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Entrevista | Dolores Redondo

"En este país es más fácil que exista un Ministerio del Tiempo que uno de Cultura"

Señalada, por méritos propios, como una de las autoras de más éxito de nuestro país, Dolores Redondo acaba de ganar el Premio Planeta 2016 por su obra Todo esto te daré

La novelas noir que forman parte de la Trilogía del Baztán siguen siendo uno de los fenómenos editoriales más increíbles de las letras españolas de los últimos años

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Dolores Redondo durante la entrevista. Foto: Ana Muñiz de la Oliva.

Dolores Redondo (Donostia, 1969) es de ese tipo de escritora de raza que es absolutamente incapaz de dejar de escribir. Lo hace desde que tiene memoria, pero el éxito nacional e internacional no le llegó hasta hace escasos años. En 2013 publicó El guardián invisible, un thriller con toques fantásticos que le granjeó un éxito rotundo de crítica y público que la mantuvo en el número uno de los más vendidos de nuestro país durante meses.

Poco después llegó la segunda parte, Legado en los huesos con el que repitió la jugada. Ofrenda a la tormenta, la culminación de la llamada Trilogía del Baztán, no ha hecho más que confirmar el fenómeno: se cuentan por cientos de miles los fans de las novelas protagonizadas por Amaia Salazar, una de  las heroínas más particulares que ha dado nuestra literatura en años. Y son ya más de 30 las editoriales de todo el mundo que han publicado la obra, cuya primera parte será llevada al cine por Fernando González Molina ( Palmeras en la nieve o Tres metros sobre el cielo) con Marta Etura como protagonista.

Aún no ha terminado la promoción del tercer tomo de la trilogía, pero ya ha empezado la de su última obra: Todo esto te daré, novela con la que ha ganado recientemente  el Premio Planeta. Le preguntamos cómo lleva la campaña de marketing que trae consigo un premio y un libro como el suyo. Nos cuenta que en realidad lleva años sin parar, prácticamente desde que publicó el primero de la Trilogía del Baztán.

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Dolores Redondo durante la entrevista. Foto: Ana Muñiz de la Oliva.

¿Considera que el marketing ya es parte de la profesión de un escritor?

Si lo asumes sí. En mi caso, gracias a la promoción he viajado mucho y he conocido a muchísima gente especial. También sé que lo hago porque vivo en un pequeño pueblo de Navarra en el que la tranquilidad me da el contrapunto de todo este jaleo. Si viviese en una ciudad como Madrid me sería mucho más difícil escribir porque querría ir a muchas cosas: a presentaciones de otros autores, eventos, exposiciones. No pararía. Yo no sé los de prensa cultural cómo podéis ir a tantas cosas, o entender tantas disciplinas distintas. De todas maneras en la prensa generalista a los de cultura también os mandan hacer otras cosas que no tienen que ver con esto precisamente. Como pasa con el ministerio.

Pues sí, este jueves se anunciaron los ministerios y seguimos sin tener un Ministerio de Cultura propio, sigue estando junto a Educación y Deporte.

La cultura necesita un Ministerio propio, estamos muy necesitados de un buen proyecto y unas buenas políticas de fomento de la cultura en todas sus vertientes. Pero parece que en este país es más fácil que se cree un Ministerio del Tiempo que uno de Cultura. Si lo hablas con la gente, todo el mundo suele coincidir en que necesitamos políticas culturales que lleve a cabo un ministerio únicamente dedicado a eso, y sin embargo seguimos igual.

Comenta que no ha parado desde hacía años porque cuando terminó la Trilogía del Baztán empezó este libro. ¿Cómo nació Todo esto te daré?

Ya estaba en mi cabeza, lo estaba desde el primer libro de Baztán. Los dos estaban estructurados en apuntes. Pero decidí ir con Baztán primero y parece que hice lo correcto porque ha sido la manera de llegar a miles de lectores y hacerme un pequeño hueco. Mientras, Todo esto te daré aparecía de vez en cuando y seguía evolucionando dentro de mí. Pero creo que esto le pasa a toda la gente que le gusta escribir de verdad: vives constantemente entre dos pasiones, el libro que escribes y el siguiente, que está siempre llamando a la puerta.

Muchas veces aún no has terminado el primero y ya estás impaciente por ponerte con el otro. También depende supongo del método de escritura: para los autores que tienen todo el libro en la cabeza y lo tienen todo pensado antes de ponerse a escribir, digamos que escribirlo es secundario. No requiere tanta creatividad como pensarlo. Y una vez hecho esto necesitas ponerte con el siguiente. De hecho, lo primero que hice al terminar Ofrenda a la tormenta fue irme a Ribeira Sacra a pasar unos días para llenarme del escenario de esta novela.

Baztán era como un personaje más en sus anteriores libros, era una presencia que lo envolvía todo. ¿Es tan importante Ribeira Sacra ahora como lo era el Valle de Baztán? ¿Qué le ofrece cada escenario?

Para mí los escenarios son vitales. No son solo el medio en el que se mueven los personajes, va mucho más allá. Me gustan los escenarios que exprimen y le roban parte de la fortaleza a los protagonistas de mis novelas. A menudo ese tipo de escenarios rudos, fuertes, que ejercen poder sobre las personas, son los que tienen esa belleza literaria. No es una belleza de postal ni el lugar fácil al que llegas y en el que estás a gusto a una temperatura excelente y tienes un daiquiri en la mano. Son paisajes rudos, de trabajo y exigencia que te hacen preguntarte porque un asentamiento humano ha permanecido allí tantos años si la vida es tan dura. Pero a la vez suelen ser lugares que se meten en la sangre de quienes son de allí. Les impiden irse y les obligan a volver cuando se han ido.

Y respecto a lo que me ofrecen, los dos casos son distintos: Amaia era de Baztán y eso marcaba su psicología, y lo hice porque me interesaba crear un personaje policial que no fuera alguien al uso. Pero Manuel no: él es un urbanita que llega a un paisaje que contrasta radicalmente con su forma de ser. Busqué ese contraste para que el arranque fuese absolutamente hostil. Él llega al escenario de la novela en el peor momento de su vida: acaba de saber que ha muerto su marido en un accidente de tráfico. Pero es que además se tiene que enfrentar a una red de mentiras que le supera. Esa hostilidad castra su duelo y le impide vivir el dolor con normalidad.

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Dolores Redondo durante la entrevista. Foto: Ana Muñiz de la Oliva.

Algo que resultaba muy atractivo de la Trilogía del Baztán era el hecho de mezclar la investigación policial con las pinceladas de mitología, con el Basajaun o el Inguma. ¿Hay cabida para este tipo de elementos en Todo esto te daré?

He querido escapar un poco de esto. En mis anteriores novelas, hablar de mitología en Navarra podía ser original porque se había hecho poco respecto a ella en el tipo de novela que yo escribía. Algo actual, policíaco, pero que hablase de cómo se viven las tradiciones en algunos lugares del País Vasco. Por la misma razón no me lo ha parecido en Galicia: esta tierra siempre ha tenido una fuerte presencia mitológica en sus narrativas, con todos los rituales folclóricos, las leyendas de las meigas...

He preferido hablar de otro concepto igualmente mágico pero que se vive en la sociedad: la religiosidad y el modo en que se profesa el catolicismo en Galicia. Esa cultura dota al lugar de una característica que consiste en que la explicación lógica no siempre sea la que ata todos los cabos ni la que permite dar todas las explicaciones.

¿Cómo ha sido pasar de un best-seller de tres novelas a Todo esto te daré, con un desarrollo narrativo unitario?

Pues ha sido muy  refrescante. Debo decir que lo que me ha pasado con mis anteriores libros es algo genial que muchos autores pasan años buscando: un personaje, un escenario y una continuidad en la que el autor se sienta cómodo y quiera seguir. Me ha pasado con Amaia Salazar y voy a seguir aprovechándolo. ¿Por qué? Pues porque se unen el deseo del lector con el mío y eso es algo absolutamente maravilloso. No obstante, el cambio con Todo esto te daré es muy estimulante porque empiezas de cero y el proceso de documentación es inédito.

Con la trilogía digamos que el proceso es distinto porque continúas la misma historia aunque lo hagas a través de varias novelas: te conoces los ambientes, los personajes… Pero ahora arrancaba de nuevo y ha sido muy edificante cambiar los roles. Pasamos de una sociedad matriarcal y una protagonista femenina a una historia desarrollada en una sociedad patriarcal con un protagonista masculino rodeado de coprotagonistas masculinos también. Aunque muy diferentes entre sí: un escritor homosexual madrileño, un sacerdote católico de los que regenta esos santuarios gallegos con tanta tradición y un guardia civil retirado.

Con estos tres roles tan marcados seguro que sus diferencias son uno de los factores que le han interesado a la hora de escribir la novela. ¿Estaban antes estos personajes que la historia que les une?

No, estaba antes la historia. Sobretodo el concepto de la historia familiar. Es algo que me fascina. Hay un libro que ha sido fetiche para mí en este sentido que es El Padrino de Mario Puzo. El modo en que pesa pertenecer a una familia y como uno no puede escapar de eso. En E l Padrino tenemos a Michael Corleone que es el único que al principio vive de espaldas a la familia y rechaza en cierto modo los negocios que esta tiene. Sin embargo termina siendo el heredero de todo el clan. Se trata de la imposibilidad de escapar de quien eres y del peso de la tradición y la familia.

Este germen estaba en la idea de Todo esto te daré: quería contar la historia de una familia caracterizada literariamente como la nobleza para reflexionar sobre el poder y los privilegios que ciertas familias tienen en nuestro país. Aunque sí que es cierto que hoy en día todos conocemos familias de la banca, de la industria o de la comunicación que, sin ser de la nobleza, tienen mucho poder. Cuando se dan escándalos alrededor de ellas, se silencian porque son quienes son y tienen el poder que tienen. Es vergonzoso.

Iba de todo esto pero también sobre la impunidad. Pero no la impunidad a la que ellos creen tener derecho, sino la que hemos asumido el resto de la sociedad. Al asumir hechos dejamos que ocurran. Hay cosas que no porque no las aceptemos van a dejar de ocurrir, pero tampoco podemos darlas por hechas de buenas a primeras. Esto de decir “a este no le va pasar nada porque es quien es” es un error. Es difícil negar que para ciertos personajes hay otras varas de medir: la justicia para unos no es la misma para otros e incluso Hacienda no es la misma para unos que para otros. Pero si decimos “esto va a ser así”, perdemos la capacidad de manifestarnos en rebeldía.

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Dolores Redondo durante la entrevista. Foto: Ana Muñiz de la Oliva.

En este sentido, el peso de la familia ya estaba muy presente en sus anteriores novelas. El hecho de no poder huir de quienes somos. ¿Cree que este fue el germen de esta novela?

Son familias diferentes. En esta familia solo hay un personaje que desea escapar. Los demás siguen al pie de la letra el título: "todo esto te daré si postrándote ante mí me adoras". Se postran y adoran al monstruo de la codicia y eso les lleva a vivir una vida de silencios y mentiras.  Es un condicionamiento distinto el de la familia en las anteriores novelas.

Ha comentado que la impunidad es una de las temáticas de la novela. ¿Hasta qué punto existe la impunidad en nuestro país?

En la novela tenemos al personaje de Nogueira, este Guardia Civil jubilado que lucha constantemente contra la impunidad. Él es el que ejerce de martillo y que acaba uniendo a tres hombres muy distintos en pos de una verdad que inicialmente es saber qué ha ocurrido con el marido de Manuel. Pero es una investigación civil, no policial porque investigan a una familia que se cierra en banda cuando algo huele a policía.

Y sí, lo he contado porque creo que existe. Hay muchas familias que han sido poderosas económicamente y que se han acostumbrado a ostentar el poder y hoy creen que son superiores a los demás. Esa superioridad de clase asumida es algo que me repugna. Y nosotros no debemos asumirla. Nos han contado que son la clase superior pero no es verdad. Aquí la clase superior son las buenas personas, los que trabajan por los demás, los que son generosos y los que se levantan todos los días a veces incluso sin saber porqué.

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