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Las buenas madres nunca duermen

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Anuncio de Raid en un centro comercial de Madrid. / @tereamor

Te puedes fiar tanto de Raid como de una madre tan exigente y pendiente de sus hijos que nunca duerme. La marca de insecticidas se publicita desde el año pasado con el siguiente eslogan: "como las madres exigentes, Raid nunca duerme". Así aparece en vallas publicitarias como la colocada en el centro comercial Príncipe Pío de Madrid, denunciado por una lectora.

Que sepáis que, para RAID, si dormís, no sois madres exigentes! #machismo #malapublicidad #estereotipos Vía mi hijo mayor, muy indignado. pic.twitter.com/SIjCTFx6Gm

La compañía tiene en marcha esta campaña en diversos países en los que difunde diferentes eslóganes. En España, el sitio web mantiene  un lema más suave –"tan exigente como tú"–, acompañado de la imagen de una mujer de brazos cruzados. En otros, sin embargo, es más directo, como en Argentina: "acción rápida para mamás exigentes". El mismo mensaje se difunde en Colombia, Brasil, Alemania o Australia –"fast enough for tough mums"–. 

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No quiero enseñar las tetas en el FIB (y me abuchean)

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Polémica en la última edición del Festival de Benicàssim. En el intermedio del concierto de Red Hot Chili Peppers, una cámara empezó a enfocar a chicas del público que estaban en bikini o en sujetador. Las imágenes se podían ver en una pantalla gigante. Una de las chicas se levantó el bikini y dejó ver sus pechos. El público aplaudió y la cámara continuó encuadrando a mujeres. Las que no se descubrían eran abucheadas, según varios testigos. A pesar de la negativa de varias de ellas y de los abucheos, la cámara siguió enfocándolas.

Algunas personas han compartido en redes sociales su indignación por lo ocurrido y por el hecho de que la organización lo permitiera.

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El cliente que me llamó "niña"

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Acudíamos, mis dos jefes y yo, a la presentación de un estudio al que habíamos sido invitados por cortesía de uno de nuestros clientes.

Tengo que recalcar aquí que de los tres asistentes de mi empresa (como decía, mis dos jefes y yo) la única que había leído a la ponente, conocía su trabajo al dedillo, sus estudios y seguía su trayectoria desde hace años era yo. Estaba realmente emocionada por poder tener oportunidad de conocerla en persona y comentar sus trabajos con ella.

Como decía, habíamos sido invitados por uno de nuestros clientes con el que, en ese momento, además, estábamos llevando un proyecto de investigación ambicioso y bastante complejo. Tengo que decir que he utilizado el plural de –falsa– modestia dado que, sí, el proyecto estaba liderado completamente por mí, con interlocución directa y por escrito numerosos días con este cliente, gestionando un equipo detrás de la elaboración de este proyecto y trabajando dura y rigurosamente.

Al salir de la presentación, mis jefes decidieron que esperaríamos a despedirnos de nuestro cliente. Me pareció excelente idea dado que, por fin, nos pondríamos cara. Así fue, nuestro colega salió por fin de la sala y vino hacia nosotros, que esperábamos de pie en el pasillo. Charlamos apenas unos dos minutos, todos llevábamos relativa prisa y, entonces, a modo de despedida, el susodicho le dio la mano a mi jefe (situado a mi derecha), le dio la mano a mi otro jefe (que estaba a mi izquierda) y ¿para mí? Pues nada. Yo, situada en medio de mis dos jefes, me quedé sin mi apretón de manos y decidí que era buen momento para tenderle yo la mía. No la rechazó, pero acompañó su apretón de manos con un paternalista y cuidado "niña". Niña. Ninguno de mis dos jefes dijeron nada al respecto. Yo tampoco; yo, la mujer que lidera el estudio, con quien este cliente tenía habitual contacto vía correo electrónico en los que demostraba día a día mi profesionalidad y lo primero que se le ocurre decir es "niña". Sin contar con que al principio ignoró mi presencia.

Tras aquel feo gesto me cambió inevitablemente el semblante y físicamente se me notó la tensión que este señor me había generado. Mis expectativas de lo que iba a ser aquella ponencia habían cambiado por completo, pero la historia no terminó aquí.

Al salir del evento, mi jefe tuvo a bien comentar la jugada, pero nada más lejos que hacerlo desde un punto de vista crítico. Comenzó a reírse bien alto, mirándome y señalándome, repitiendo: "¡Niña! Te ha dicho niña…". Y risas, más risas. Entonces yo corté su broma con un seco: "No es gracioso en absoluto, a mí esto no me parece nada divertido". Él notó mi enfado y trató de aplacarlo con un fantástico: "Es a modo de cariño, no te lo tomes así". Añadí: "A vosotros dos ya os conoce desde hace años y os tiene mucho cariño, mucho más a que a mí; ¿a vosotros os llama 'niños'?".

No obtuve respuesta de ninguno de los dos, cogimos el coche y volvimos a la oficina como si nada hubiera pasado.

Blanca

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"No me lo has pedido": el cómic sobre las excusas de los hombres con las tareas del hogar

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Jefes que piden a sus trabajadoras que limpien la oficina

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La administrativa de la empresa tenía unos 24 años y era una curranta muy eficiente que había heredado de su predecesora la tarea de limpiar la oficina, baños incluidos. Yo tenía 30 años y era una de las responsables del departamento técnico de la empresa junto a un par de compañeros (y marco la o). Ella vino una tarde a verme, no había nadie más en la oficina:

— "Le he dicho a Jose que no me da tiempo a limpiar la oficina, sobre todo esta nueva que es mucho más grande que la anterior; le he preguntado si puede contratar a una persona que venga una vez por semana. Y él me ha dicho que limpiemos entre las dos, que me ayudes para que no se me haga tan pesado".

Miré a mi alrededor, a las sillas vacías de mis compañeros hombres que se habían ido de comida con el jefe, alucinando de que fuera precisamente a mí a quien me lo pidiera. Y respiré hondo.

— "Yo considero que no te corresponde a ti limpiar la oficina y creo que no deberías hacerlo. Como tampoco yo. Y, bueno, si Jose quiere de verdad que limpie, que por lo menos venga él y me lo pida".

Nunca me lo pidió.

Berta.

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Sentirse culpable por no responder a comentarios machistas

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Tengo 39 años y trabajo desde hace seis en Suiza, siempre en empresas internacionales de la industria farmacéutica/científica. En este ambiente de trabajo mis compañeras y yo sufrimos micromachismos y ellas se indignan tanto como yo. Cuando tenía un trabajo en Madrid, haciendo memoria, viví otros muchos. Pensaba que eran anécdotas, pero he tardado 20 minutos en escribir las que recuerdo, sin parar y del tirón.

–Hablábamos en una reunión de trabajo sobre una actividad que hicimos en un evento y que tuvo mucho éxito: "Esta actividad tuvo mucho éxito porque la azafata era guapísima", dijo mi jefe, centroeuropeo y una persona que se define como "feminista". Las tres compañeras que estábamos allí nos quedamos de piedra y fue tal el shock que no dijimos nada hasta que no estuvimos solas. Mea culpa, me arrepiento. Tenía que haber hablado.

–El mismo jefe habla de que nuestro contacto en la agencia (una mujer) va a llamar al cliente (un hombre) para intentar tantearle sobre un asunto: "Como va a ser una conversación mujer-hombre, será más fácil sacarle información, y así a lo mejor pueden ir a tomar un café o incluso a cenar". Otra vez sin poder decir nada del susto. Mea culpa.

–Mi marido trabaja a tiempo parcial, yo a tiempo completo. El banco UBS me manda un folleto a mí para ofrecerme un producto financiero destinado a personas que trabajan a tiempo parcial asumiendo que yo cumplo el perfil. Sobra decir que el folleto solo tenía fotos de mujeres.

–Hace poco nos compramos un coche, pagado a mi nombre. Las llaves se las dieron a mi marido y a mí, un ramo de flores. El ramo se quedó en el concesionario.

–Mi marido está acordando con el fontanero a qué hora puede venir a casa, que le pregunta que a qué hora estoy yo en casa para hacer la visita. Mi pareja le respondió que el que estaba en casa era él.

–Hace 10 años trabajaba en una agencia de noticias en Madrid y fui a pedir un día libre a mi jefe. Se lo comuniqué en su despacho y su respuesta fue: "Métete debajo de la mesa y vemos si te lo curras y te lo doy". En esta ocasión sí contesté: "A lo mejor podría ir al despacho del director y preguntarle qué piensa de lo que sugieres". Me di la vuelta y me cogí el día libre. El director semanas después quiso quedar conmigo para cenar. Le dije que para desayunos de trabajo en el bar de al lado, cuando quiera. Nunca se produjo.

–Corte Inglés de Princesa. Sección de vaqueros. Estaba pagando con tarjeta y, a la hora de firmar, el dependiente me dijo que ya que estaba usando un boli podría darle mi número. Le respondí que se lo iba a dar al jefe de planta a ver qué opinaba.

Quizás esto es más común de lo que yo creía al empezar este correo.

María.

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El culo de una mujer para ilustrar la Feria del Libro de Zamora

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El cartel anunciador de la XXXII Feria del Libro de Zamora

El cartel anunciador de la XXXII Feria del Libro de Zamora

La XXXII Feria del Libro de Zamora arranca el próximo 8 de junio y ya tiene un cartel anunciador. En él, se ve a una mujer desnuda por detrás, rodeada por tres libros voladores, uno de ellos a modo de alas. Azal, la Asociación Zamorana de Librerías, Papelerías y Material Didáctico, organiza la feria junto al Ayuntamiento de Zamora, gobernado por IU, cuyo sello está también en el cartel elegido. 

La imagen anunciadora se ha elegido por concurso convocado este año y por un jurado formado por  dos representantes de la Escuela Superior de Arte de Zamora,  miembros de Azal y de la Biblioteca Pública y Biblioteca Municipal de Zamora, según reflejan las bases

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Un resumen de microagresiones durante mi carrera como científica

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Las áreas STEM [siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas] de investigación tienen una fama infame para las mujeres, ya que son predominantemente machistas. No es raro el congreso en que yo sea la única mujer entre, digamos, 80 varones. No tengo problema con ello, aunque muchas veces mis colegas sí. Desafortunadamente me llueven los comentarios sexistas (voluntarios o no). El hecho de que toda mi actividad investigadora haya transcurrido en universidades o centros de investigación del norte de Europa (Alemania, Países Bajos, Francia) no ha contribuido a que me caigan menos. Algunos episodios son los siguientes:

- Durante mi doctorado, el jefe de departamento tuvo a bien sacar a colación en un almuerzo con casi todo el grupo delante que yo, por ser mujer, "era una inversión frustrada porque me casaría y me iría a casa a tener hijos" (opción plenamente válida, pero que no considero, además él conocía mi opinión en ese momento). Se volvió a coronar un tiempo más tarde, cuando me llamó algo que traducido vendría a ser "putita de la ciencia". Otro comentario (no referido a mí) fue criticar que una profesora X de tal universidad "tiene una excusa excelente para no publicar, ahora que está preñada".

-Otro "momentazo" de esos años fue cuando uno de mis antiguos colaboradores, delante de mi supervisor, me dijo que "estaba haciendo demasiadas preguntas, que debería sentarme, callarme y escuchar". Simplemente le había corregido respetuosamente un error que estaba cometiendo en un cálculo. Mi supervisor de doctorado ni me protegió ni siquiera consideró exigirle disculpas o explicaciones.

-He sido confundida infinitas veces con una secretaria, que suelen ser las únicas mujeres en nuestros centros de investigación.

-Soy consciente de que en nuestros congresos los asistentes varones hacen una clasificación de lo buenas que están las (pocas) asistentes mujeres. He encontrado listas por las mesas del evento, y oído conversaciones "de vestuario" completamente obscenas.

-En mi última evaluación para una prestigiosa beca, el tribunal sentenció que "ya que soy una mujer y se necesitan mujeres en nuestra área de investigación, deberían darle el beneficio de la duda". La duda era sobre si yo era lo suficientemente buena para obtener la beca.

-Estadísticamente (lo he calculado), recibo un 20% más de preguntas en cualquier charla que dé que cualquiera de mis compañeros al mismo nivel, y suelen tener un tono más agresivo.

-En la sesión de póster del último congreso nacional, sólo se acercaron varones con nulo interés por la investigación explicada en el póster, estando bastante más interesados por mi vida personal que por mis resultados.

-No es raro que mis estudiantes de grado varones se me pongan chulos en algún momento del semestre y me sugieran que "a lo mejor no tengo demasiada idea de lo que estoy explicando" (tengo evaluaciones de docencia excelentes).

Ana

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Productos solo aptos para madres

Crema para bebés Bepanthol, de Bayer.

Hay productos que son solo para madres, o eso piensan las empresas que los fabrican cuando los venden.

Como denuncia una lectora, la farmacéutica Bayer dice en el reverso de la pomada para bebés Bepanthol que "es práctica para la madre" porque no tiene que aclararse en el siguiente cambio de pañal. Los padres, presupone la compañía, no se dedican a este cuidado.

Este blog ha contactado con Bayer, que admite que es "un error", pide "disculpas si alguien se ha sentido ofendido" y asegura que están "trabajando" para que todos "los materiales y productos sean inclusivos".

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"Me chupas la polla" (Pero no te enfades, es una broma)

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Un amigo que hasta la fecha consideraba bastante bueno me metió en un grupo de Whatsapp para organizar la celebración de su cumpleaños. Por esa vía nos preguntó que dónde nos apetecía ir a cenar y yo, en tono de broma, dije que nos podía invitar al Figón de Recoletos (un sitio de los más caros de mi ciudad) ahora que ya ganaba bastante dinero. Él, que supongo que también pretendía ser gracioso, contestó: "Muy bien tienes que chuparla para eso, chica". Me quedé de piedra y respondí que era una pena que los chicos siguiesen haciendo ese tipo de comentarios a las chicas en el siglo XXI.

Un amigo de mi amigo enseguida salió a defenderle y escribió que la verdadera pena era que yo no supiese tomarme una broma como lo que es, aunque poco después se disculpó conmigo por privado. Pero en el grupo de Whatsapp, en el que aparte de mí había otras seis chicas más, solo intervino una de ellas y para decir "haya paz". Mi amigo aún no se ha disculpado.

Dulce

Trabajo en la industria del audiovisual haciendo películas y series. El otro día en el rodaje me quejé de que no había comida en el catering y los eléctricos que estaban a mi lado se quejaron de lo mismo. Cuando apareció el encargado de producción, encargado de que hubiese más comida allí, se lo dije. Su respuesta fue: "Me chupas un huevo". Lo peor es que esa misma semana ya me había contestado en otra ocasión: "Me comes la polla". Después de decirme eso, me puse muy seria y discutí con él. Lo que más me sorprendió es que los hombres que lo habían escuchado justificaban que había sido "una broma". Una broma que, por supuesto, no se hacen entre ellos.

Hablar con el compañero que había hecho esos comentarios resultó muy complicado porque su nivel de agresividad era muy grande, así que tuve que ponerme en contacto con el director, que se indignó y puso cartas en el asunto. Una vez más, tuvo que "solucionarlo" un hombre. Después de esto, otros miembros del equipo se acercaron a mí a preguntarme "en broma" si ya no iban a poder bromear conmigo.

Sara

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