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Campañas navideñas: nuevas y viejas maneras de arruinarse la vida

Llegan las fechas más duras del calendario y el fantasma de las navidades pasadas tiene sus propios cadáveres en el armario, algunos inquietantes, otros sonrojantes y alguno probablemente ilegal en los países más fríos de Europa

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El fantasma de las navidades en prisión

El fantasma de las navidades en prisión

Parecía que aún no nos habíamos recuperado del “aquí está la Navidad”, las cuencas desorbitadas de los ojos de Montserrat Caballé, la mandíbula desencajada de Raphael, el villancico manierista y los memes que le siguieron cuando ha vuelto el anuncio de Lotería. Este año se apostó por golpear a la entraña de la sensibilidad y el resultado pareció contentar a muchos.

El lema era compartir, algo mucho más seguro que mezclar a David Bustamante con Niña Pastori en un belén. Aún así, las parodias no se hicieron esperar. Como quedó patente gracias a Querido Antonio, los sobres, este año, dieron para mucho:

Desde que existen los medios masivos de comunicación, la Navidad trae consigo campañas publicitarias. Las que se repiten, además, dan ocasión a esperarlas y parodiarlas. Pero no es ese el único motivo por el que haya ciertos acercamientos al consumo navideño que provoquen reacciones entre el público. Aquí presentamos otras campañas de Navidad que, por diversas razones, patinaron para el espectador:

-Usar la marca España no es una buena idea. En el auge de la crisis económica más brutal de los últimos tiempos, con una tasa de desempleo que en 2013 no bajaba del 25%, la mitad de los jóvenes sin trabajo y cuando los datos apuntan que 700.000 españoles dejaron el país en busca de un trabajo y un futuro más esperanzador en la última década, una empresa de embutidos se marcó un anuncio en el que se apuntaba a recordar los valores propios y lo bien que se vive aquí en vez de en Suecia.

A saber: los abrazos, las juergas y las risas podían parecer una buena idea al principio, pero la lectura evidente parecía clamar al conformismo, a la superioridad intrínseca de la nacionalidad española, y recordaba peligrosamente a Ana Rosa Quintana y sus cañas y tapas en una terraza. La parodia por parte Alternativa Universitaria y ¡Vete a Alemania, PP! no tardó en llegar:

-Ojo con la música, puede resultar una sorpresa. El anuncio de 2013 de una marca de droguería y perfumería británica resultaba bastante normal en apariencia. En ella, un adolescente espera a que todos sus familiares duerman para escaparse por el vecindario, encapuchado y ¡atención! dejar los regalos a aquellos a los que más quiere con una dedicatoria especial. Hasta aquí, todo bien.

O casi: el hilo musical elegido para la campaña era Small Town Boy de Bronski Beat, una sincopada canción pop de los ochenta que trata de... la homofobia, el bullying y el rechazo familiar y social de un chico por ser homosexual. Para todos aquellos mayores de veinte años el tema, muy reconocible por su importancia histórica, resultó, cuanto menos, una elección curiosa para tratar la alegre estación navideña.

-Detrás de cada Navidad... hay una feminista. El cometido era representar a las mujeres, el 80% del público consumidor de una cadena de hipermercados del Reino Unido. Y el anuncio se narraba de la siguiente manera: una mujer joven va a la compra, hace la colada, pasa la aspiradora, envuelve los regalos, se come una galletita, cocina, sirve, decora el árbol, recoge los platos y duerme poco durante los preparativos previos a las fiestas. ¿El eslogan? “Detrás de cada Navidad hay una madre”.

Las quejas empezaron a llegar por doquier ante un anuncio en el que la responsabilidad de todas las tareas recaía exclusivamente sobre la mujer. En una situación sin precedentes, las reacciones negativas unieron tanto a organizaciones feministas como a grupos en favor de los derechos de los padres separados, y la marca tuvo que pedir disculpas.

-No hay nada más aterrador que un payaso. En general, que un adulto se cubra la cara con pintura y finja estar contento resulta un tanto inquietante. Pero si ese adulto además adopta las muecas del payaso Ronald MacDonald, puede provocar secuelas de por vida. Eso parece ocurrir al visionar el anuncio de los ochenta en el que un grupo de niños patinan sobre hielo entre risas y dibujos animados. De repente, el más débil se queda solo, aparece Ronald...y el que no tenga presente It de Stephen King inmediatamente, que levante la mano.

-O no hay nada más aterrador que un hombre agazapado. Siguiendo por la senda de la inquietud, lo que parecía una buena idea puede tener segundas lecturas catastróficas. He aquí lo que no pensaron los creativos de una marca de calzoncillos: un modelo en ropa interior espiando a un menor no siempre tiene las mejores connotaciones. Por muy navideño que sea el árbol.

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