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En defensa de la cultura

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Intervención del escritor Vicente Muñoz Puellles en el acto celebrado el pasado 4 de julio en el Ayuntamiento de Valencia para conmemorar el 80 aniversario del Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura que se celebró en la ciudad en plena Guerra Civil:

Señor president, señor alcalde, autoridades y amigos:

Hace ochenta años, más de un centenar de escritores de 28 países se reunieron en este mismo lugar para proclamar que la causa de la guerra de España, la causa de la Humanidad y la defensa de la cultura eran una misma cosa. La lista de quienes no vinieron, por contratiempos de última hora, pero contribuyeron a apoyar y a organizar el congreso, es aún más impresionante. La reunión fue fecunda en muchos aspectos, incluso literarios. No sirvió, sin embargo, para ganar la guerra, por más que ayudara a prolongar la ilusión de que la victoria era posible.

La defensa de la cultura que aquí se hizo sigue siendo necesaria por varias razones. Por una parte, el fascismo y otros ismos del siglo XX continúan estando presentes en las políticas de muchas naciones y en muchas actitudes. Por otra parte, el mismo concepto de cultura ha cambiado. Desde que, en 1959, C. P. Snow pronunció su famosa conferencia y acuñó el término de las dos culturas, la cultura que nos importa ya no es solo la literaria y artística, sino también la científica.

Y esa cultura está siendo particularmente denostada en estos días. Hay una campaña de desprestigio contra la ciencia, un negacionismo de la teoría de la evolución y del cambio climático, y una nueva doctrina filosófica, la posverdad, según la cual, a la hora de crear y modelar la opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Se llega, incluso, a hablar de hechos alternativos, como si lo falso y lo auténtico tuvieran exactamente el mismo valor en la balanza. Es una doctrina que hubiera entusiasmado a los sofistas y a los cínicos de la Antigua Grecia.

Pero es el negacionismo del cambio climático o, como algunos prefieren llamarlo, el calentamiento global, lo que más debería preocuparnos, porque afecta a nuestra propia supervivencia. Y eso también es cultura. Porque, sin nada con que sustentarnos, cuando los bosques hayan ardido, y los polos se hayan derretido y el mar se haya contaminado del todo, y todos los animales, grandes y pequeños, que nos han acompañado a lo largo de tantos milenios, como las ballenas, los tigres, los osos polares y las abejas, se hayan extinguido, qué vamos a escribir y para qué. ¿Qué sentido tiene escribir, en el fondo, si no se escribe también para quienes no pueden leernos?

A mi modo de ver, lo que deberíamos recordar de aquellos escritores es cómo lucharon por sus ideales con las herramientas que les proporcionaba su oficio, y cómo nos enseñaron que la literatura une a la gente y nos muestra lo que sucede en el mundo y también lo que nunca ha sucedido, lo que es igual de importante, al tiempo que nos conforta y nos da esperanza. Creo que nosotros seguimos haciendo lo mismo y continuando, cada uno en su estilo, esa larga tradición.

Concluiré con una anécdota libresca:

Cuando Hitler empezó a expurgar las bibliotecas y librerías de Alemania y a quemar sus libros en plena calle, un librero londinense, Foyle, le envió un telegrama que decía: «Puedo ofrecer altos precios por libros prohibidos. Por favor, no los queme. Me interesan todos. Estoy dispuesto a negociar».

Al parecer, Hitler que no estaba acostumbrado a negociar sino a imponerse, se indignó y no contestó. Pero el gesto del librero tuvo un enorme valor publicitario, y le ganó el afecto de mucha gente.

*Vicente Muñoz Puelles, escritor valenciano, miembro del Consell Valencià de Cultura

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