eldiario.es

Menú

Viajes

El triángulo cultural de Sri Lanka, donde nació todo

La historia de Sri Lanka la cuentan las ruinas de sus antiguas ciudades desde el s. IV a. C.

Anuradhapura, Polonnaruwa y Sigiriya son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1982.

- PUBLICIDAD -
Ruinas y Buda de Polonnaruwa, Sri Lanka

Uno de los tres Buda de Gal Vihira, en Polonnaruwa

Sri Lanka es una pequeña gota de agua si la comparamos con su vecina India. De hecho su apodo de la “Lágrima de la India” se lo ha ganado merecidamente tanto por su forma como por su historia.

Sri Lanka no fue Sri Lanka hasta 1972, hasta entonces fue Ceilán, que es como posiblemente aún la recuerden los más mayores, y desde el s. XVI hasta el XX portugueses, holandeses e ingleses se la disputaron como colonia. No obstante, mucho antes de todo eso los cingaleses poblaron el país con ricos palacios, enormes templos y algunas de las más importantes representaciones de Buda.

Las antiguas ciudades de Anuradhapura, Polonnaruwa y Sigiriya recogen la historia más importante del país y hoy podemos recorrer sus ruinas para aprender y conocer in situ cómo fue la magnitud del antiguo Ceilán.

Estas tres ciudades históricas forman un triángulo cultural en el centro norte de la isla y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. Como ahora verás, son muchos los motivos que las convierten en tres destinos imprescindibles en cualquier vista a Sri Lanka.

Anuradhapura y el Sri Maha Bodhi

Comenzamos la ruta por la que fue la primera capital de la antigua Ceilán. Fue fundada en el s. IV a. C. y es considerada aún en la actualidad como un lugar sagrado para el budismo.

Ruinas de Anuradhapura, en Sri Lanka

Entre templos, palacios y bagodas, las ruinas de Anuradhapura son las más antiguas de Sri Lanka.

En Anuradhapura encontraremos numerosas ruinas y enormes dagobas (estupas), restos de importantes palacios e imponentes templos, pero sin duda aquí el mayor protagonismo lo tiene el Sri Maha Bodhi, el árbol que creció de un esqueje del auténtico árbol de la iluminación (Bodhi), en el que Siddharta Gautama alcanzó la verdad de su existencia y pasó a ser Buda. Los budistas en Sri Lanka deben rezar ante este árbol al menos una vez en la vida, por lo que ya nos podemos hacer una idea de su importancia.

Visitando Anuradhapura no podemos pasar por alto ni la dagoba Ruvanvelisaya, enorme y blanca impoluta, ni la dagoba Thuparama, considerada la más antigua del país y, según historiadores, quizá la más antigua del mundo. Recuerda que al contemplarlas has de girar alrededor de ellas siguiendo el sentido de las agujas del reloj.

El ticket de acceso a ciertas partes de la antigua ciudad de Anuradhapura tiene un precio de unos 25 US$ (21€) y el templo de Isurumuyina, con entrada aparte, de 200 rupias (1€).

Un consejo:

Las ruinas de Anuradhapura están repartidas de manera que sus puntos de interés se encuentran en zonas muy distantes. Es decir, no hay una puerta de entrada y de salida en la que te pidan el ticket. Como puedes imaginar hay muchos conductores de tuk tuk que se saben las mañas para llevarte a las ruinas “de extranjis” sin tener que pagar la entrada de rigor.

Polonnaruwa y los budas de Gal Vihira

En el segundo vértice del triángulo se encuentra Polonnaruwa, la ciudad que tomó el relevo como capital del país en 993 cuando los tamiles llegados de India arrasaron Anuradhapura y empujaron a los cingaleses cada vez más al sur. Fue capital hasta el s. XIII y entonces corrió la misma suerte que Anuradhapura. 

Ruinas de Polonnaruwa, en Sri Lanka

Los monos son los nuevos habitantes de gran parte de las ruinas de Polonnaruwa.

Las ruinas de la antigua Polonnaruwa se ubican dentro de un recinto cerrado para el que es necesario adquirir una entrada. Su precio es de unos 25 US$ (21€) e incluye el museo arqueológico de la ciudad.

Dentro de este recinto las ruinas de edificios civiles y religiosos se suceden unas tras otras. Algunas de sus construcciones más representativas son el Vatadage, una estructura circular con cuatro accesos y cuatro budas sedentes que miran hacia los cuatro puntos cardinales; las tres figuras de Buda de Gal Vihira, esculpidas en una misma roca y consideradas las mejores del arte cingalés; el templo de Lankatilaka o la dagoba de Rankot Vihara. 

Polonnaruwa se encuentra además muy cerca de Minneriya y Kaudulla, dos de los mejores Parques Nacionales de Sri Lanka, perfectos para ver cantidad de elefantes en libertad. 

Un consejo:

Las ruinas de Polonnaruwa son extensas, extensísimas, y de punta a punta las distancias se puede hacer realmente largas si las hacemos caminando. Es recomendable alquilar un tuk tuk con conductor o, mejor aún, una bicicleta para recorrer Polonnaruwa a nuestro aire.

Sigiriya y la Roca del León

La antigua ciudad de Sigiriya se sitúa en el tercer vértice del triángulo cultural y, evidentemente, es también uno de los destinos más turísticos del país cingalés.

Ruinas de Sigiriya vistas desde el monte de Pidurangala, en Sri Lanka

Para ver la roca de Sigiriya es recomendable subir hasta el monte de Pidurangala.

La peculiaridad de Sigiriya es la ubicación de sus ruinas. Una enorme roca de origen volcánico situada en una llanura de bosque, conocida como La Roca del León, es la base de los restos de un complejo palaciego construido por el rey Kasyapa en el s. V d.C., pero incluso antes ya se utilizaba como monasterio.  

El acceso a Sigiriya tampoco es especialmente barato para el viajero, si se quiere conocer su palacio inferior, los frescos, la puerta del león y subir por sus escaleras para disfrutar desde la cumbre las ruinas al completo y sus espectaculares vistas la entrada tiene un precio de unos 30 US$ (26€).

Si lo que prefieres es contemplar La Roca del León en todo su esplendor y pagar diez veces menos, lo más recomendable es subir hasta el cerro de Pidurangala, donde encontrarás un viejo monasterio y las mejores vistas de Sigiriya, erigiéndose en medio de una frondosa llanura verde.

Un consejo:

El camino que lleva de Sigiriya a Pidurangala no te llevará más de 20 minutos caminando. Eso sí, evita ese recorrido durante el ocaso, la presencia de elefantes salvajes puede suponer un verdadero peligro. Y no, ¡no es broma!

- PUBLICIDAD -