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El paro y contratos irregulares a inmigrantes tiran a la baja los jornales de vendimia en Tierra de Barros

Más de la mitad de los temporeros son ciudadanos rumanos y sus condiciones laborales, peores

En algunas fincas los inmigrantes, obligados a cobrar por debajo del convenio, tienen que trabajar de noche para evitar ser vistos

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Varios jornaleros vendimian en Almendralejo / JCD

Varios jornaleros vendimian en Almendralejo / JCD

El movimiento de jornaleros y vehículos pesados cargados de uvas es constante en las carreteras comarcales de Tierra de Barros. Los tractores y camiones van cargados hasta rebosar. Son los últimos coletazos de la vendimia de este año. La uva blanca ya está casi toda recogida y en estos días se lleva a las bodegas las últimas cargas de la tinta.

Se espera que la campaña acabe con una buena producción porque las condiciones meteorológicas del verano han sido óptimas. De hecho no se prevé que el hongo que provoca el ‘mildiu’ afecte al rendimiento de los cultivos en exceso.

Las previsiones del sindicato CCOO apuntan a que la campaña empleará al final a entre 5.000 y 8.000 jornaleros. Más de la mitad de los temporeros que hacen la campaña son un año más ciudadanos rumanos. También hay algunos portugueses y magrebíes.

Pero se observa que sigue creciendo el número de trabajadores de la tierra de la comarca. Atrás quedó la época del ‘boom’ del ladrillo, cuando llegaban autobuses enteros de ciudadanos venidos de otros países para cubrir la mano de obra.

Según el convenio del campo, el jornal se paga a 40 euros por seis horas y media diarias de trabajo. Este importe se ha ido incrementando tímidamente en atención al Índice de Precios de Consumo (IPC).

Por debajo del convenio

El secretario general de la Federación Agroalimentaria de CCOO en Extremadura, Francisco Rodríguez Corbacho , aclara que el problema actual no es el convenio, que estipula un jornal de 40 euros al día, sino que muchos empresarios aprovechan las circunstancias de crisis y desempleo para pagar por debajo de él. De hecho existen casos en que el jornal se paga a la mitad de lo pactado legalmente, es decir, a 20 euros.

Lo más preocupante es que diversas fuentes consultadas por eldiario.es apuntan a que la precariedad está aumentando esta campaña. Hay más paro y más contratos irregulares a inmigrantes, sobre todo a rumanos que son el grupo más numeroso.

Rodríguez Corbacho ha remarcado la presencia de empresarios que respetan a sus cuadrillas e, incluso, mejoran las condiciones marcadas en el convenio – pagan 50 ó 60 euros el jornal--. “Pero hay otros que son unos auténticos desaprensivos. Se aprovechan de la desesperación de los vecinos y les pagan una miseria”, señala. Hay otros que simplemente obligan a los jornaleros a echar más horas .

Otro de los problemas es el desconocimiento de los propios temporeros, que según Rodríguez Corbacho, llaman al sindicato preguntando a cuánto se paga el jornal según el convenio, y en muchos casos se llevan sorpresas.

Trabajando de incógnito

El convenio del campo parece que no tiene mucha vigencia cuando se trata de contratar a trabajadores rumanos. Los vendimiadores españoles narran sin tapujos cómo los rumanos llegan a los campos de madrugada, donde comienzan a trabajar con los frontales –linternas en la cabeza— horas antes de que lleguen los españoles. La misma historia narran un kilómetro más adelante en otro terreno. Si cambiamos de carretera, la historia continúa.

Una vez que la luz del sol hace evidente la presencia de estos ciudadanos rumanos sin regularizar en el campo, muchos son trasladados a fincas y caminos intransitables para la mayoría de los ciudadanos de a pie. Su pista desaparece. Sin embargo tampoco están en el barrio de San José, a donde llegarán para la hora de comer, incluso más tarde. Diversos testimonios recogidos por este diario indican que el salario de esos trabajadores ronda entre 20 y 30 euros al día.

Aviso a navegantes

El sindicato CCOO advierte de que esta situación de sueldos por debajo del convenio ya no solo afecta a los rumanos. Los españoles también sufren situaciones que van en contra de sus derechos como trabajadores.

Les mueve la situación de desempleo y precariedad en la que se ven sumidas muchas familias. Ante esta situación, el sindicato lanza un ‘aviso a navegantes’ para advertir que perseguirán a todos aquellos que se aprovechen, por el impago de los salarios que corresponden a los ciudadanos, y los fraudes laborales.

Rumanos en San José

El corazón de la vendimia extremeña está en la ciudad de Almendralejo. Con una población de 35.630 habitantes, ha visto incrementada en los últimos años el número de habitantes rumanos. En la actualidad representan el 10 por ciento, siendo esta localidad en la que más ciudadanos de esta nacionalidad se concentran, y superan a la marroquí.

Muchos de ellos viven concentrados en el barrio de San José, donde se han instalado de manera permanente. Desde aquí se trasladan a la campaña del ajo, en Aceuchal, a la campaña de la fresa en Huelva, y a la aceituna.

La integración entre rumanos, de etnia gitana en su mayoría, y españoles, parece que no termina de cuajar. Los extranjeros conviven de manera masificada en varias calles de la barriada de San José. El idioma común entre esas calles es el rumano, pero más que el idioma llama poderosamente la atención el intenso olor. El primer detalle que impacta es la presencia de un fuerte hedor fruto de una deficiente canalización de aguas residuales. Toldos roídos, fachadas deslucidas y numerosas imperfecciones denotan que se trata de viviendas deshabitadas, y que los propietarios locales alquilan a estos ciudadanos sin ningún tipo de bienestar, incluso se da el caso de temporeros que habitan en casas sin agua corriente.

Los vecinos del entorno relatan la presencia de pisos ‘patera’ que no reúnen las condiciones mínimas de salubridad y en ellos pueden agolparsee hasta decenas de personas. Son los espacios destinados a los temporeros, que han acudido hasta aquí tras un largo camino en autobús desde su país.

Los mismos vecinos narran cómo años atrás había en los campos naves ‘patera’, en las que estas personas vivían en condiciones “infrahumanas”. ¿Siguen existiendo esas naves?. “Haberlas, hailas”.

 

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