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Calidad democrática

Tantos son los acontecimientos que se han ido sucediendo en los últimos tiempos que ponen en cuestión la calidad de la democracia española, que conviene apelar a una reflexión desapasionada para que se pongan en marcha soluciones. Transitar desde un sistema autoritario y corrupto, que arraigó su ideología y sus valores durante cuatro décadas en la represión y la impunidad, a otro democrático, requiere algo más que reformar las leyes, las instituciones y los gobiernos.

En los últimos tiempos nos hemos escandalizado de que la vice-presidenta del gobierno valenciano haya sufrido amenazas nocturnas frente a su domicilio mientras son permanentes los insultos y descalificaciones contra ella y otros miembros del gobierno valenciano en las redes sociales. Es una estrategia de acoso.

El 9 octubre, día nacional valenciano, un amplio grupo de extremistas violentos agredió a quienes celebraban la fiesta. Ahora nos encontramos con redes de policías locales que insultan y amenazan a la alcaldesa de Madrid y sus compañeros de gobierno. Y junto a estos titulares, en la prensa leemos otros sobre agresiones, violaciones y asesinatos contra mujeres.

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Un pasado muy presente

En las Corts Valencianes aprobaron una nueva ley de cooperación y desarrollo sostenible que viene a refundar el modelo instaurado por el conseller Blasco. Y el PP se abstuvo. Es cierto que la lógica política indica que lo más conveniente para los conservadores valencianos habría sido un voto a favor. Por eso su prioridad debería haber sido la de pasar página con discreción y buenos modales, sobre todo después de lo sucedido en la cooperación valenciana. Ya saben: robo, desvío de fondos, pisos, Miami, negratas y hasta un “a esta la violamos o cualquier barbaridad”. Pues no. Ni en aquello de cooperar con los que más lo necesitan encontró el PP lugar para el consenso, la disculpa o el tan católico acto de contrición.

Las razones que adujo la portavoz popular para no dar su apoyo a esta norma fueron básicamente dos. La primera: que la nueva ley no es más que un corta y pega de la suya que era “de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior”. La segunda: que en todo el proceso de elaboración de la ley faltaron mimos y arrumacos a la sufrida oposición y sobraron alusiones a la corrupción que arrasó la cooperación valenciana. “Otra vez con el pasado”.

Y es que ya lo dijo el bueno de Mariano Rajoy cuando respondió a las impertinentes preguntas de aquel periodista alemán sobre su corrupción: “Eso por lo que usted me pregunta son cosas del siglo pasado”. Del pasado no… Del siglo pasado.

La cosa empezó por imputar a todo hijo de vecino (policía, fiscal, juez, periodista, ministro…) de urdir una trama para acusar falsamente al PP. De ahí pasamos al “que sí, pero era en simulado y diferido” y aquello del “no es cierto salvo alguna cosa”. Después vino “ese asunto por el que usted me pregunta” pasando por un plasma. Y ahora… “el pasado”.

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Un passat molt present

En les Corts Valencianes van aprovar una nova llei de cooperació i desenvolupament sostenible que ve a refundar el model instaurat pel conseller Blasco. I el PP es va abstenir. És cert que la lògica política indica que el més convenient per als conservadors valencians hauria sigut un vot a favor. Per això la seua prioritat hauria d'haver sigut passar pàgina amb discreció i bons modals, sobretot després del que va ocórrer en la cooperació valenciana. Ja saben: robatori, desviament de fons, pisos, Miami, negrates i fins i tot allò de “a aquesta la violem o qualsevol barbaritat”. Doncs no. Ni en allò de cooperar amb els que més ho necessiten va trobar el PP lloc per al consens, la disculpa o el tan catòlic acte de contricció.

Les raons que va adduir la portaveu popular per a no donar suport a aquesta norma van ser bàsicament dues. La primera: que la nova llei no és més que una còpia de la seua que era “del bo el millor i del millor el superior”. La segona: que en tot el procés d'elaboració de la llei hi van faltar manyagues i carantoines a l'oposició i hi van sobrar al·lusions a la corrupció que va arrasar la cooperació valenciana. “Una altra vegada amb el passat”.

I és que ja ho va dir el bo de Mariano Rajoy quan va respondre les impertinents preguntes d'aquell periodista alemany sobre la seua corrupció: “Això pel que vostè em pregunta són coses del segle passat”. Del passat no… Del segle passat.

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Compromís, la coherència i el Cupo

En el passat ple de l’Ajuntament de València, Fernando Giner (Ciudadanos) va etzibar a Pere Fuset (Portaveu de Compromís) durant el debat de la moció en defensa d’un finançament just que esperava que, per coherència, Compromís no votara a favor de la reforma d’urgència del Cupo Basc al Congrés dels Diputats fins que no es resolguera el problema d’infrafinançament que patim els valencians i les valencianes. Fuset callà, probablement coneixedor del que els seus companys a Madrid, anunciarien esta setmana, és a dir, el vot en contra a la qüestió del Cupo Basc.

L’argument utilitzat per Compromís és, també, el de la coherència. Compromís no votarà a favor d’una urgència en una qüestió de finançament fins que precisament la principal urgència, que hauria de ser la de la reforma del finançament valencià, no es resolga d’una manera justa per als ciutadans i ciutadanes que cada dia s’alcen, viuen i treballen en esta terra i veuen com els seus esforços valen menys que els de la resta. La decisió de Compromís al Congrés ha tingut ressò, ha descol·locat a molts, a dreta i a esquerra, ací i allà. Però és esta postura veritablement coherent? i, sobretot, és útil?

La coherència en este cas té dos cares. En primer lloc és coherent des del punt de vista de l’esquerra i la regeneració democràtica que Compromís ve abanderant al País Valencià des del seu naixement. Sense entrar en si els models de finançament foral de Navarra i Euskadi són o no són un privilegi i són o no són justos, el que està clar és que en el cas que ens ocupa esta “urgència” té una raó de ser de: l’aprovació dels pressupostos de Rajoy per part del PNB. Ja va passar fa uns mesos quan també algunes veus, especialment des del PP, reclamaren a Compromís seure a mercadejar “como ha hecho el PNV” uns pressupostos amb el partit polític més corrupte d’Europa. Haguera sigut del tot incoherent amb el discurs d’esquerres i de regeneració democràtica en aquell moment fer allò que des de la dreta es demanava (sense oblidar també que haguera estat inútil ja que el PP tenint els vots del PNB, no en necessitava més per traure endavant els pressupostos, cosa que sovint s’obvia) i igualment és incoherent ara contribuir al manteniment de M. Rajoy un any més al capdavant del Gobierno de España.

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Los “ganadores” no vemos que somos pobres

Un nuevo y estremecedor informe de Eurostat nos vuelve a recordar en qué se están convirtiendo España y Europa. Uno más. Según el documento, en 2016 España fue el quinto país de la Unión Europea con mayor pobreza infantil y riesgo de exclusión social entre los menores, con un 32,9% de ellos en esta situación. Los únicos países que se sitúan por encima son Rumanía (49%), Bulgaria (45%), Grecia (38%) y Hungría (33%). Al observar los datos para el año 2010, en plena recesión europea e internacional, la cifra española fue superior en tan solo cuatro décimas. De acuerdo, la recuperación esculpida por el Partido Popular es la ya conocida mentira del nuevo empleo, escaso y precario, y de los millones de ciudadanos dejados atrás. Pero hay otra realidad aterradora detrás.

La pobreza de los menores en Grecia ha aumentado hasta ocho puntos desde 2010, mientras que las dos naciones que encabezan la tabla presentan números muy similares a los convulsos años en los que ingresaron en la Unión. ¿Qué es aquello que no está haciendo bien Europa? Una pregunta compleja. El país con mayor pobreza infantil tiene la economía con mayor crecimiento de los 28 durante los últimos años. ¿Cómo es posible? Las lecciones de moralidad y los castigos contra la rebeldía no faltan en Bruselas. Las lecciones para combatir la discriminación contra las minorías étnicas tampoco, pero ningún aumento de políticas sociales para acercar las numerosas distancias europeas. Las hay en exceso. En cambio, la propuesta de una especie de federación con distintas velocidades, una Europa esperpéntica e irreconocible con la desigualdad y la falta de una postura unida como banderas, está sobre la mesa.

Demasiados charlatanes instalados arriba, allá donde jamás pertenecieron. Son demasiados poderes que juegan con la habilidad de las sociedades de sobreponerse al sufrimiento y adaptarse en tiempos de tempestad. Aguantar, acostumbrarnos y seguir. Cada vez con menos. Es lo que hemos hecho históricamente en la periferia europea a cambio de unos  pocos años de bonanza al siglo… y lo saben. En los últimos años ellos han aumentado sus fortunas. Sus hijos no saldrán en ninguna estadística preocupante. Si os preguntabais cual iba a ser nuestro final, Orwell o Huxley, parece que se trata de una simbiosis entre ambos. Esa peligrosa sensación de felicidad e indiferencia estando rodeados de pobreza y manipulación de corte vertical. El futuro es ahora, señor Huxley. Su fantasía es nuestra realidad.

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Intel·lectuals

La reflexió sobre els intel·lectuals i la seua funció social sempre és profitosa. Espècie a extingir o no, les metamorfosis d’aquesta figura prototípica de les societats modernes ens diuen molt sobre la substància moral de l’entorn en què es desenvolupen les nostres vides, sobre l’abast de les transformacions en curs i sobre l’horitzó d’expectatives que podem albirar. Una societat que nega, proscriu, amaga o menysté els seus intel·lectuals, en el sentit ampli del terme, serà sens dubte una societat mesquina, insuficient, subordinada i d’escassa entitat. La darrera novel·la de Martí Domínguez, L’assassí que estimava els llibres , aporta moltes elements per a reflexionar seriosament sobre aquesta qüestió en un context molt proper. Però el fenomen és general, connecta amb altres experiències contemporànies. No amb totes, alerta! Els canvis generals, la transformació de les societats occidentals, afecta com un corrent de fons el conjunt, però en uns llocs més que no en altres. Entre nosaltres, se superposa a un sediment inquietant de contingut barbàric i d’un antiintel·lectualisme que fa feredat, després de la deserció o la destrucció de les hipotètiques elits civils que podrien haver configurat una societat més acollidora, tolerant i habitable.

El context polític, en qualsevol cas, és determinant. Quaranta anys de dictadura feixista, nacional-catòlica i autoritària, en proporcions variables segons els períodes, no passen sense deixar una petjada profunda. El general Franco i el seu entorn tenien molt present l’experiència de la Dictadura de Primo de Rivera, que fou una espècie de parèntesi comissarial, i volgueren fer un escarment general i reconfigurar -amb sang i terror com a eines primàries- la societat espanyola. Res no havia de ser igual que abans, calia destruir sistemàticament l’obrerisme, les esquerres, el separatisme, els intel·lectuals dissolvents , els fonaments mateixos d’una societat liberal i democràtica.

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La Diputación ingobernable

Las diputaciones son las administraciones de las provincias, y éstas la división territorial de un Estado centralista. España se mueve entre la pulsión centralista y uniformadora de un lado, y la federalista, confederalista e incluso separatista por otro desde que España es España.

Próximas a cumplir 200 años de existencia parece que no haya pasado el tiempo; a pesar de los intentos de control y censura de las redes sociales vía Leyes Mordaza varias, nos encontramos en la era de la participación ciudadana on-line, de la democracia en tiempo real y de la expresión de la opinión sin fronteras, y sin embargo, las diputaciones son las instituciones territoriales más significativas cuyos dirigentes políticos no son elegidos por sufragio universal, libre y directo. Si obviamos las mancomunidades y entes similares, de irregular implantación y menor nivel competencial, son las únicas que adolecen de esa legitimidad. Esta anomalía democrática implica que los políticos y las políticas que las dirigen no tengan que rendir cuentas directamente ante la ciudadanía de sus logros en las siguientes elecciones. Para acabar de comprender la vinculación de las diputaciones con el electorado hemos de señalar que su ámbito competencial es muy irregular a lo largo de la provincia, pues deben centrar sus esfuerzos en los municipios más pequeños y sin embargo, la mayor parte de sus representantes provienen de distritos electorales urbanos y metropolitanos, de tal forma que su reelección está ligada a la suerte electoral de las capitales de provincia y sus hinterlands, y parcialmente desconectada de sus propios aciertos o errores.

Por todo esto, dedicarse a fidelizar electorado en las zonas rurales y en los partidos judiciales donde puede determinarse, por un puñado de votos, el acta de diputado en juego, suele ser un objetivo prioritario. Quizá por ello los episodios de clientelismo, cuando no directamente de corrupción, se asocian fácilmente a estas instituciones: Baltar se definía a sí mismo como un “cacique bueno”, Fabra mostraba a sus nietos “su” aeropuerto, Rus cambiaba subvenciones por fotos en el tradicional “besamanos” en el despacho presidencial, etc., etc.

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La reforma del sistema autonòmic i la política excepcional de Rajoy

El conseller d'Hisenda valencià, Vicent Soler, saluda el ministre Cristóbal Montoro en una reunió del Consell de Política Fiscal i Financera.

Si les regnes de l'Estat estigueren en mans d'un Govern amb vocació reformista i de progrés, aprofitaria l'oportunitat. La  massiva manifestació que aquest dissabte s'ha celebrat a València, convocada per sindicats i empresaris i amb el suport d'un espectre civil i polític del qual només s'ha desmarcat el PP, urgeix a reformar el sistema de finançament autonòmic. I no ho fa perquè als valencians els haja donat per exigir més diners després d'uns anys de corrupció i balafiament protagonitzats per governants de la dreta apartats el 2015, sinó perquè la Comunitat Valenciana és objectivament l'Administració pitjor finançada, per sota de la mitjana en renda i, malgrat això, contribuent al sistema.

Encara que no s'hi hagen assabentat molts opinadors que observen el món armats de preconceptes, sí que ho han fet els experts nomenats pel Consell de Política Fiscal i Financera en emetre el seu informe. El model, caducat fa tres anys, és complicat i poc transparent, genera una distribució desigual, pateix d'un dèficit de responsabilitat fiscal per part de les comunitats autònomes, manca de mecanismes que asseguren un equilibri en el repartiment i es fonamenta en un desequilibri vertical en l'assignació dels recursos públics a favor de l'Estat, que se'n queda la major part, en detriment de les administracions autonòmiques, on es gestionen la majoria dels serveis.

Que la Comunitat Valenciana siga la pitjor parada d'un sistema els vicis del qual s'arrosseguen des dels orígens amb la transferència de competències insuficientment dotades explica que siga la societat valenciana la que alce la veu. Però no invalida el fet que en aquests moments hi ha sobre la taula del Consell de Política Fiscal i Financera un diagnòstic tècnic general molt clar del problema. Un diagnòstic que ve a confirmar que no s'està garantint l'equitat en el finançament dels serveis públics fonamentals, aquells que defineixen l'Estat del benestar i han de convertir en realitats els drets dels ciutadans.

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La reforma del sistema autonómico y la política excepcional de Rajoy

El conseller de Hacienda valenciano, Vicent Soler, y el ministro Cristóbal Montoro se saludan en una reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Si las riendas del Estado estuvieran en manos de un Gobierno con vocación reformista y de progreso, aprovecharía la oportunidad. La  masiva manifestación que este sábado se ha celebrado en Valencia, convocada por sindicatos y empresarios y apoyada por un espectro civil y político del que solo se ha desmarcado el PP, urge a reformar el sistema de financiación autonómica. Y no lo hace porque a los valencianos les haya dado por exigir más dinero después de unos años de corrupción y despilfarro protagonizados por gobernantes de la derecha apeados en 2015, sino porque la Comunidad Valenciana es objetivamente la Administración peor financiada, por debajo de la media en renta y, pese a ello, contribuyente al sistema.

Aunque no se hayan enterado muchos opinadores que observan el mundo armados de preconceptos, sí que lo han hecho los expertos nombrados por el Consejo de Política Fiscal y Financiera al emitir su informe. El modelo, caducado desde hace tres años, es complicado y poco transparente, genera una distribución desigual, adolece de un déficit de responsabilidad fiscal por parte de las comunidades autónomas, carece de mecanismos que aseguren un equilibrio en el reparto y parte de un desequilibrio vertical en la asignación de los recursos públicos a favor del Estado, que se queda la mayor parte, en detrimento de las administraciones autonómicas, donde se gestionan la mayoría de los servicios.

Que la Comunidad Valenciana sea la peor parada de un sistema cuyos vicios se arrastran desde los orígenes con la transferencia de competencias insuficientemente dotadas explica que sea la sociedad valenciana la que levante la voz. Pero no invalida el hecho de que en estos momentos está sobre la mesa del Consejo de Política Fiscal y Financiera un diagnóstico técnico general muy claro del problema. Un diagnóstico que viene a confirmar que no se está garantizando la equidad en la financiación de los servicios públicos fundamentales, aquellos que definen el Estado del bienestar y deben convertir en realidades los derechos de los ciudadanos.

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Plurinacionalidad y solidaridad

Nuestro país se enfrenta a un reto que hasta ahora no ha logrado superar: adecuar su estructura institucional a la extraordinaria diversidad social, lingüística y cultural de los pueblos que lo integran, y hacerlo de modo que las distintas identidades nacionales puedan reconocerse en la expresión política resultante. En un contexto caracterizado por la coexistencia de identidades complejas y complementarias, el modelo federal es el único que puede articular una realidad inequívocamente plurinacional como elemento constitutivo del Estado. Desde una perspectiva federal, la pluralidad nacional no es algo que deba ser “tolerado” para satisfacer las demandas nacionalistas; antes bien, se trata de un valor político fundamental con un potencial enorme en sociedades como la española o la catalana, mucho más heterogéneas y estratificadas de lo que suele admitirse. El Estado autonómico está agotado y sería absurdo prolongar su agonía. Ha cumplido su misión histórica. El reto es construir un nuevo Estado plurinacional que garantice la convivencia democrática, pluralista y solidaria, en un marco institucional estable de carácter federal.

Ahora bien, un Estado plurinacional requiere la existencia de un sistema de financiación que garantice la suficiencia económica de las unidades federadas y les permita ejercer las competencias que les han sido asignadas, sin perjuicio de la solidaridad que necesariamente ha de existir entre ellas. Como podrá imaginar el lector, se trata de un asunto espinoso y delicado que suele provocar debates muy intensos entre los distintos componentes de cualquier federación. Las zonas más ricas suelen quejarse de su excesiva contribución al presupuesto común, mientras las más pobres consideran que reciben demasiado poco. En principio, es un debate saludable que permite ir ajustando el sistema de financiación hasta alcanzar una distribución de los recursos lo más equitativa posible. Lo que no parece tan normal es que los nacionalismos español y catalán utilicen demagógicamente este asunto para enfrentar a la ciudadanía y alimentar el conflicto territorial. Precisamente esto es lo que ha ocurrido estos años.

No es ningún secreto que el actual sistema de financiación autonómico perjudica a los intereses de determinados territorios, como es el caso de Cataluña, Madrid o el País Valenciano. Y que ello se traduce en una menor calidad de los servicios prestados a la población, sin que pueda aducirse ninguna justificación. En lo que respecta a nuestra tierra, suele afirmarse que es la única comunidad autónoma con una renta per cápita inferior a la media que presenta un saldo fiscal negativo, lo que sin duda constituye una anomalía. Igualmente, se critica con razón que las inversiones del Estado son especialmente escasas en la Comunidad Valenciana, como pudimos comprobar durante la tramitación de los últimos Presupuestos Generales del Estado. Todo ello es cierto, pero España se merece un debate a la altura del momento histórico. Afirmar, como algunos han venido haciendo, que la financiación autonómica supone un “expolio” que está “rompiendo España”, no sólo es exagerado, sino que oculta las verdaderas causas de la gravísima crisis social que atraviesa nuestra patria.

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