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La segunda vuelta

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Hace unas semanas, en una entrevista, la candidata a la Presidencia del Gobierno de Navarra, María Chivite, conjeturaba sobre la posibilidad de que en los comicios autonómicos de mayo de 2015 se llegará a producir una segunda vuelta electoral. De producirse, sería una situación insólita en la historia democrática de Navarra. Esta previsión de escenario político tiene mucho que ver, por un lado, con la naturaleza y estructura de nuestro sistema político. Pero, por otro, con la efervescencia del mismo.

Qué duda cabe que Navarra es un país plural, no sólo en los términos clásicos de izquierda-derecha sino también en clave de identidad colectiva, de proyecto común. De este modo, a las diversas cuestiones sociales se les suman las diferentes cuestiones territoriales. Ante esta pluralidad política, contamos con una ley electoral muy proporcional que posibilita a las candidaturas acceder fácilmente al Parlamento de Navarra. Cámara amplia para el número de electores; Circunscripción Electoral única y escasa barrera electoral, del 3% de los votos válidos para el acceso al cómputo de escaños, son ingredientes que posibilitan esta proporcionalidad. Así pues, proporcionalidad y pluralidad derivan en una alta fragmentación política que, en esta ocasión, se verá acrecentada por el debilitamiento de la centralidad política. Hay que hacer notar que más de ocho partidos, propiamente o a través de coaliciones, pueden entrar en la próxima legislatura.

Alta fragmentación política en un marco de una intensa polarización; donde la ciudadanía clama un cambio político después de años en el poder por parte de un partido. Todo ello, hará muy difícil que se produzcan mayorías políticas. La cifra mágica es 26, los escaños precisos para dotar de mayoría al hemiciclo parlamentario. Para presidir el gobierno se necesita tener, en última instancia, más votos a favor que en contra. Es casi imposible que alguna candidatura obtenga ese aval; por lo que será necesario intentar pactar con otras fuerzas para obtener ese número de apoyos. Pero tampoco será fácil que mediante alianzas se llegue a la obtención de mayoría parlamentaria.

Por tanto, si no se logran mayorías políticas será necesario utilizar el mecanismo establecido en el Amejoramiento, tal como se reformó en el 2010. “Si trascurrido el plazo de tres meses desde la celebración de las elecciones al Parlamento de Navarra no se presentara ningún candidato o ninguno de los presentados hubiera sido elegido, el Parlamento quedará disuelto, convocándose de inmediato nuevas elecciones”. Y así sucesivamente, hasta alcanzar mayoría.

¿Qué se ganaría realizando una segunda vuelta? Una mayor síntesis y una mejor búsqueda de la centralidad política. Los electores/as, en una segunda vuelta, no optan tanto por sus preferencias primarias sino por sus preferencias secundarias

Una segunda vuelta tiene costes en términos económicos y también de cansancio ciudadano. Volver a votar pudiera provocar insatisfacción ciudadana. Por otra parte, se alargaría la interinidad del actual gobierno que permanecería hasta inicios del 2015, con presupuesto nuevamente prorrogado.

¿Qué se ganaría realizando una segunda vuelta? Una mayor síntesis y una mejor búsqueda de la centralidad política. Los electores/as, en una segunda vuelta, no optan tanto por sus preferencias primarias sino por sus preferencias secundarias, de estabilidad gubernamental. Tal como ocurre en muchos espacios donde existe segunda vuelta, el electorado se concentra en determinadas opciones. Se debilitan las posiciones más extremas porque se prima la búsqueda de lo común.

En definitiva, un escenario de segunda vuelta electoral puede ayudar a la moderación. Y créanme cuando les digo que, en estos momentos, la misma es necesaria.

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