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La 'gestapillo' y los navajazos en el PP de Madrid

Qué hay detrás del renacimiento del caso de los espías en ocho claves

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1. ¿Recuerdan el caso de la gestapillo, aquella trama de espías a sueldo de la Comunidad de Madrid durante el Gobierno de Esperanza Aguirre? Cuando estalló aquel escándalo, en 2009, el diario El Mundo entró en el tema…  para desmentir la información y apoyar a su lideresa Según un editorial del diario que entonces dirigía Pedro J. Ramírez, aquella exclusiva periodística de El País era “un montaje para desacreditar a Esperanza Aguirre”, una “pura invención” por la que “Mariano Rajoy debería pedir disculpas a Aguirre”. Para una vez que estallaba en España un Watergate –un caso claro de uso de fondos públicos para espiar a los rivales políticos–, el periodista que más citaba el Watergate en sus artículos, Pedro J. Ramírez, se ponía del lado de Nixon.

2. Seis años después, el diario El Mundo ha vuelto a hablar sobre la gestapillo y ahora resulta que aquella “invención” era cierta. Esta semana,  El Mundo ha publicado nuevas revelaciones bastante interesantes: grabaciones donde queda claro que el espionaje existió, y que el Gobierno de la Comunidad de Madrid intentó sobornar a uno de los espías imputados, probablemente a cambio de su silencio en el juzgado. Según una de estas grabaciones, un alto cargo de la Comunidad ofreció duplicar el sueldo a uno de los espías. Como era de esperar, los espías también se espiaban entre ellos. Aquella conversación se grabó y hoy, años después, ha visto la luz. Como El Mundo con el espionaje.

3. ¿Por qué el mismo periódico que entonces intentó tapar aquel escándalo hoy lo revive? ¿Tiene que ver con que en 2009 el director era Pedro J. Ramírez y ahora lo dirige Casimiro García-Abadillo? Al menos Pedro J. hoy sigue defendiendo lo mismo que dijo entonces, pero ¿el nuevo director de El Mundo? García-Abadillo en 2009 era vicedirector, el número dos. Y en ese momento escribió varios artículos sobre el tema donde no se salía ni un milímetro de la línea editorial de Pedro J. y su apoyo a la lideresa Nixon en el Watergate madrileño. También él defendía con su firma que  lo de los espías era una operación mediática para desgastar a Esperanza Aguirre. Si García-Abadillo estaba en contra, no se le notaba nada; igual que con la conspiración del 11M, de la que fue mucho más que coautor intelectual y de la que ahora reniega.

4. Entonces, ¿por qué vuelve ahora la gestapillo a El Mundo, el mismo periódico que tachó aquel asunto de “montaje”? La respuesta está en la misma información, a poco que se lea entre líneas: por la inminente nominación de candidatos a las elecciones autonómicas y municipales, donde el PP en Madrid aún no tiene candidatos. Y El Mundo, ayer como hoy, sigue jugando del lado de Nixon. 

5. Mariano Rajoy tiene tres posibilidades en Madrid. Puede poner a sus dos archienemigos: a Esperanza Aguirre en el Ayuntamiento y a Ignacio González en la Comunidad. Puede no poner a ninguno de los dos, y sustituirlos por gente de su confianza. O puede decidir que solo se quede uno de los dos: Aguirre o González. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasará con las candidaturas porque en estas primarias el cuerpo electoral es difícil de desentrañar. Solo vota uno: el propio Rajoy.

6. Sabremos el resultado de estas ‘primarias’ en unos días, pero la opinión más extendida en el partido es que será Aguirre o González pero no los dos. Solo puede quedar uno, como en Los inmortales. “Si, después de todo lo que le han hecho estos dos, les entrega la Comunidad, el Ayuntamiento y el Partido en Madrid, quedaría empíricamente demostrado que Rajoy es idiota”, dicen desde Génova. Además, parece una apuesta demasiado arriesgada para el conservador Rajoy dar un golpe doble y descabezar completamente al PP de Madrid. El partido sigue en manos de Aguirre y González y se le puede poner en contra –más aún, si después pierde–. Puede pasar cualquier cosa pero, para entender los navajazos, lo determinante no es lo que vaya pasar sino lo que los afectados por la decisión de Rajoy creen que va a pasar. Y el consenso es que solo puede quedar uno. 

7. Con este escenario, Esperanza Aguirre e Ignacio González han dejado de ser tan buenos amigos. Y mira tú qué casualidad que de repente El Mundo vuelve sobre los espías en unas informaciones donde –¡oh, qué raro!– el nombre de la política que presidía la Comunidad cuando se montó la gestapillo prácticamente ni se menciona. Solo aparece una vez, y es para decir que ya lo había dejado cuando se ofreció el soborno. Toda la culpa del espionaje es de Ignacio González y Francisco Granados, y  Aguirre queda como en el famoso chiste de Manel Fontdevila: como esa abuelita inocente y sexagenaria que nunca se mancha ni en mitad del lodazal. 

8. Defender que Esperanza Aguirre no sabía absolutamente nada del espionaje en Madrid, más que periodismo, es malabarismo. Ella era la presidenta cuando todo eso pasaba, los espiados eran sus rivales políticos y el supuesto jefe de los espías era un hombre de su absoluta confianza: Sergio Gamón, ex director general de Seguridad Ciudadana. Sigue imputado por el espionaje; la juez lleva seis años de nada con el caso y aún no lo acaba de ver claro. Gamón fue durante años el jefe de la escolta de Esperanza Aguirre y su mujer de entonces, Yolanda Laviana, fue secretaria personal de Aguirre cuando presidió el Senado. Si Gamón, que era el jefe, sabía lo que pasaba, ¿cómo no lo iba a saber Esperanza Aguirre? Lo mismo, dentro de seis años más, El Mundo nos lo explica. 

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