que me dio trabajo. Era la herramienta que más rápido utilizaba y me sentía muy cómodo. Llega un momento que te dices que quieres hacer otras cosas que no sean comedia pero hacer un personaje muy conocido a la tele se convierte en una dificultad muy grande a la hora de salirte, como los guapos que hacen de guapos o feos que hacen de feos. En este país siempre ponemos un cliché a los personajes que va haciendo la gente.

Aunque últimamente te vemos encima de los escenarios de los teatros con otros papeles…
Tengo la gran suerte y la gran gratitud de que Carlos Alfaro me ofreciera un personaje en la Compañía de Teatro Clásico de Madrid para El lindo Don Diego. Cuando en Madrid me vieron recitando verso y poniéndome en la piel de un clásico hubo un antes y un después en mi carrera. Desde entonces he ido pisando el Centro Nacional de Arte Dramático de Madrid y trabajado con Andrés Lima. En Madrid me empiezan a conocer de otro modo, en Barcelona no ha llegado y, si ha llegado, es porque se dice que “el Edu está por allá haciendo cosas diferentes”. No se me conoce por esta nueva posibilidad que se me ha abierto en Madrid, la gente aquí recibe con mucha sorpresa el hecho que ahora esté haciendo un clásico en el Goya. Tengo la tranquilidad que esto ya se ha normalizado en Madrid, que es donde vivo ahora y dónde tengo más trabajo.

Las amistades peligrosas es un clásico que de la mano del director Darío Facal no tiene nada de clásico: la escenografía, la música…
Darío siempre explica que en un festival de Alcalá le piden hacer un clásico y él pregunta hasta qué época se considera clásico. Le dijeron que era hasta finales del siglo XVIII y esta obra por pocos años todavía estaba considerada clásica… pero claro, un clásico bastante moderno, de escritura por ejemplo. Además él es un personaje muy loco y que lo primero que piensa es darle la vuelta a la estructura clásica y actualizarla, por eso cuando entras en la platea enseguida ves una batería, un bajo, micros, cables… desde la primera impresión se ve que esto es diferente. Al principio sorprende al espectador pero cuando lee el código se va muy contento de haber visto un clásico con esta modernidad, sin haberse cargado el texto y añadiendo nuevas cosas al que ya está creado.

La obra tampoco podemos considerarla un musical. ¿Hasta qué punto la música ayuda en la narración de la obra?
La explicación más fácil que he encontrado es que la música de esta función es cómo cuando voces una película clásica y le ponen música. Le hemos puesto una banda sonora a la función y cuando hay un momento de erotismo o más loco lo intentamos apoyar con la música.

Entre esta pieza y la cabaretera The Hole, estás interpretando un tipo de papeles en una línea con mucho erotismo…
Es un disfraz. Todos los seres humanos tenemos un poco de todo, hay gente que aparentemente no son muy guapos físicamente y que son muy eróticos, gente que no sigue los cánones de belleza y que en la vida cotidiana son muy sensuales. En estos casos son papeles en los cuales tienes que poner en primera línea una seducción. Si la próxima obra que me ofrecen es la de un hombre con problemas de sociabilidad y que tiene miedo a las mujeres, pues fantástico. Todo esto es un juego y el actor nunca se tiene que sentir completamente identificado con el personaje. El problema es el de siempre, cuando te ven en un papel a partir de aquel momento sólo te ven allá. También es normal, cuando un director busca a un actor para un papel la referencia que tiene es las cosas que ha visto. Lo realmente guapo es cuando no has hecho nunca un papel y un director te lo ofrece. Cuando hay este atrevimiento, por parte del actor siempre habrá una gratitud por el hecho de haber confiado en él.

Las amistades peligrosas también infectan la política de nuestro Estado…
Sinceramente, no leo los diarios ni miro las noticias. Estoy un poco al margen de la actualidad, a voluntad completamente: no me interesa, no me veo representado por ningún político, todo es un poco un circo y no me creo el que me dicen. Informarte sobre una mentira me parece absurdo, prefiero ir al teatro.

Uno que tiene amistades peligrosas es el Pequeño Nicolás… ¿Podría ser un personaje interesante para llevarlo a escena?
Esta noticia sí que me ha llegado… por muy aislado que estés de la realidad... Seguro que algún día harán una película sobre este chaval. La gente busca ser popular, busca la fama… Yo he sido una persona bastante reconocida por la gente pero lo que está bien es cuando haces algo, ser reconocido no es el objetivo. Nunca he querido ser famoso, yo he querido hacer bien mi trabajo, que implica ser conocido. Pero claro, Nicolás, no sé qué tendrá a la cabeza. Sería divertido conocerlo para saberlo.

¿Con la libertad de acción sexual y la falta de pudor que, por ejemplo, se ve a la TV de hoy en día, continúa chocando el argumento de Choderlos de Laclos?
Hay mucha gente que se ha levantado durante la función y ha marchado escandalizada. La tele parece que nos abre la mente, pero en realidad nos la cierra. La gente ha vivido pocas cosas y se escandaliza muy rápidamente. En la tele, por ejemplo, hay mucha censura, no puedes hablar de según qué temas con la libertad que crees que tienes. No estamos tan familiarizados con el escándalo. En la obra, el protagonista viola a una niña de quince años, seduce a una mujer con el marido en la guerra… Cuando vivess en una gran ciudad como Valencia, Barcelona o Madrid piensas que lo normal es lo que ves a tu lado, pero si sales un poco de las grandes ciudades, la gente no está tan abierta.

Y de trasfondo del teatro tenemos la crisis, el IVA…
Es un impedimento más para que la cultura avance de manera fluida, la crisis ha afectado como en todo. Por otro lado, desde que me dedico a esto nunca he oído que el teatro está bien, ni en la época de euforia económica. Incluso en las galas se comentaba aquello de que ‘el teatro está fatal’. Precisamente en estos momentos que hay una crisis general, sí que veo en la tele una crisis de ideas. Un productor no se atreve a arriesgarse con un proyecto que no sea un éxito en Francia e Inglaterra, o no se atreven a traer a un actor a un lugar donde creen que hay un riesgo, quieren ir a asegurar el tema. En el teatro la paradoja es que es un medio con menos dinero que la tele pero me siento más libre. Me veo con la libertad de escribir una obra de teatro y hacerla con cuatro colegas. En el teatro hay una posibilidad, en la tele no tienes ninguna si no te llama un productor o una cadena.

Apareces en muchos programas de famosos… ¿Existe el miedo de convertirse en parte de la fauna de la TV que vive de ser un invitado?
Cuando voy a un programa de tele es porque es digno, porque aunque no me guste lo que proponen es digno y la gente que me rodea es toda digna. Nunca me verás en un programa con según qué personas, lo primero que pregunto cuando me llaman para hacer un trabajo es quién estará sentado a mi lado. Lo que pasa es que la gente piensa que si no sales en la Tv ya no estás haciendo nada… No sólo no vivo de qué hice, sino que estoy dándole la vuelta y llevo cuatro años empalmando curro decente de teatro, estoy en un momento en el que me están llamando directores inimaginables hace cinco años. Costó mucho y estuve muchos años comiéndome las uñas pero he conseguido mi objetivo: trabajar en el teatro después de toda aquella época.
Con Edurne Pasaban hiciste un 2.800 y con Calleja cruzaste Mongolia… ¿Cuál es tu próximo reto profesional?
Teniendo en cuenta el momento de euforia profesional que estoy pasando y esté haciendo el trabajo que esté haciendo, pienso siempre en un proyecto personal. Hace unos años hice en Barcelona Exit/Salida que no fue un éxito sino que fue una salida. Hizo aguas por todos lados. Si apuestas por una cosa tuya siempre esperas que sea un éxito. Fue un tortazo emocional y cuando pasa esto o tiras la toalla o cargas pilas para volverlo a intentar. Me he decantado por la segunda opción y estoy preparando un espectáculo, está escrito, tengo los actores y músicos, productora, teatro… Lo único que falta es la fecha y el nombre. A partir de mayo veremos. Soy un cabezón y tiro adelante con este nuevo sueño. Me ilusiono con una historia personal, con mi identidad, que explica problemas o dudas que nos rodean a todos, que son nuevos y que no se pueden leer en un libro.

¿Por qué la gente tiene que venir a ver Las amistades peligrosas?
Es una propuesta que seguro que sorprenderá. Como espectador te sientes un poco estafado cuando vas al teatro y te dices que era totalmente prescindible haber ido a ver lo que has visto. Soy muy crítico con el teatro porque me dedico y como espectador espero que haya una sorpresa, algo que valga la pena –el texto, un momento, el actor o la propuesta escénica–. En este espectáculo hay una propuesta escénica muy arriesgada, hay un casting que está muy acertado con unos actores jóvenes fantásticos y no te vas a casa indiferente. Te vas diciendo que ha sido una experiencia venir al teatro. Hoy en día es muy importante que haya una propuesta que no sea prima hermana de aquella que fuiste a ver la semana pasada.
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