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Tasa Tobin

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“La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es especialmente repulsiva” (John Stuart Mill)

Inicio esta columna de hoy con esta cita de Mill, ya que hablaré del Impuesto de Transacciones Financieras, la conocida como 'Tasa Tobin', una iniciativa que dio origen a ATTAC, que fue una organización que le dio un gran impulso en los 90 y posteriormente tras la crisis del 2008, y que tras ese importante impulso inicial y con unas ideas y destinos claros está transmutando a una demora significativa en su aplicación y en un evidente cambio de planteamiento de distribución de la recaudación que se originaría. Intereses pecuniarios.

En esencia la idea del ITF es gravar con una tasa las transacciones financieras internacionales, es decir gravar estas operaciones con un porcentaje sobre la compra o venta de títulos de acciones, junto con tasas comparables para otros activos, tales como bonos, futuros, opciones y divisas extranjeras, y consideración especial a los derivados. Un impuesto tal no afectaría en gran medida a los inversores a largo plazo, pero impondría a los especuladores una tasa significativa, y no debemos de olvidar que el 80% de las operaciones son especulativas o de muy corto plazo. Las transacciones financieras a nivel mundial superan en 75 veces las transacciones de la economía real, y el mercado de divisas supone un volumen de negocio 15 veces superior al PIB mundial. Al margen de su importante capacidad recaudatoria es significativa su ayuda a reducir la volatilidad de los movimientos rápidos y sucesivos, fiel reflejo de la economía financiarizada en la que vivimos.

Sus opositores nos plantean algunos argumentos en contra de la tasa como que van a disminuir peligrosamente las transacciones, que no se puede esperar que regule el mercado y a la vez redistribuya, que la especulación es estabilizadora, que no impedirá la fluctuación de las tasas de cambio, que se reducirá la liquidez internacional y afectará al riesgo de crisis, que pondrá en duda el funcionamiento de los intercambios mundiales, que como todos no la van a poner en marcha no funcionará, fuga posible de capitales a los paraísos fiscales, las nuevas tecnologías la dificultarán, generará fraude fiscal, etc. En definitiva fundamentalmente postulados ideológicos de los defensores de la mundialización neoliberal vestidos de carácter técnico, muy en la línea de la idea en boga de la elección racional manipulada en beneficio del sector financiero, defendiendo que la liberalización de capitales es la única condición para el bienestar, centrado en el crecimiento (por cierto estudios académicos de prestigio no encuentran esa relación).

Cuando menos la tasa “colocará un grano de arena” en el aceitado mecanismo de las finanzas internacionales, incitará a invertir más en el largo plazo ganando estabilidad, reduciría la desestabilización financiera pues se ha acreditado la correlación especulación-crisis, además de demostrarse que liquidez masiva no es sinónimo de estabilidad

Cuando menos la tasa “colocará un grano de arena” en el aceitado mecanismo de las finanzas internacionales, incitará a invertir más en el largo plazo ganando estabilidad, reduciría la desestabilización financiera pues se ha acreditado la correlación especulación-crisis, además de demostrarse que liquidez masiva no es sinónimo de estabilidad. Fraude lo genera cualquier impuesto y no por ello pierde validez, y los paraísos fiscales simplemente deben de desaparecer.

Aquel movimiento progresista en marcha, que establecía una tasa para desarmar los mercados, romper con la lógica de la ganancia del capital como única meta y orientada a satisfacer necesidades sociales insatisfechas, cuidando el medio ambiente y con un impulso decidido a la cooperación al desarrollo, ha sido fagocitada por las instituciones claves del sistema neoliberal: el G20, FMI, y ciertos países de la Unión Europea, evidentemente con unas pretensiones distintas. En concreto los 11 países de la Unión Europea que debían de haber puesto ya en marcha la Tasa, y que sucesivamente van retrasando su aplicación (ahora se prevé en 2016) ya piensan en la recaudación como un pequeño aporte al saneamiento de los bancos o a minorar el déficit público.

Quisiera terminar este breve recordatorio de la Tasa Tobin preguntándome por qué iniciativas de largo recorrido como esta, con el paso del tiempo pierden la atención de la sociedad y son manipuladas por la ideología dominante. Y añado, con la pretensión de que se mantenga en la conciencia y la lucha ciudadana, que es una buena iniciativa de cara a que los ciudadanos vayamos recuperando el futuro del mundo de las manos de los poderes financieros, porque es de justicia, porque dará la oportunidad para regular las finanzas, y generar ingresos adicionales para invertir en empleo de los jóvenes, proteger los servicios públicos y financiar grandes emergencias de la solidaridad internacional, el cambio climático y otras muchas iniciativas de progreso. Exijamos un ITF ambicioso y solidario, no permitamos que pasados los efectos publicitarios de la iniciativa, quede en casi nada. Y con carácter general transformemos la impotencia ante el “capitalismo del desastre”, en organización resiliente.

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