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Pocos cambios en Marrakech (salvo el clima)

Estamos ante un acuerdo técnico que la mayoría de participantes no ha dudado en considerar como “corto e insuficiente”, en el que ni tan siquiera se han clarificado en todos los casos qué grupos de trabajo deberían afrontar qué temas

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El pasado viernes finalizó la 22ª reunión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22) que se ha llevado a cabo en Marrakech. Era la primera COP tras la firma del acuerdo de París el año 2015, y tras la entrada en vigor del nuevo acuerdo a inicios de este mes.

Los negociadores llegaron con la voluntad, tal como decía el eslogan de la COP, de “convertir en acción los acuerdos de París”, a través del establecimiento de las normas de funcionamiento en algunas herramientas claves en la lucha contra el cambio climático. Estas incluían ámbitos como las medidas de adaptación, la transparencia, la transferencia de tecnología, la atenuación, la creación de capacidades, la toma de decisiones, y las pérdidas y daños causados por el cambio climático. Destacaba entre ellos la necesidad de dar continuidad al Fondo Verde.

Tras diez días de trabajo los resultados han sido demasiado limitados. Esta COP debía servir para pasar a la acción tras la entrada en vigor del Tratado. La buena noticia es que tras la victoria de Donald Trump en EEUU todos los participantes han reafirmado sus compromisos. Sin embargo, la declaración final política no vinculante de una página no aporta nada nuevo.

Estamos ante un acuerdo técnico que la mayoría de participantes no ha dudado en considerar como “corto e insuficiente”, en el que ni tan siquiera se han clarificado en todos los casos qué grupos de trabajo deberían afrontar qué temas. Las decisiones de peso han sido postergadas hasta el año 2018.

Irrelevancia de España

El encuentro se ha caracterizado por la ausencia de los líderes de los principales emisores de gases contaminantes, entre ellos Barack Obama y Xi Jinping, y la falta de liderazgo de quienes sí asistieron, entre ellos el presidente de España, Mariano Rajoy, quien de manera sorprendente renunció a participar en los discursos protocolarios de la COP. Quizás renunció a participar porque no tuviera nada que ofrecer más allá de una nefasta política energética en los últimos cuatro años, y de una incoherencia total entre los compromisos puestos encima de la mesa en nombre de España y las medidas tomadas y los resultados de reducción conseguidos (un aumento del 3,5% en las emisiones de CO2 en el año 2015 respecto al año anterior según los datos del Ministerio de Medio Ambiente). En cualquier caso hace años que España no tiene ningún tipo de liderazgo en estas reuniones y por lo tanto su posicionamiento es considerablemente irrelevante, y más si le falla la credibilidad. Un elemento que deberá ser sin duda central en la acción de oposición parlamentaria de Unidos Podemos y En Comú Podem.

El último informe del IPCC lo dice claro, los compromisos voluntarios de reducción de emisiones adquiridos en el contexto del nuevo Acuerdo de París son insuficientes para conseguir los objetivos que el mismo acuerdo propone. Y Marrakech nos ha mostrado de nuevo las dificultades para mover la lenta maquinaria de los necesarios acuerdos globales. No hay soluciones mágicas, pero sin duda los Estados están mostrando su incapacidad para actuar suficientemente rápido por sí mismos.

Es más necesario que nunca que hoy Europa salga de su parálisis también en este campo, asumiendo objetivos mucho más ambiciosos para 2020 y 2030. Una ambición que sólo será posible si los municipios y regiones toman el liderazgo y construyen de abajo arriba una acción contra el clima que no puede dilatarse.

Janet Sanz es quinta teniente de alcalde de Barcelona para la ecología, el urbanismo y la movilidad. Ernest Urtasun es eurodiputado y portavoz de ICV.

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