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Este blog se ocupará de las series más influyentes del momento, recomendará otras que pasan más desapercibidas y rastreará esas curiosidades que solo ocurren detrás de las cámaras.

'Manhattan': ciencia de destrucción masiva

Imagen de la cabecera de 'Manhattan'

Miriam Lagoa Vidal

La Segunda Guerra Mundial tuvo tantos frentes que contada en retrospectiva, ya sea en la literatura en el cine o las series de televisión, tiene los recursos y la capacidad de constituir por sí misma un género propio. En la ficción televisiva ha dado, Hermanos de sangre una de las mejores miniseries de la historia, The Pacific, que sin llegar a su nivel es igual de recomendable, e Hijos del Tercer Reich con la guerra vista desde el lado alemán.

Las dos primeras, además de contar con Tom Hanks y Steven Spielberg en las labores de producción, son series con estándar HBO que tienen como protagonistas a los soldados que vivieron la contienda desde la primera línea. Hermanos de sangre (Yomvi) es una crónica del frente europeo a través de los ojos de los soldados de la compañía Easy que desembarcaron en Normandía y fueron testigos del final de la contienda en territorio enemigo. The Pacific (Yomvi) sigue la misma estructura de relato pero a través de los soldados estadounidenses que combatieron en el Pacífico.

La última serie que ha decido explorar el papel de Estados Unidos en la guerra, parte de una perspectiva inédita y hasta cierto modo tabú para los propios estadounidenses. Manhattan aborda el conflicto desde muchos kilómetros de distancia y narrando un episodio no tan propicio para ensalzar la heroicidad de sus protagonistas, ya que más bien fueron unos pioneros a su pesar.

Su primera temporada fue la toma de contacto con aquellos científicos, las mentes más brillantes de su época en Estados Unidos, que fueron recluidos junto a sus familias en una instalación militar ultrasecreta en medio del desierto de Nuevo México. Su objetivo era desarrollar antes que los alemanes la primera bomba atómica.

Sus aspiraciones profesionales, su arrogancia como genios en su campo, se mezclaba con los dilemas morales de estar fabricando un arma de destrucción masiva y con una situación personal y familiar a punto de romperse por el ambiente totalitario instaurado en la base militar. Estados Unidos hacía propaganda con los peligros y excesos de los regímenes alemanes y rusos, pero al mismo tiempo amparaba que Los Álamos la vida de sus residentes se rigiera por el miedo, la censura y las escuchas.

La segunda temporada, en Movistar+ al día siguiente de su estreno en EEUU, ha arrancado más centrada en el alto precio que empiezan a pagar los participantes del proyecto. Por lado, el enfrentamiento que mantienen los dos equipos que trabajan a contrarreloj para conseguir la bomba ante que los alemanes y la paranoia por descubrir a posibles espías infiltrados en la base o residentes que se rebelen contra el orden establecido o los valores que mantiene unidad a la nación frente al enemigo exterior.

El centro de todo vuelve a ser Frank Winter. El científico que parece tener la llave del éxito del proyecto pero también el que está pagando el precio más alto por estar implicado en él. Su vida familiar se rompe con su mujer Lisa, que simboliza la situación de la mujer en una época en la que no importaba lo brillante que era, es su caso es una de las mejores botánicas del país, ya que estaba condenada a estar en un segundo plano. Su trabajo, a pesar de todas las dudas que le suscita, se pone en entredicho dentro del juego de poder en el que están inmersos sus superiores.

En el segundo capítulo de la segunda temporada, John Benjamin Hickey da un recital interpretativo que en otra serie le llevaría directamente en los Emmy. Pero esta meta todavía parece difícil para Manhattan: ha cumplido siendo la serie de calidad con la que su cadena WGN America quería presentarse en un panorama cada vez más saturado de series, pero precisamente este origen hace más fácil que pase desapercibida. Manhattan ya ha probado que no se lo merece.

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