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La Gerencia y el camino abierto

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Arquitectos visitando la gerencia.

Guiding Architects visitando la gerencia. Foto: Kai Försterling

La construcción de una ciudad nos viene habitualmente presentada a través de proyectos concretos, de localización precisa, mérito administrativo y final en el momento en el que se acaba la obra. Frente a esta idea de soluciones redondas y terminadas, la manera en la que la ciudad es construida es más bien un proceso complejo, impredecible en gran medida, de factores externos inacotables y abierto a cambios en el tiempo. Un segundo error frecuente es pensar que las ciudades se hacen de un modo lineal y sostenido, que su construcción idealmente habrá de ser un progreso continuado hacia adelante. La historia de cualquier ciudad se dibuja más bien como una línea quebrada hecha de avances y retrocesos, discontinuidades, posibles bifurcaciones, cambios de rumbo, colisiones y letargos. En esta idea de ciudad en constante transformación, en la que todo estará siempre expuesto al cambio, se hace necesario preguntarse cuál es el lugar de la memoria.

El pasado 25 de octubre, en el marco de una jornada promovida por AMIMO, se proyectó un documental autoproducido en el que se recapitulaba el trabajo hecho por la Comisión Ciudadana para la Defensa de la Gerencia de AHM desde que en 1995 comenzasen a coordinar y avivar un fuerte movimiento social por la recuperación del conjunto de la Gerencia de los Altos Hornos en el Puerto de Sagunto. Este antiguo poblado de chalets entre abundante vegetación, construido según parámetros de Ciudad Jardín ‘desde 1920’ (siempre cambiante, a lo largo de los años se fue remodelando según las necesidades, haciendo ver que la ciudad no se hace en un día) sirvió de residencia a los ingenieros y directivos de la empresa siderúrgica, hasta que con el desmantelamiento de la cabecera de AHM en 1984 se abandonó y cayó en desuso.

A la voz de ‘Gerencia Pública Ya’, la lucha de la Comisión por salvar una parte fundamental de la memoria industrial del Puerto de Sagunto se caracterizó por encima de todo por ser creativa y propositiva. En contraste con la falta de imaginación que mantuvo embrollados en un asunto de propiedad al Ayuntamiento, a la Generalitat y a la empresa que heredó los derechos sobre el conjunto, la Comisión promovió la implicación ciudadana, sensibilizó de la importancia histórica y social del poblado y trabajó por su recuperación; y lo hizo a través de talleres artísticos, exposiciones divulgativas, solicitudes de protección patrimonial y las famosas paellas vecinales de cada 9 de Octubre.

Mientras la administración y el privado discutían sobre a quién pertenecía la Gerencia y qué hacer con ella, no se dieron cuenta de que los ciudadanos la habían conquistado y hecho según la imaginaban.

La visión en perspectiva del trabajo de casi dos décadas puede dejar un sabor agridulce a quienes invirtieron tanto esfuerzo porque la Gerencia fuese disfrutada por las personas y su memoria preservada. A pesar de que en 2009 se consiguiese al fin la titularidad pública sobre el conjunto, éste sigue estando olvidado y en manos de un grave deterioro. Es aquí donde hay que invocar esa idea de que en ocasiones los procesos urbanos son en gran parte velados y las resistencias esconden siempre avances. Los resultados del trabajo de la Comisión podrán ser en parte imperceptibles, pero eso no les resta valor o reconocimiento: ellos construyeron un nuevo significado en torno a la Gerencia inseparable de lo que hoy es.

En la actualidad, Ayuntamiento y Generalitat siguen sin tener un plan de cómo actuar ( el ‘Campus de las Artes Escénicas’ es ya un proyecto obsoleto). El mejor resultado de una serie de intervenciones fragmentadas, acometidas según salpican las ayudas o dejan aire los presupuestos y con poco cuidado por la consolidación conjunta, es una discreta calle de 170 metros que atraviesa la Gerencia en sentido norte sur. Hasta ahí alcanzaron 300.000 euros del Plan E, las demás calles que cruzan ese camino en perpendicular se encuentran cerradas con verjas de obra.

Aunque el logro parezca escueto, el camino es una de esas intervenciones urbanas de importancia inadvertida, ya que permite pasear por el interior y ver de cerca el inmenso potencial del poblado, intacto a pesar del deterioro, literalmente al alcance de la mano. Metiendo en su propio fuerte de falta de implicación un Caballo de Troya, la administración se ha puesto en la obligación de hacer algo con la Gerencia al retirar el candado que la cerraba. Ahora que las puertas se han abierto es más que nunca el momento de continuar el camino abierto por la Comisión, de no entregar el todo por la parte y de trabajar porque la Gerencia sea como la gente se atrevió a imaginarla. Cosa que, de más está decirlo, únicamente podrá hacerse acudiendo a las personas y reconociendo su trabajo.

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