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Ahora mismo: de investiduras, elecciones y poder

"A día de hoy en Catalunya se vive una confrontación hacia (los) poder(es) y entre los poderes. En buena parte, asistimos a la implosión del cierre en falso que supuso la transición y la olla a presión de la constitución", asegura el miembro del secretariado nacional de la CUP

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I som on som; més val saber-ho i dir-ho
i assentar els peus en terra i proclamar-nos
hereus d’un temps de dubtes i renúncies
en què els sorolls ofeguen les paraules
i amb molts miralls mig estrafem la vida.

Miquel Martí i Pol

El proceso, o más bien el processisme, ha tenido un efecto narcótico sobre el debate político, haciendo desaparecer los matices y, incluso, la confrontación ideológica tanto evidente como necesaria. Esta voluntad narcótica, quirúrgicamente diseñada en los despachos convergentes y aplicada por su aparato mediático y propagandístico (público y privado), pretende ocultar una cuestión central en política: el poder. Como en todo estado, también en uno de potencial nacimiento, las relaciones de poder intrínsecas al mismo son cuestión central. Y es aquí donde podemos buscar respuesta a algunos de los interrogantes que se ciernen sobre la situación política del proceso.

A día de hoy en Catalunya se vive una confrontación hacia (los) poder(es) y entre los poderes. En buena parte, asistimos a la implosión del cierre en falso que supuso la transición y la olla a presión de la constitución. Por un lado, la relación centro / periferia, ha entrado en una fase de profunda contradicción de difícil solución. Probablemente, sólo un referéndum con pleno reconocimiento del estado y la comunidad internacional podría poner remedio de manera pacífica, y evitar la vía unilateral necesariamente conflictiva e incierta, pero inevitable a día de hoy. Dejando de lado la reconfiguración del régimen político del 78 al estado, que pocas soluciones aporta y aportará a la cuestión nacional, el otro principal elemento de confrontación es el poder en Catalunya.

La caída del Pujolismo como sistema de poder y como hegemonía convergente que ha dominado durante décadas política y sociológicamente buena parte del panorama político, se ha precipitado los últimos tiempos, y ha abierto nuevas grietas en las relaciones de poder en Catalunya. Por un lado, la sucesión de Pujol hacia Artur Mas se ha visto descabezada en la línea de sucesión hacia Oriol Pujol, tocado por el caso de las ITV y manchado por los negocios oscuros de la familia. Por otro, el peso de CDC ha ido disminuyendo elecciones tras elecciones. El descenso de 2012 fue un terremoto de mala digestión, cuando aspiraban a la mayoría absoluta, que obligó a la dirección convergente a seguir la inercia brutal de las movilizaciones independentistas. Con habilidad, y en ocasiones con riesgos notables (9N), Mas consiguió someter a ERC, presa del pánico de ser considerada culpable del "descarrilamiento" del proceso. Sin embargo, a día de hoy el mundo convergente pasa por el peor momento parlamentario con sólo 29 diputados propios.

Estamos donde estamos.- En noviembre de 2012 las elecciones al Parlament daban un mandato popular claro de realizar una consulta sobre el futuro político de Catalunya. El 9 de noviembre de 2014 la consulta los 2.300.000 votantes con un 80,76% favorable al estado independiente. Entonces tocaba volver a poner las urnas, pero esta vez para celebrar el plebiscito mediante unas elecciones al Parlament, para esquivar el bloqueo del estado. El entonces presidente, pero, no las convocó, ya que exigía que todo el mundo aceptara sus condiciones, en particular una lista única con él como candidato indiscutible. Meses después, en un ejercicio de processisme en estado puro, Mas anunciaba el 27 de septiembre como fecha para las elecciones plebiscitarias. Con esta fecha límite, fue como, reunidos en Palau con ERC, la CUP y la presencia de Òmnium y el ANC, Artur Mas impuso a ERC la lista de Junts Pel Sí. Un clima de presión desbocada por parte de todos los tentáculos convergentes contra ERC había allanado el camino previamente. El resultado, conocido, dio una mayoría en escaños pero que se quedó a las puertas del 50% deseado y, lo más relevante, que JxSí no obtuvo mayoría suficiente para imponer su candidato.

En la recta final de la campaña los estrategas de CDC se fijaron el objetivo de una mayoría absoluta que, como era previsible no lograron y pasó lo que querían evitar: la investidura dependía de la CUP, que ya había negado con rotundidad esta posibilidad, algo que se confirmó en la doble votación en el intento de investidura de Artur Mas. A día de hoy, parece que la situación se encuentra bloqueada por escollo de la investidura, algo que no es del todo cierto. Sin embargo, los agentes implicados no abandonan el discurso de que el acuerdo es posible, si bien a menudo suena más a retórica que en realidad, cuando hay quien exige ya elecciones anticipadas.

Los ruidos ahogan las palabras.- En este escenario, un cónclave de JxSí en Poblet (siempre el retórico simbolismo épico ...) tomó el pulso interno en la coalición. De lo que se habló nos lo podemos imaginar, qué se acordó no lo sabemos, pero cuál ha sido la línea adoptada por CDC es clara. La han evidenciado Mas-Colell y Homs. Hay quien quiere vender en estos movimientos como una posible disputa de sectores, pero lo cierto es que nos encontramos ante una revuelta del propio Estado Mayor, del Pinyol, la guardia pretoniana de Artur Mas. Hay hoy dos elementos relativamente nuevos: la reaparición de David Madí, y la decisión CDC de jugar al doble o nada. La primera tiene poca importancia para el fondo pero no por la forma, que pasa por que Mas y su equipo tomen el timón directamente y no dejando a un Camamilla Party que hace ser tan eficaz con ERC como está resultando inútil con la CUP. El segundo, pone sobre la mesa una partida de cartas que se juega al doble o nada.

CDC ha perdido poder, pero no está dispuesta en ningún caso a perderlo todo, por lo que la investidura de Mas es una condición Sinequanon. La presidencia permite a Mas continuar pilotando la nave y eso incluye girar o anclarla. Este control le ha llevado donde está, y lo hace evidente el hecho de que ERC haya dejado claro que en caso de elecciones anticipadas no repetirán coalición con CDC. Pero ya no tiene la llave del 27S pero quiere recuperarla, y con ella el poder absoluto del gobierno con una cantidad ingente de cuadros crecidos a gobierno contra los que ERC no podrá luchar. Doble o nada: o alcanzan la investidura a cambio de nada, o van a elecciones anticipadas.

Todo está por hacer y todo es possible.- Todo ello no va (mucho) de proceso, va de poder, de no perder, de mantenerlo, y de hacerlo a cualquier precio. Es por ello que a día de hoy todos los escenarios son posibles -deseados o no-, desde el acuerdo de investidura, a un cambio de timón en función de los resultados del 20D a unas elecciones anticipadas en marzo de 2016.

La propaganda convergente habla de las enormes cesiones que ha hecho CDC y JxSí a la CUP, que no habría hecho ninguna. La realidad es bien contraria. De momento sólo hay una declaración de inicio del proceso, que estaba en el programa de JxSí, con un anexo que recoge algunas de las propuestas de la CUP. Declaración de que el propio aparato convergente tacha de papel mojado si no hay investidura. Nada más. El despropósito de Mas-Colell contra las propuestas de la CUP no eran por falta de presupuesto sino por ideología (legítimo, pero no lo camuflan).

¿Y el resto? Aquí radica la clave: ¿qué garantías ofrece CDC y Mas de seguir algún hoja de ruta acordado? La canción decía que los tratados con rostros pálidos son papel mojado, las amenazas al respecto de CDC lo confirman, y los antecedentes de los incumplimientos del acuerdo con ERC de la anterior legislatura lo certifican. Y es por eso que la Declaració de Ruptura se votó antes del debate de investidura: era la única garantía de aprobarla y, por tanto, dotar al proceso de una hoja de ruta clara con el aval de una mayoría democrática incuestionable.

Probablemente tras el debate en torno a la investidura y Artur Mas se esconde algo más importante, y es si aquí todo el mundo juega en la misma partida. Si lo que hay sobre la mesa es la confrontación con el poder del estado para lograr la ruptura democrática que supone la independencia, o si lo que estamos es en un juego de ajedrez sobre las relaciones de poder en Catalunya. Seguramente todo el mundo juega a ambas cosas. La duda es si todo el mundo tiene claro que la ruptura con el estado es necesaria, o si hay quien está dispuesto a desactivar el proceso si así garantiza la continuidad en el poder, si es necesario (neo) autonómico.

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