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Cuatro lugares del sur de Polonia que merece la pena visitar antes de que la nieve lo cubra todo

Polonia es uno de los países más pintorescos de Europa, con sus ciudades medievales, su entorno rural y su abundante vegetación.

Pero también es un país significativamente barato para el bolsillo español y con buenos locales de ambiente alternativo.

Dos provincias del sur, la Baja Silesia y la Pequeña Polonia, poseen poblaciones muy peculiares, con fuerte influencia alemana, checa y austro-húngara. 

Con la entrada del otoño se añade el aliciente de los mil colores de fuego que presentan las hojas de robles, arces y hayas.

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Foto: Jordi Sabaté

Foto: Jordi Sabaté

Perderse por las carreteras rodeadas de bosques y verdes llanuras de la Baja Silesia, en el suroeste de Polonia, es como transitar por los caminos de Invernalia, el norteño reino donde en la serie Juego de Tronos gobierna la familia Stark. Dormir en alguno de sus innumerables castillos de arquitectura prusiana, es como hacerlo en Desembarco del Rey, el feudo de los Lannister en la misma serie. Toda la provincia, o voivodato, que es como se les llama en Polonia a las provincias, es ideal para encontrar localizaciones donde rodar las escenas de los reinos más septentrionales de Poniente. Y con la entrada del otoño se añade el aliciente de los mil colores de fuego que presentan las hojas de robles, arces y hayas

Foto: Jordi Sabaté

Una habitación con vistas en Czocha. Foto: Jordi Sabaté

Pero además, la Baja Silesia tiene como capital a Wroclaw. Decir que en alemán se la conoce como Breslau y en checo como Breslavia es un poco contar la historia de esta ciudad y la zona que la rodea. Formó parte de la antigua Prusia Oriental -hasta el siglo XIX fue casi exclusivamente alemana- así como de los reinos de Bohemia y Moravia. En 1939 fue ocupada por los nazis y defendida a sangre y fuego hasta 1945, año en que fue asignada a Polonia definitivamente. Su arquitectura y su ambiente, son una mezcla de todas las culturas que la han habitado

Si nos movemos 300 kilómetros hacia el suroeste, entraremos en la Pequeña Polonia, donde encontramos Cracovia, la antigua capital de Polonia y corazón cultural del país. Allí, además de una ciudad medieval que ha resistido infinidad de guerras, encontraremos el barrio judío más importante y mejor conservado de Europa, Kazimierz, que ha sabido ponerse al día con un magnifico ambiente alternativo sin perder todo el sabor más de 700 años de tradición. 

Foto: Jordi Sabaté

Vista aérea de Wroclaw. Foto: Jordi Sabaté

Finalmente, visita imprescindible es el campo concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, a 40 kilómetros de Cracovia; una experiencia tan sobrecogedora como enriquecedora, que nos inducirá a una reflexión sobre la condición humana que tal vez nos acompañe para siempre. Adicionalmente podemos visitar en la misma Cracovia la fábrica de Oskar Schindler, el empresario moravo de etnia alemana que ayudó a sus empleados judíos a sortear el exterminio. 

1. Wroclaw

Wroclaw combina a la perfección el ambiente estudiantil de vocación cosmopolita de las ciudades del oeste europeo, con una arquitectura medieval de fuerte influencia prusiana y un gran patrimonio eclesiástico de las más diversas religiones. Aunque hoy es predominantemente católica, antaño fue una ciudad luterana con sus iglesias de torres rectas y punteadas, y también husita, con características de la arquitectura bohemia como podemos encontrar en Praga, por ejemplo. Por otro lado el barroco está presente en casi todos sus altares, retablos y órganos

Foto: Jordi Sabaté

Puente de Wroclaw con el barrio eclesiástico al fondo. Foto: Jordi Sabaté

Además, es una ciudad localizada en un meandro del río Odra, y está formada por 12 islas fluviales con cerca de 100 puentes, algunos de los cuales dan un aire muy romántico a esta capital de voivodato. Especialmente atractiva es la isla donde se sitúa el barrio eclesiástico, con numerosos edificios de arquitectura gótica polaca y prusiana y un encantador jardín botánico. Paseando por sus calles se pueden rememorar otros paseos por ciudades universitarias como Cambridge, Oxford, Harvard o Yale, por ejemplo. 

Es una ciudad relativamente fácil para moverse -aunque el tema de las islas hace que no se llegue a todos sitios en línea recta-, con trayectos cortos y asequibles andando, y un centro de sabor medieval, si bien con ambiente descaradamente de ocio enfocado a estudiantes. Ello se traduce en numerosos locales de copas, discotecas y los más variados restaurantes de todas las cocinas posibles. Si de día se puede disfrutar del arte y los museos de Wroclaw, de noche su marcha sorprende por la vitalidad lúdica de los estudiantes y lo variado de la oferta. Tiene un par de días intensos y divertidos. 

Foto: Jordi Sabaté

No faltan locales originales en Wroclaw. Foto: Jordi Sabaté

Un hotel recomendado puede ser el Jana Pawla II, en el barrio eclesiástico, un cuatro estrellas donde se puede dormir por unos 60 euros en una habitación con vistas al jardín botánico. Hay que tener en cuenta que Polonia es un país bastante barato para los españoles ya que cuatro zloti, la moneda local, corresponde aproximadamente a un euro. 

Para saber cómo es la cocina polaca, los habitantes de Wroclaw recomiendan el Pod Fredra, un restaurante de la plaza del mercado -por cierto, la segunda mayor de Polonia-, donde se pueden comer los mejores pierogui de la zona, carnes estofadas e innumerables sopas de setas y carne. Los pierogui son los tradicionales raviolis polacos, que se rellenan con carnes, queso o vegetales y constituyen el plato nacional. El precio medio de una comilona con vino incluido no supera los 20 euros por persona. 

Foto: Jordi Sabaté

Vista de la plaza del mercado. Foto: Jordi Sabaté

2. Los Sudetes septentrionales

Las tierras que se extienden al sur y suroeste de Wroclaw lindan con la cordillera de los Sudetes, que separan Polonia de la República Checa y fueron motivo de uno de los hechos más dramáticos en los momentos previos a la segunda guerra mundial, cuando la Liga de Naciones los cedió a Alemania, sacrificando parte del territorio nacional de la entonces Checoslovaquia. Lo cierto es que la zona siempre fue de predominancia cultural alemana, con cerca de seis millones de personas que se habían quedado descolgadas de su patria de origen en 1918. 

Sin embargo, la reocupación alemana de la zona, significó una limpieza étnica de ciudadanos eslavos tan brutal como había sido la de ciudadanos alemanes tras la primera guerra mundial. En 1945, la zona fue dividida entre Checoslovaquia -el sur de la cordillera- y Polonia -el norte y noroeste-, y entre 8 y 10 millones de alemanes fueron expulsados de su territorio ancestral. En consecuencia, ambos lados de los Sudetes son hoy habitados hoy por eslavos católicos, que viven en pueblos de marcada arquitectura alemana y luterana

Foto: Jordi Sabaté

Castillo de Czocha. Foto: Jordi Sabaté

En otras palabras, recorrer en coche las carreteras de la Baja Silesia -un coche por un día puede costar unos 25 euros- es moverse por un territorio polaco de ambiente prusiano, marcado por austeras iglesias, pueblos ordenados y grandes castillos que hoy son museos, hoteles, ambas cosas a la vez o residencias privadas de millonarios árabes e indios. Muchos de estos castillos se pueden visitar por un par de euros y en alguno, como es el caso del de Czocha, situado al pie de una colina rodeada por un lago, se puede dormir por 30 euros la noche. De paso, se pueden rememorar los ambientes de Desembarco del Rey y quién sabe si recrear sus intrigas palaciegas... Todo es cuestión de imaginación. 

Foto: Jordi Sabaté

Palacio de Brunow, en los Sudetes. Foto: Jordi Sabaté

Otro aliciente para recorrer la zona son las llamadas iglesias de la paz. Se trata de iglesias luteranas que fueron construidas tras la guerra de los 30 años en territorio entonces católico por obligación de Suecia como monumento a la tolerancia religiosa. Aunque se levantaron tres, hoy solo quedan dos, una en Jawor y otra en Swidnika, ambas auténticas obras maestras del barroco protestante que para añadir morbo al asunto, fueron edificadas con madera y barro, sin clavar un solo clavo en su estructura. 

Foto: Jordi Sabaté

Iglesia de la Paz de Swidnika. Foto: Jordi Sabaté

3. Auschwitz-Birkenau 

En mayo de 1945, cuando las tropas rusas entraron en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, a solo 40 kilómetros de Cracovia, los nazis se habían marchado dos semanas antes y apenas quedaban unos 600 prisioneros con vida. Ninguno de ellos sobrevivió. Cuatro de las cinco cámaras de gas del campo habían sido dinamitadas y solo seguía en pie la primera y más rudimentaria. Fue gracias a testimonios de prisioneros enviados a otros campos y a la labor de los historiadores que se conoce la escalofriante realidad que sobrevino a este teatro de la brutalidad y la muerte desde 1939 a 1945. 

Foto: Jordi Sabaté

Placa en la entrada del Museo de Auschwitz. Foto: Jordi Sabaté

Es aquí donde se puso en práctica la llamada solución final para los judíos de Europa. Se calcula que murieron en el más de dos millones de personas, aunque oficialmente la cifra es de 1.100.000 víctimas. La mayoría fueron personas de religión hebrea, eslavos y también unos 20.000 gitanos de los 400.000 que exterminó el régimen nazi. El campo se puede visitar por unos 10 euros con la asistencia de guías de la asociación Memorial Auschwitz, aunque también se organizan tours desde Cracovia con guías no oficiales. La mayoría de los 'paseos' se incian bajo el siniestro cartel de entrada en el campo, que contiene la cínica frase “El trabajo nos hace libres”.  

Foto: Jordi Sabaté

Placa en la sinagoga vieja de Cracovia. Foto: Jordi Sabaté

Todos ellos nos darán una explicación detallada e in situ de como era la vida y la muerte en este campo, recorriendo las sendas que llevaban directamente de los trenes a las cámaras. Es una experiencia dolorosa en la que en varias ocasiones deberemos contener las lágrimas, pero se trata de un dolor necesario para mantener en la memoria que la maldad no es necesariamente un fenómeno anormal y aislado, sino que habita en todos nosotros y crece en los lugares donde no se cultiva el diálogo y la tolerancia. Como dijo el filósofo hispano-estadounidense  Jorge Santayana, en una frase que figura a la entrada del campo: "aquellos que olvidan su historia, están condenados a repetirla"

4. Cracovia y Kazimierz

Aunque Cracovia es la capital fundacional y espiritual de Polonia, a lo largo de su historia ha funcionado como estado independiente y también ha pertenecido al imperio austro-húngaro, como parte de la Galitzia, que ha dejado su impronta arquitectónica en los barrios aledaños al casco antiguo, una joya medieval con numerosos palacios, iglesias y un castillo imponente donde están enterrados todos los reyes polacos. Por otro lado, Cracovia suma a su patrimonio arquitectónico el cultural del barrio de Kazimierz, antigua ciudad judía absorbida por la capital en el siglo XIX

Foto: Jordi Sabaté

Graffitti en un edificio de Kazimierz. Foto: Jordi Sabaté

Un dato: Cracovia llegó a tener más del 25% de población de religión judía askenazi, y los hebreos participaban activamente en el gobierno de la ciudad como industriales, concejales, médicos o arquitectos. Tras la llegada de los nazis su población se vio claramente reducida, aunque poco a poco se ha recuperado y hoy Kazimierz goza de una cuota importante de ciudadanos judíos que conservan viva la tradición hebrea de la Europa oriental, así como cuatro sinagogas de gran valor patrimonial. 

Foto: Jordi Sabaté

En Cracovia se ofrecen rutas para ver la arquitectura comunista. Foto: Jordi Sabaté

Merece la pena visitar el casco antiguo y sus edificios, así como la plaza de su mercado, la mayor de Polonia. Pero la verdadera joya de Cracovia es Kazimierz, donde se mezclan en sus callejas medievales los judíos ultraortodoxos con jóvenes estudiantes que van a sus locales de ocio y restaurantes favoritos. Muy recomendable para el turista es la plaza de la antigua sinagoga, con restaurantes de cocina israelí y orquestas de música tradicional hebrea. Se come bien y barato si medimos la calidad en relación al precio. Un hotel muy recomendable en la zona es el Edén

Foto: Jordi Sabaté

Ambiente en la calle Josefa de Kazimierz. Foto: Jordi Sabaté

Otra visita relacionada, aunque ya fuera de Kazimierz, es la fábrica donde Oskar Schindler hacía los esmaltados de los utensilios del ejército alemán. Schindler empleaba a judíos cracovianos, al principio porque le suponían mano de obra barata, pero finalmente para protegerlos de los nazis. Terminó arruinándose en su empeño de contratar nuevos empleados a los que salvar de Auswitz-Birkenau. 

Si no queremos fundir el presupuesto en restaurantes pero nos apetece un tentempié con gran tradición local, hay que dirigirse a la plaza Nueva de Kasimierz, donde hay un fascinante mercado de anticuarios donde se puede conseguir desde relojes del ejército rojo a insignias nazis o auténticos cascos prusianos por unos pocos zlotis. En el centro de la plaza, hay una especie de pérgola con puestos donde se vende el bocadillo estrella de Cracovia, el zapiekanki. Se trata de una rebanada de pan abierta y vaciada para luego ser rellenada con queso, salsas, cebollino, tocino o bechamel. El experimento se gratina y se sirve bien caliente. 

Foto: Jordi Sabaté

Un delicioso Zapiekanki de la plaza Nueva. Foto: Jordi Sabaté

Itinerario recomendado

  • Se puede tomar un vuelo de Ryanair en Girona que sale cada miércoles hacia Wroclaw.
  • Otra alternativa es volar a Praga y alquilar un coche para visitar la Baja Silesia e ir subiendo en dirección Wroclaw. También hay autobuses y trenes que recorren el trayecto.
  • Una vez visitada Wroclaw, se puede dejar el coche y alquilar otro -los autos transfronterizos salen muy caros- con el que visitar la Baja Silesia, o ir directamente a Cracovia por autopista, con parada en Auswitz-Birkenau.
  • En Cracovia es recomendable alojarse en uno de los hoteles de Kasimierz, donde se pueden contratar desayunos kosher o baños judíos.
  • Desde Cracovia salen varios vuelos semanales a Barcelona.

El viaje en cinco minivídeos 

Panorámica de la plaza del mercado de Wroclaw (21 segundos) 

Jardín Botánico de Wroclaw (18 segundos) 

Panorámica del campo silesio (13 segundos) 

Castillo abandonado en los Sudetes (24 segundos) 

Plaza de la sinagoga vieja de Kazimierz (16 segundos)

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