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eSIM: seis ventajas y seis inconvenientes para el consumidor

Las tarjetas SIM electrónicas, embebidas en smartphones y otros dispositivos, serán un estándar a partir del verano y supondrán una revolución en el sector de la telefonía móvil de cara a los derechos del consumidor.

Sin embargo también contemplan algunos peligros y escenarios desfavorables a los intereses del usuario. 

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Foto: Mroach

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La patronal del sector, la GSMA, lo anunció durante el pasado Mobile World Congress: las clásicas tarjetas SIM de cartón van a desaparecer y el estándar eSIM pasará a formar parte de los teléfonos inteligentes a partir del verano, tras dos fases de adopción progresiva de esta tecnología. En la primera, que comenzará ya mismo, la eSIM se incluirá en tabletas y smartwatches. De hecho, Telefónica ha anunciado que comercializará desde abril, y en Alemania, el reloj Gear S2 de Samsung, el primer dispositivo lanzado al mercado que llevará una eSIM.

En una segunda fase, en verano, la eSIM irá ya incluida en los nuevos smartphone que se pongan a la venta. Nos aguarda entonces un futuro lleno de ventajas y amplias posibilidades revolucionarias. Pero la entrada de esta nueva tecnología no está exenta de riesgos y situaciones desfavorables a los intereses del consumidor. Veamos cuáles son los puntos fueres y las debilidades de la entrada en vigor de la eSIM.

Escenario favorable

  • 1. Podremos decidir libremente nuestro operador: el cambio de operadora sigue siendo un proceso fatigoso, lastrado por conversaciones con teleoperadores en las que a veces se producen malos entendidos que nos obligan a gastar horas y saliva para solucionarlos. La eSIM, en cambio, implicará -no en un futuro inmediato- contactar con un nuevo operador -por SMS o mensajería, por ejemplo- y que este nos cargue inmediatamente su perfil en la tarjeta. Después podemos activar el nuevo servicio tras aceptar el contrato.
  • 2. Podremos incluso combinar varios operadores a la vez: La eSIM permitirá cargar numerosos perfiles de operadores y podremos elegir el que más nos interese, cambiando libremente con solo dar aviso. Esto nos permitirá buscar la tarifa que nos convenga más en cada momento y efectuar la llamada o el consumo de datos desde el operador más barato, o con mayor cobertura, etc. Incluso se habla de futuribles aplicaciones para móvil que automatizarán estos cambios de un operador a otro en busca de la mejor opción para nosotros.
  • 3. Diremos adiós al roaming: Del mismo modo que podremos saltar de un operador nacional a otro, cuando lleguemos al extranjero es muy posible que nos lleguen SMS de operadores del lugar que nos propongan cargar su perfil en nuestra eSIM. De este modo podremos contratar un operador local a precio local, sorteando el roaming.
  • 4. Podremos usar 4G en el extranjero a precio de nativos: El fin del roaming vía la eSIM puede suponer una revolución para el turismo al permitirnos consultar mapas para saber dónde están las atracciones y museos, comprar entradas para espectáculos, hacer reservas en restaurantes, alquilar coches, bicicletas, etc., sobre la marcha. Plataformas como Foursquare, de recomendación geolocalizada, pueden de este modo cobrar sentido.
  • 5. Los precios pueden volver a bajar: si este futuro ideal descrito hasta el momento se cumple, las operadoras tendrán que luchar a muerte por el consumo de los usuarios, que irán siempre a la tarifa más ventajosa. Los operadores móviles virtuales, ahora muy afectados por la falta de ofertas convergentes -las que incluyen tele por internet, fútbol, cable, etc.- volverán a tener una oportunidad de mostrar su flexibilidad en los precios. Por su parte los grandes del sector, que últimamente habían subido precios, se verán arrastrados por la espirar deflacionista.
  • 6. Ya no necesitaremos un móvil para comunicarnos: muchos usuarios, sobre todo jóvenes, apenas usan el smartphone para llamar. Su comunicación se basa en los mensajes por Whatsapp, Snatchap, Telegram y otras aplicaciones. Por otro lado, hasta ahora los smartwatches iban vinculados a la conectividad del móvil vía bluetooth, pero con la eSIM podrán tener su propio contrato independiente. A muchos usuarios quizás les interese más comprarse un reloj inteligente por menos precio que un móvil y usarlo para comunicarse y escuchar Spotify.

Escenario desfavorable

  • 1. Tendremos que volver a comprarnos el dichoso móvil: la eSIM no tiene, por decirlo de algún modo, carácter retroactivo: no se puede cargar en los móviles que no la lleven de fábrica. Por lo tanto, todos aquellos que ahora tengamos un móvil nuevo, seminuevo o en perfecto estado y queramos incorporar la eSIM a nuestra vida, deberemos renunciar a él y pagar por uno nuevo. En este sentido, la adopción del estándar eSIM es una jugada de la GSMA para reactivar la ventas de móviles, ahora muy estancadas.
  • 2. No será útil sin cambios legislativos: aunque nos compremos un móvil nuevo con tarjeta eSIM, se necesitarán modificaciones legislativas que agilicen las gestiones de cambio de contrato, para que realmente haya diferencias con la SIM de cartón. En este sentido, la presión de las operadoras sobre el gobierno de turno puede hacer que el ministro del ramo frene dichas modificaciones y hasta las bloquee, dejando sin efecto la utilidad de las eSIM.
  • 3. Posibles conflictos con los contratos de permanencia: es posible que si teníamos un antiguo contrato con un operador con permanencias incluidas, no podamos usar la tarjeta electrónica si no pagamos la rescisión de la permanencia. En algunos casos esta penalización puede valer la pena, pero para usuarios con contratos recientes y móviles antiguos, la adquisición de uno nuevo será agridulce, pues no podrán usar la eSIM con plenitud hasta que venza la permanencia.
  • 4. Perder las ventajas de las ofertas convergentes: un número creciente de usuarios tiene contratadas ofertas convergentes de Movistar, Vodafone u Orange, en las que se incluye internet fijo, televisión por internet, fútbol, videoclub, etc., además del móvil. Si queremos usar la eSIM, antes tendremos que romper la convergencia y perderemos sus ventajas, es decir sus buenos precios. Es posible que pasemos a pagar de golpe mucho más por la fibra, Netflix, Movistar TV, los partidos de la Champions, etc.
  • 5. Aumentará la desigualdad digital entre regiones: supongamos que en efecto los precios de conexión entran en un espiral deflacionista. Es algo bueno para nuestro bolsillo, porque pagaremos mucho menos. Pero hará que el margen de beneficio de los operadores baje y, por tanto, también lo hará su inversión en desarrollo de redes 4G y 5G en las zonas que son menos rentables: pueblos y ciudades pequeñas.
  • 6. Podríamos ser presa de los intereses del fabricante: si nos podemos librar de la presión de los operadores, lo último que querremos es caer en las redes de los fabricantes. Estos, en función de sus intereses, podrían cargar por defecto determinados perfiles de operadores en la eSIM. Por ejemplo, podrían constituirse ellos mismos en operadores virtuales e incluir por defecto en la tarjeta solo el perfil de su plataforma. Sería un caso similar a lo que ya sucedió durante muchos años con Windows e Internet Explorer en los ordenadores.

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