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Desahucio trágico y secreto

Nadie en el barrio de la Chana (Granada) conocía los problemas con el banco del hombre que se quitó la vida ayer.

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Edificio de La Chana (Granada) donde se suicidió un hombre antes de ser desahuciado, el 25 de octubre de 2012. / Miguel A. Ortega

Inmueble de La Chana (Granada) donde se suicidió un hombre antes de ser desahuciado. / Miguel A. Ortega

Llegó antes la ambulancia que los agentes judiciales. Se llamaba José Miguel Domingo Águila, pero era Domingo, el del kiosco, para todos los habitantes de La Chana: una humilde barriada granadina en la que todo el mundo se conoce y todos, a priori, lo saben todo de todos. O lo intuyen. Sin embargo, no fue hasta las diez de la mañana de ayer, cuando el secretario del juzgado se personó en la calle del Arzobispo Guerrero, cuando se supo que Domingo, de 54 años, iba a ser desalojado del inmueble en el que vivía solo, justo encima del local de su negocio, en el edificio que su familia posee desde hace décadas.

Uno de sus hermanos -que regenta una frutería junto al kiosco, en los mismos bajos del inmueble- lo había encontrado ahorcado, a primera hora de la mañana, en el viejo patio de la casa.

En realidad nadie lo sabía. Se le veía algo "deprimido", sí; un poco más "triste", quizás; extrañamente "alicaído", en los últimos tiempos, para su carácter naturalmente alegre. Pero lo cierto es que ningún vecino del barrio, en el que era francamente querido, podía imaginar que la desesperación que incubaba Domingo se pareciese más a una bomba de relojería que a la tristeza ambiental, ya casi endémica, que asfixia a este rincón de Granada. Al fin y al cabo, son horas duras para todos.

David López, un treintañero que ya "de niño" iba a comprar al kiosco de Domingo, declaraba a eldiario.es que "se nota más triste a todo el mundo" en La Chana. La degradación económica se va filtrando, lenta pero imparable, como la llovizna que caía ayer sobre el barrio, en el ánimo de la gente; como en tantos barrios de tantas ciudades de todo el país. No era tan extraño, por tanto, que un hombre cuya jovialidad subrayaron todas las partes consultadas ayer anduviera últimamente más cabizbajo que de costumbre.

Sin embargo, la muerte de Domingo ha sido un mazazo que nadie esperaba. Ni siquiera –aventuraba José Aguilar, Pepe, que también regenta un negocio de golosinas justo enfrente del lugar de autos– "sus propios hermanos", a algunos de los cuales pudo ver tras haber sido encontrado el cadáver cuando se disponía a abrir su negocio.

Edificio de La Chana (Granada) donde se suicidió un hombre antes de ser desahuciado, el 25 de octubre de 2012. / Miguel A. Ortega

Nota colocada en el lugar del suicidio. / Miguel A. Ortega

Casi nadie en La Chana sabía de las deudas de Domingo con la entidad financiera –cuyo nombre aún no ha trascendido– que ha provocado finalmente el embargo. Algunos vecinos aventuran que, a la muerte de sus padres, Domingo adquirió la vivienda familiar comprando a sus hermanos las partes que les correspondían por herencia, para lo cual pidió un crédito bancario poniendo como aval la propia casa. La caída de sus ingresos habría provocado sus impagos al banco y la posterior orden de desahucio. 

“Ojalá fuera el último”

Algunos detalles pasados por alto en su momento cobran ahora un peso difícil de soslayar para quienes le conocían. Como el hecho de que, según los vecinos, bromeara mucho últimamente con la posibilidad de que "le perdieran de vista" un día de estos. La fecha de su defunción, además, coincide exactamente con la del suicidio de uno de sus mejores amigos, hace ahora dos años.

Pero el martes por la noche Domingo todavía se comportaba con aparente normalidad. Por la tarde, otra vecina, Encarna, habló con él en el kiosco y le encontró "igual de divertido" que siempre. Por la noche acudió a uno de sus bares de costumbre, a picar algo y ver con el resto de la parroquia el partido de fútbol de Champions League de esa jornada: la derrota del Real Madrid en Dortmund.

Para cuando su hermano lo encontró, a la mañana siguiente, nadie sabía cuánto tiempo llevaba allí.

Era, para todos, "una bellísima persona"; muy generoso ("no tenía problemas para fiar a nadie", aseguran), pero tampoco nada "manirroto": algunos, como José Aguilar, bromeaban a veces con él, diciéndole que no había por qué ser tan prudente con el dinero, que la vida son dos días. Para Aguilar, es muy posible que Domingo no hablase por vergüenza, para que nadie supiera lo que iba a pasar con la que siempre había sido la casa de su familia.

Aunque nadie le pusiera directamente la soga al cuello a Domingo, para Aguilar hay un culpable muy concreto: el sistema: "Están machacando a la gente. A mí me vienen las ancianas a pedirme que les traduzca lo que les ponen en la cartilla, y siempre tengo que decirles que lo que les queda es siempre menos que antes".

"Ojalá pudiéramos decir que es el último" al que esto le sucede, señaló; "pero me temo que no va a ser así". Esta mañana lo entierran.


 
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