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Amor en funciones

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Mi mujer dice que me deja, que se quiere divorciar. Pero yo he decidido que, mientras todo esto se aclara, me quedo en casa de marido “en funciones”. Ella insiste en que le resulta insoportable verme cada mañana. Dice, la muy exagerada, que no puede mirarme a la cara sin que se le vengan a la mente las imágenes de un mensaje de mi móvil que mi amigo Pedro José publicó en Internet. Nada, una chiquillada. Mi asesor fiscal, Luis, un compañero de promoción de la facultad al que conozco de toda la vida, que sale conmigo en un vídeo en el que estamos juntos en la cama, yo así, como sujetándolo por detrás mientras le digo: “Luis sé fuerte, aguanta”. Ya ves tú. ¿A saber qué han pensado todos que estaríamos haciendo? Pues lo que hicimos tantos años en la habitación que compartimos en el colegio mayor: jugar a las peleítas.

Además para complicarlo todo, resulta que mi suegro, que es juez, uno de esos progres, que siempre me ha tenido mucha tirria, ha descubierto que tengo un par de cuentas en el banco de las que su hija, mi mujer, no sabía nada. Una nadería, unas decenas de miles que yo guardaba ahí, más que nada para no discutir, no se crean. Que con eso de que no llegamos a fin de mes, que si no llega para los libros de los niños, las medicinas del abuelo y todas esas monsergas ellà siempre sin querer gastar un duro. Y uno también tiene que vivir, y poder invitar a los amigos que al final son los que, de verdad, me pueden ayudar en mi negocio. ¿ A que ustedes me entienden? Pues eso.

A ver, yo creo que lo reconsiderará. Qué va hacer esta sin mí? Si la encontré hecha unos zorros, una mujer al borde del rescate y ahora mírenla, si hasta le han propuesto ser presidenta de la escalera. El mayor problema es su hermana. Me tocó a mí la cuñada feminista. Todo el día con que si no soy de fiar, que soy un corrupto, un sinvergüenza  y un mentiroso. Como si su novio andaluz no fuera también una pieza de cuidado. Ah y mi suegra, sobre todo mi suegra. Que con eso de que estuvo en la cárcel por roja, no para con la puñetera ética, el prestigio, la dignidad y el poder ir con la cabeza alta por la calle. Pues de la dignidad no se come, que es lo que yo le digo.

De todos modos, y por si acaso, ya he puesto a todos los empleados de mi empresa a trabajar en el asunto. Sé que ella los lee mucho en facebook. Les he pasado un argumentario y si quieren que en navidad les llegue la extra ya saben lo que tienen que hacer. Estos me conocen bien. Saben que como me calienten me declaro insolvente y desfalco la empresa. No sería la primera vez. Vamos, que los tengo a saco en sus muros con aquello de que las cosas hay que hablarlas. Que lo importante es llegar a consensos. Que por encima de todo está el futuro de los niños. Y que hay cosas que todos tenemos que aguantar por responsabilidad. Hasta uno que lo tengo jubilado, el Iñaki, que siempre fue un toca cojones y que tiene un vídeoblog , decía el otro día que, aunque soy un hipócrita moral de tres pares de narices, un tipo de dudosa decencia y poco de fiar, pues que la cosa era que tampoco veía él a mi mujer con nadie mejor que yo. Así que sinceramente, yo creo que la cosa está al caer y su tozuda actitud de bloqueo no puede durar mucho.

Yo estoy poniendo todo de mi parte, no se crean. A Luis le mandé otro mensaje, esta vez por “telegram” y sin archivo de vídeo adjunto. Le dije que lo nuestro, aunque ha sido muy bonito, ya no puede continuar. El se ha rebotado y amenaza con tirar de la manta. Asegura que contara también lo del campamento de verano de las juventudes legionarias y lo de la sauna del gimnasio. Pero no le veo capaz. Creo que va de farol. Nos hemos querido demasiado para que todo acabe así. De la pasta que desvié a la cuenta en “B” como ella la llama (porque la abrí en Bankia donde trabajaba mi hermano Rodrigo), le he prometido que no tocaré un duro. Será para pagar la universidad de los niños. Y  aunque los voy a echar mucho de menos sé que los mejores de mi pandi de siempre (Alfonso, Rita, Paco...) me entenderán. Ya nada puede ser como antes. Así que yo la espero aquí, en el sofá, de marido en funciones, que ésta vuelve seguro. Espero que no tarde, que no sé qué lío se ha formado en la calle y me estoy preocupando. Hace un buen rato que no paran de llegar coches de la policía. Mira, ahora justo llaman al timbre.

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