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Desde el sur y la izquierda

La alternativa tiene que tener también proyecto europeo, porque es sin duda a escala europea donde hoy se tiene que dar la batalla contra el capital

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Si contemplamos Europa podría parecer que el curso político acaba casi como empezó. La señora Merkel continúa siendo todopoderosa, los socialdemócratas, liberales y conservadores siguen en santa alianza para defender a la banca, y hasta el señor Schulz sigue sentado al frente del Parlamento Europeo. En la Comisión los cambios son sólo de caras, hemos pasado del Sr. de la guerra, Durao Barroso, al Sr. de los paraísos fiscales, Jean Claude Juncker, pero la política sigue siendo aquella que marcan las instituciones antidemocráticas de la Troika.

El FMI no ha cambiado sus recetas para adaptarlas al período estival. Las exigencias de nuevos sacrificios humanos en pro de los mercados, de recortes de salarios, reformas laborales y privatizaciones de servicios públicos, abren telediarios todo el año. Y todo el año también vemos cómo la cuenta de resultados de las grandes multinacionales sigue aumentando.

Tampoco la situación para millones de familias en toda Europa ha mejorado con la llegada del calor: la pobreza infantil, la pobreza energética, los desahucios, siguen siendo el pan de cada día en la Unión Europea de las desigualdades.

Pudiera parecer, por tanto, que todo sigue igual, que nada ha cambiado. Pero nada más lejos de la realidad. También en Europa hay un antes y un después de las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Desde el sur y a la izquierda llega esperanza e ilusión para la clase trabajadora de toda Europa. Los magníficos resultados de la izquierda en el estado español han despertado también el anhelo de cambio más allá de nuestras fronteras.

Y no podemos ser egoístas, hemos de compartir nuestra lucha, con los nuestros, con los trabajadores y trabajadoras de Europa. Hemos de contagiarles de nuestras fuerzas y nuestras ganas de transformar esta sociedad.

Tenemos claro que el paro, la miseria, los recortes y las privatizaciones de nuestros servicios públicos no son una maldición caída del cielo que hemos de soportar estoicamente. Tenemos claro que son el resultado de las políticas que unos pocos nos imponen a la mayoría para poder seguir siendo ricos y, por tanto, también tenemos muy claro que hay alternativa.

Una alternativa que tenemos que ir construyendo, y que sin duda, se tiene que ir materializando en la movilización y en esos procesos de convergencia que ya se están empezando a dar en muchos territorios del estado español.

Un proyecto que, frente a estos destructivos gobiernos de la derecha, se forja desde la lucha en común, el debate democrático y un programa de transformación social, en cada barrio y pueblo. Si representamos los intereses comunes del pueblo frente a la minoría explotadora, nada ni nadie puede impedir que alcancemos un programa común de la izquierda, que exprese las necesidades que recoge la consigna “pan, techo y trabajo”.

Pero la alternativa tiene que tener también proyecto europeo, porque es sin duda a escala europea donde hoy se tiene que dar la batalla contra el capital: la ilusión por un sistema económico más justo y humano tiene que llegar a las clases populares de toda Europa.

Y para ello necesitamos también que nuestra alternativa, que nuestras propuestas, vayan mucho más allá de los pirineos.

Una renta básica europea para que todo el mundo pueda vivir dignamente; un salario mínimo que acabe con una situación en la que tener un puesto de trabajo no significa dejar de ser pobre y que elimine el dumping social entre países europeos; un salario máximo que ponga fin a los sueldos indecentes y facilite la redistribución de la riqueza; limitar el trabajo a 35 horas semanales; y situar en toda Europa la jubilación a los 60 años, para así poder repartir el trabajo, son sólo algunas de las propuestas y medidas que este proyecto europeo alternativo puede y debe convertir en realidad.

La confianza en nuestras fuerzas, la ilusión por conquistar la transformación de la sociedad, son sentimientos contagiosos, y si somos capaces de establecer un rumbo, de tener claro a qué puerto nos dirigimos, de sumar para el combate, ese viento que se levanta desde el sur puede impulsar las velas de la izquierda y convertir nuestro programa en una realidad. El viaje ya ha comenzado.

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