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Educación para la libertad

"Indudablemente, una educación escolar que fomenta hacerse preguntas, y no responder a preguntas ya hechas, sería una herramienta de incalculable valor para practicar la libertad".

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Mario Ruiz es autor del blog  El Thing de Mario

Con motivo del deterioro de las condiciones económicas de gran parte de la población, vivimos una incipiente revisión de los valores hasta ahora totalmente hegemónicos. El hecho de que un escrache a un político que no apoya la dación en pago no sea considerado como violencia por amplios sectores de la población, y sí lo sea cuando un banco embarga la única vivienda a una familia con todos sus miembros en paro, evidencia dicho cambio de valores y la redefinición de conceptos como violencia.

Otro concepto en incipiente revisión es el de la democracia. Al lanzar proclamas en favor de la participación ciudadana en la vida política, lo que se está haciendo es cuestionar el sistema de valores por el cual la ciudadanía está destinada a ser objeto, y no sujeto.

Sobre todo esto discutió ampliamente el gran pedagogo brasileño Paulo Freire. Su obra Educación como práctica de la libertad, a pesar de ser escrita en 1967 y en otro contexto totalmente diferente al nuestro, goza de una rabiosa actualidad. Me gustaría por tanto rescatar algunas de sus ideas que sin duda pueden ayudarnos a entender las posibilidades que se abren en este incipiente proceso de cambio, que solo será verdadero y profundo si además de derrotar al bipartidismo en las urnas, se consigue romper su hegemonía de valores.

Para Paulo Freire, la alfabetización y la educación solo tenían sentido como parte de un proceso por el cual la persona dejaba de ser un sujeto pasivo para convertirse en un sujeto activo. La educación no consiste en la mera acumulación de contenidos; es un diálogo continuo en el que el profesorado no marca las preguntas que el alumnado tiene que saber responder, sino que se trata de un proceso de toma de conciencia por parte del individuo de su lugar en la sociedad. Se trata de aprender a pensar críticamente para hacerse preguntas, y no en memorizar para contestar a las preguntas impuestas por el profesorado. Es una educación, en suma, que entiende que a pensar se aprende pensando, y no repitiendo los pensamientos de otros.

Habrá quien ya esté pensando que se trata de la típica pedagogía que queda bonita en los métodos de formación del profesorado, pero inviable en el aula. Nada más lejos de la realidad. Paulo Freire consiguió un éxito rotundo con su método de alfabetización de adultos. En menos de 45 días conseguía alfabetizar grupos enteros de adultos, sorprendiendo así a quienes se sorprendían al ver que la alfabetización parecía no comenzar hasta la tercera sesión, sino que primero se ayudaba al alumnado a tomar conciencia de la fuerza de transformación que tiene la palabra.

¿Pero qué tiene que ver la exitosa labor de alfabetización en el Brasil de los años 60 con el momento de cambio que vive España hoy en día?

Con una educación pasiva, sostiene Freire, es imposible formar una ciudadanía que se integre en un impulso de democratización. A mi juicio solo cuando el conjunto de la ciudadanía tome conciencia de sí misma, y asuma que su rol ha de ser el de sujeto activo, y no pasivo, viviremos cambios profundos. Y ello solo se va a conseguir si conjuntamente construimos una educación libertadora y otra manera de hacer política. De la misma manera que a pensar no aprendemos repitiendo pensamientos ajenos, nadie va a conseguir tomar una conciencia política crítica únicamente escuchando debates entre políticos. Esa conciencia política crítica solo puede venir de la práctica de la reflexión, solo puede ser fruto del diálogo y nunca de la mera escucha.

Las formaciones que no entiendan eso están abocadas a conseguir cambios superficiales, que pueden llegar incluso al éxito electoral, pero que no amenazarán el sistema de valores por el cual la ciudadanía se limita a ser sujeto pasivo. Se trata de buscar un cambio conla ciudadanía, no para la ciudadanía. No se trata de seguir ofreciendo soluciones paternalistas, de cambiar técnicos de un signo para ponerlos de otro. Se trata de que la ciudadanía aprenda a reflexionar sobre lo que es mejor para sí misma. De que la ciudadanía representada y sus representantes dialoguen continuamente, de que la labor de los representantes sea controlada por quienes representan, y no únicamente por otros representantes. De que la ciudadanía se involucre en la identificación de problemas y en la búsqueda de sus soluciones.

Indudablemente, una educación escolar que fomenta hacerse preguntas, y no responder a preguntas ya hechas, sería una herramienta de incalculable valor para practicar la libertad.  Aseguraría que el actual momento de cambio no sería meramente la reacción ante pérdidas materiales como un piso o un trabajo, sino el inicio de una toma de conciencia ciudadana que rechaza los paternalismos para reconocerse como sujeto político de pleno derecho.

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