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¡A la clandestinidad! Cine contra la reforma de la Ley del aborto

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El próximo día 1 de febrero cientos de feministas de todos los rincones del Estado español y de otros lugares de Europa se darán cita en Madrid para protestar contra la reforma de la Ley del aborto propuesta por Alberto Ruiz Gallardón que pretende eliminar las libertades adquiridas con la actual ley de plazos que permite la interrupción libre del embarazo (sin necesidad de dar ninguna explicación) hasta la semana 14 de gestión y hasta las 22 semanas en caso de que se detecten malformaciones en el feto o de que haya riesgo para la salud de la madre.

La supresión de esta ley, mucho más idónea y en consonancia con la legislación de otros países europeos como Francia o los Países Bajos, supondría un retroceso mayúsculo respecto a los derechos sexuales y reproductivos conquistados por el movimiento feminista en las últimas 3 o 4 décadas.

Sabemos que aproximadamente la mitad de los abortos que se realizan en el mundo se hacen en condiciones inseguras y de insalubridad y que más de 65.000 mujeres mueren al año a causa de complicaciones en este tipo de intervenciones. Sabemos, tal como afirma la OMS, que las leyes restrictivas no se traducen en una disminución de las tasas de abortos y que la educación y la información en materia de salud sexual y la facilitación del acceso a los anticonceptivos sí reducen los embarazos no deseados. Sabemos que antes de la legalización del aborto, en España, los índices de morbilidad y mortalidad materna eran exponencialmente más altos que en la actualidad. Sabemos, que de los 80 millones de embarazos no planeados que hay en el planeta (2 de cada 5), el 58% acaban siendo interrumpidos…

Lo sabemos (también lo sabe el señor ministro de Justicia) y sin embargo se siguen esgrimiendo argumentos hipócritas que defienden la vida de un cigoto mientras se precariza la de las mujeres, especialmente la de aquellas con menos recursos económicos. Pretenden limitar nuestros derechos; devolvernos a la domesticidad y a la dedicación exclusiva a los cuidados, a la maternidad obligatoria, a la represión, a la clandestinidad.

Nos tratan como a máquinas de procrear, como incubadoras que deben ser controladas, como ciudadanas de segunda que necesitan ser tuteladas (casi siempre por varones) porque son incapaces de pensar por sí mismas y tomar decisiones racionales. Y en base a esa creencia tan patriarcal (y tan arraigada, por desgracia) se nos priva de nuestra autonomía y se nos despoja del derecho a decidir, mientras soportamos todo tipo injerencias morales, religiosas, económicas y políticas en nuestros cuerpos.

Así la cosas, como profesionales responsables de la comunicación nos toca la justa aunque compleja tarea de transformar los medios, utilizándolos como herramienta de análisis para visibilizar e impulsar cambios sociales respecto a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Cómo colabora, por ejemplo, la imagen cinematográfica en la reivindicación y representación del derecho al propio cuerpo y al aborto? ¿Qué imaginario colectivo se construye alrededor del aborto? Quizás en estas jornadas previas al viaje del Tren de la libertad, algunos filmes nos sirvan para reflexionar sobre el papel que juega el cine –y el audiovisual en general– en la conquista de estos derechos.

Y es que el cine como herramienta de transformación y socialización también puede ser promotor y afianzador de derechos como el de la interrupción voluntaria del embarazo. Aunque las circunstancias que rodean el ejercicio de este derecho están fuertemente cargadas de contenido ideológico, las películas que han abordado este tema nos permiten acercarnos al contexto, a las emociones, a las razones y a las características sociodemográficas de las mujeres que deciden practicarse un aborto.

Así podemos asomarnos a El secreto de Vera Drake (2004) de Mike Leigh, Las normas de la Casa de la Sidra (1999) de Lasse Hallström, Abortar en Londres (1977) de Gil Carretero, 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007) de Cristian Mungiu, Un asunto de mujeres (1988) de Claude Chabrol, Si las paredes hablasen (1996) de Nancy Savoca, A Private Matter (1992) de Joan Micklin Silvero Leona's Sister Gerri (1995) de Jane Gillooly son interesantes exponentes de un  cine que habla de clandestinidad, de turismo abortivo, de transgresión, de salud materna y mortalidad, de políticas poblacionistas, de supervivencia, de roles de género, de doble moral, del poder y control que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres, “del miedo del hombre a la mujer sin miedo” del que habla Eduardo Galeano, de opciones de vida, de maniqueísmos y moralinas hipócritas, de las contradicciones del discurso dominante, de la responsabilidad sobre las tareas de cuidados, de identidades, de opresiones de clase y opresiones de género, de resistencias, de mujeres reales como Gerri Santoro que murieron por someterse a un aborto inseguro y de mujeres, como Marie Latour, que pusieron en juego su libertad y su vida para preservar la de otras.

Historias de mujeres para una cuestión que atañe solamente a nuestros cuerpos, pero sobre la que demasiado a menudo deciden hombres con corbata y con sotana. Y es que ya lo dice Marie Latour en Un asunto de mujeres al referirse a aquellos que la están juzgando: “Además todos son hombres. ¿Qué pueden entender de esto los hombres?”.

Este asunto lo arreglamos entre todas. Que no nos impongan películas de terror.

“La mujer decide, la sociedad respeta, el Estado garantiza, las Iglesias no intervienen”.


Article publicat a Dones en xarxa

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