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Jeanne Moreau

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Para mí había desaparecido de la esfera publica. Hoy leo la muerte de Jeanne Moreau y veo su rostro de 89 años arrasado por el tiempo, que es la vida. Saber que muere Jeanne Moreaues una invitación a la melancolía. La noticia es cruel: el cadáver de la mujer hermosa y libre, que representó para varias generaciones en los años 1960 y 70 la libertad, la inteligencia y el arte ha sido encontrado sin vida en su apartamento por su asistenta.

Moreau representaba todo lo bueno que la vida y la juventud inspira. La libertad y la belleza, quizá inalcanzables, pero reales. Fue la musa principal de la Nouvelle Vague,interpretó, dirigió y cantó, cuando París aún era la piedra angular del arte y la intelectualidad. Puso rostro a la inteligencia sentimental de Louis Malle en Ascenseurpourl’échafaud; fue el juego y la ternura sin límites en la inigualable metáfora de la inocencia que creó François Truffaut en   Jules et Jim; nos sumergió en las pulsiones tenebrosas de La Notte de Michelangelo Antonioni;  fue el fetiche de Luis Buñuel Le journald'une femme de chambre, y sedujo a Orson Wells y a muchos otros que nada nos importan. Su serena expresión estaba cercana al mito de la mujer inalcanzable.

Aunque siempre he estado muy alejado del fetichismo –mi pulsión es más bien la iconoclastia- el recuerdo de Jeanne Moreaullenando con su rostro la pantalla me transporta a los tiempos hermosos de la esperanza, cuando la felicidad y la revolución aun eran posibles, y la vida era un proyecto abierto. Saber que la Moreau ha muerto me entristece por lo que simboliza. Porque París ya no es lo que era. Ni la vida tampoco.

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