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Entrevista

“Suecia vendió el Estado del Bienestar”

Los escritores suecos Jerker Eriksson y Axlander Sundquist publican en España Persona (Roja y Negra), bestseller internacional que retrata el horror de la pedofilia, el machismo y la desigualdad laboral entre hombres y mujeres en su país

“Nos hemos vendido bastante bien, pero es un país en el que hay mucha doble moral”, afirma Eriksson

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Axlander Sundquist y Jerker Eriksson// Foto: Sandy Haggart

Axlander Sundquist y Jerker Eriksson// Foto: Sandy Haggart

El mantra dice que Suecia es uno de los países donde mejor funciona el Estado del Bienestar. Un modelo de educación y sanidad pública que desde los países del sur de Europa llevamos décadas escuchando como eslogan rompedor. Y fue así durante un tiempo: epítome de las políticas progresistas. Sin embargo, esa marca lleva años en pleno derrumbe. “Nos hemos vendido bastante bien, pero es un país en el que hay mucha doble moral”, confirma ahora el escritor Jerker Eriksson.

Él es el autor, junto a Axlander Sundquist, de Persona(Roja y Negra), el primer libro de una trilogía – el segundo, Trauma y tercero, Catársis, llegarán en los próximos meses- que pretende estar a la altura del gran fenómeno de la década pasada, Millenium, de su compatriota Stieg Larsson. Y, por momentos, lo consigue. Como ocurría con las novelas de Larsson, que transitaban por el género negro para mostrar al gran público la podredumbre de un país en el que también pululaba la corrupción económica y política, el racismo y la homofobia -hasta el reciente ganador de Eurovisión hizo comentarios al respecto-, en los libros de Eriksson y Sundquist –firman como Erik Axl Sund- los protagonistas son los abusos sexuales a menores, sus consecuencias y también las desigualdades laborales para las mujeres.

“Es un asunto que sigue siendo un tabú en Suecia, pero cada sale más a la luz. Claro que existe, Suecia no es ni mejor ni peor que otro país en este ámbito”, explica Eriksson sobre los casos de pederastia.

En cuanto a la desigualdad entre hombres y mujeres, que en la novela aparece a través de la protagonista, inspectora de policía que se ve ninguneada –y con un sueldo más bajo– por sus compañeros, son tajantes: “¿Por qué no vamos a escribir sobre algo que está ahí y nos han contado nuestras amigas? Por ejemplo, que pueden entrar en el autobús y que un hombre las manosee. Leímos un informe que decía que entre el 20% y el 25% de las suecas han sufrido acoso sexual de una manera u otra. Y luego está lo que ocurre en los trabajos. Por otro lado, pensamos que el género es una construcción social, por lo que tampoco era tan importante que el protagonista fuera un hombre o una mujer”, señala Sundquist.

Pedofilia y abusos

Los dos escritores se conocen desde hace años. Ambos proceden de la cultura underground sueca. Sundquist es ingeniero de sonido, músico y artista, mientras que Eriksson trabaja como bibliotecario en una prisión. Dicen que el hecho de empezar a escribir juntos “era algo que al final tenía que pasar. Empezamos el libro en 2008, después de divorciarnos de nuestras parejas. Fue una forma de hacer un cambio en nuestras vidas. Yo escribí cuarenta páginas y se las envié a Jerker, que las continuó con otras cuarenta”, explica Sundquist.

Una vez que alcanzaron el ritmo y el tono de la novela, lo cual reconocen que no es fácil al ser dos personas completamente autodidactas –no pasaron por ninguna escuela de escritores-, la historia salió en apenas cuatro meses. Más de 1.200 páginas del tirón, aunque su editor prefirió más tarde trocear el libro en tres partes, ya que “nos dijeron que publicarlo entero sería un suicidio comercial”, confiesa Sundquist.

Los dos indagaron en el horror de la pedofilia y también en las consecuencias traumáticas que sufren los niños soldado. La novela quedó como una especie de terapia psicológica, que era la propia terapia de ambos autores. “Leímos también otro estudio sobre el estrés postraumático que decía que el 90% de los niños que sufren abusos sexuales desarrollan después el trastorno de personalidad múltiple, que en realidad sólo se desarrolla en los niños como un mecanismo de defensa. Crean a otra persona que no ha sufrido lo que ellos sufrieron. Y eso ocurre también con los niños de la guerra”, concreta Eriksson.

Ante tal tema no extraña que el libro esté plagado de imágenes realmente truculentas con encuentros entre adultos y niños, todo tipo de violencia sexual y cómo puede afectar todo ello después a una persona. Ahora bien, no hay nada completamente explícito, como ellos mismos hacen ver. “La vida es cruel y violenta, ¿por qué no vamos a escribir de eso? Pero son más bien imágenes efectistas. Está todo en tu mente, en tu imaginación. Uno siempre está esperando la catástrofe”, admite Eriksson.  

Un país a la deriva neoliberal

La novela hace guiños a Stieg Larsson, a quien admiran profundamente, mientras retrata un país mucho más oscuro que el que muestran los folletos turísticos. De alguna manera sigue la línea de los escritores de género negro que han emergido en los últimos años procedentes de Suecia, donde uno de los precursores fue el también alabado Henning Mankell o la pareja formada por Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que revolucionaron la novela criminal en los setenta.

“Creemos que este fenómeno sucedió porque durante los setenta y ochenta, Suecia invirtió mucho dinero en educación. Era muy fácil hacer teatro, tocar música… Y estos fueron los frutos. Por ejemplo, somos el tercer exportador de productos musicales en todo el mundo, después de Estados Unidos y Reino Unido. Sin embargo, después llegaron las políticas neoliberales y se dejó de invertir. Ahora quien lo está haciendo es Finlandia, que es el número uno en el informe PISA. Nosotros somos el 25. Dentro de 15 años los buenos escritores serán los finlandeses”, explica Sundquist.

De hecho, ambos están muy indignados con lo sucedido en su país en los últimos años. Después de décadas de gobiernos socialdemócratas, en 2006 ganó las elecciones el Partido Moderado (conservador) y no le fue arrebatada la presidencia por la socialdemocracia –con un pacto con Los Verdes- hasta septiembre del año pasado, sin bien tuvieron que pactar de nuevo con los conservadores ante el bloqueo en la cámara baja de la ultraderecha.

Durante ese tiempo, “el Estado del Bienestar se vendió. Se privatizaron las escuelas, el sistema ferroviario, los hospitales, los hogares para la tercera edad”, comenta Eriksson, quien alude a uno de los “muchos” escándalos recientes: “Hace un año 25.000 niños fueron al colegio y se encontraron con que estaba cerrado porque la empresa dueña de las escuelas cerradas entró en bancarrota. El dinero de las escuelas estaba en las islas Caimán. Si hasta en Inglaterra se utiliza a Suecia como lo que nunca hay que hacer con la educación”.

Pocos movimientos sociales

Y ante tales desmanes, ¿no hay ningún movimiento social en el país crítico con la situación? En este punto, ambos escritores se repliegan. Algo hay, pero poco. En las pasadas elecciones el partido Iniciativa Feminista, surgido a raíz de la crisis económica en 2006, se quedó a las puertas de entrar en el Parlamento pero no logró los votos suficientes, pese a que la fórmula sí funcionó para las elecciones Europeas. “Su líder, Gudrun Schyman, es muy popular. Es muy inteligente y tiene una gran humanidad. Y dentro de la cultura hay un movimiento underground muy potente, pero quizá no está tan presente en la política”, indica Sundquist.

Mientras esto ocurre ellos seguirán escribiendo. Los próximos meses llegarán a España la segunda y tercera parte de esta trilogía. Ya tienen terminado un cuarto y casi un quinto libro y no se plantean dejar de escribir a cuatro manos. “Se podría experimentar, pero ahora nos sentimos muy cómodos”, zanja Sundquist.

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