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UE, en deuda con la industria naval vasca

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Hace ahora dos años y en un artículo de opinión titulado “Baje de la nube señor Almunia”, le enviaba un mensaje al entonces Comisario de Competencia y Vicepresidente de la Unión Europea, D. Joaquín Almunia intentando explicarle la idiosincrasia de la industria naval, algo que ya lo habíamos hecho insistentemente a él y a todo su Equipo de la Comisión en reuniones precedentes en Bilbao, Madrid, Bruselas y Estrasburgo. Le habíamos expuesto, muy claramente, que nuestro sistema Tax Lease era legal y no contravenía ninguna norma comunitaria y le conminaba, en ese artículo, a que bajara de su nube, muy teórica, muy bonita, muy europeísta, pero nada practica ni real y que haciendo un ejercicio de sensatez pisase tierra, la tierra de la industria, la de los negocios, la del sufrimiento del día a día de este sector por conseguir nuevos contratos, de convencer a los armadores internacionales que somos serios, con prestigio, competitivos, e innovadores y que sabemos hacer barcos y los hacemos bien, pero que necesitamos los mismos instrumentos que tienen en funcionamiento nuestros competidores europeos para poder seguir en el mercado y que necesitamos quien nos financie las operaciones así como inversores que crean en nosotros para llevar a buen fin los proyectos.

En el mismo artículo le instaba a que tuviera en cuenta todos estos argumentos a la hora de tomar una decisión sobre el Tax Lease y que había precedentes de sentencias contra otros países de la U.E., como Francia, que podrían ser aplicadas en este caso.

Haciendo caso omiso, abrió expediente y dictó una sentencia durísima, contra el Tax Lease español, a pesar de repetirnos constantemente, "la sentencia no afectará a los astilleros ni a los armadores, solo a la banca y a los inversores, que la financiaron y que son los que tendrán que devolver las cantidades que obtuvieron como beneficios fiscales”, y aunque le habíamos explicado que lo uno no funciona sin lo otro y si condena a unos estaba condenando a toda la industria, ya que nadie iba a confiar en nuestra industria, ni iba a tener seguridad jurídica en nuestro sistema, siguió adelante, con unas consecuencias nefastas e irreparables,

Los efectos de su injusta, arbitraria y bastante a la ligera decisión,(vista la sentencia que acaba de publicar el Tribunal Europeo), fueron demoledores para el sector, fueron años de caminar por el desierto sin una estructura financiero-fiscal que nos permitiera competir en el mercado internacional, lo que significó perdidas de contratos, armadores que se fueron a construir a otros astilleros, pérdida de empleo en astilleros y empresas de la industria auxiliar, cierre de unas 30 empresas de tubería, soldadura, calderería, tubería, mecanizado, etc., con la consiguiente pérdida de conocimiento y en definitiva de riqueza para nuestra comunidad. Parecía imbuido más de un espíritu de defensa del europeísmo a ultranza y más preocupado de sancionarnos injustamente, a los europeos del sur, a pesar de nuestros argumentos legales, que de defender a la industria naval europea.

Pues bien resulta que teníamos razón, como lo reconoció el pasado jueves día 17 de diciembre de 2015 el Tribunal General de la Unión Europea que falló en contra de la Comisión que él presidía y a favor de los recursos presentados por el Reino de España, PYMAR y LICO y determinó que el sistema no constituía ayuda de estado y que no tenía carácter selectivo eximiendo a los inversores de devolver los beneficios fiscales obtenidos y además condenándoles al pago de las costas.

Y AHORA QUE Sr. ALMUNIA ?, el daño ya está hecho y es irreparable, ¿quién se responsabiliza de tamaño desaguisado?, ¿cómo compensamos a esas 30 empresas vascas que tuvieron que cerrar, y a sus trabajadores despedidos?, o ¿cómo paliamos el coste de los EREs de muchas otras empresas?, o ¿la pérdida de contratos por los astilleros?, o ¿la huida de algunos armadores?, o ¿la pérdida de cuota de mercado internacional ocupada ahora por otros países como la propia Holanda, Noruega o Turquía?, y por encima de todo esto, ¿cómo compensamos la pérdida de prestigio y reputación de nuestra industria, durante todos estos años, que su sentencia generó? .

La UE debería reconocer su equivocación y poner en marcha mecanismos compensatorios que palien y compensen el daño sufrido injustamente, para recuperar el prestigio, la imagen y la reputación que hemos tenido en el mundo desde tiempos ancestrales, primero a nivel personal como gente seria y formal y segundo a nivel industrial como una industria que es competitiva y capaz de construir buques innovadores y tecnológicamente avanzados. Todo ello conjuntamente con medidas de apoyo ESPECIFICAS que propicien o faciliten contratos a nuestra industria naval en los próximos años, que nos permita recuperar el aliento y el pulso industrial perdido durante todos estos años, por una injusta sentencia, junto a medidas para recuperar el tejido industrial de astilleros e industria auxiliar y planes de formación para recuperar el conocimiento que se perdió, a la vez que medidas sociales, económicas y otras, que compensen esa deuda que la UE tiene con la industria naval vasca y española.

Como le decía, el daño está hecho y es irreparable y no sé si podremos recuperar todo lo que nos hemos dejado en el camino, pero si le decimos que tenemos espíritu conocimiento y capacidades para seguir adelante y poner a esta Industria en el lugar que se merece, por sus personas, por sus productos, (barcos y equipos), y por sus empresas, (en Euskadi tenemos una concentración importantísima de empresas navales, que muy pocas regiones de la UE la tienen), pero aun así estudiaremos las posibles acciones legales que traten de compensar tanta injusticia, porque estamos convencidos Sr. Almunia, que la U.E tiene una deuda con la Industria Naval Vasca y Española, que su sentencia generó.

 

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