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Las brechas no nacen, se hacen

Desde el 8 de noviembre hasta las campanadas, las mujeres estamos trabajando gratis

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Funcionaria del Cabildo de Gran Canaria

Nosotras, las mujeres, llevamos demasiados días trabajando ‘gratis’. La primera jornada trabajada de este año por la que dejamos de percibir el salario correspondiente fue el pasado 8 de noviembre, y así seguiremos, cobrando por hora un 15% menos que los trabajadores varones, hasta las campanadas de Nochevieja. Así que, razones para querer acabar el año no nos faltan, tras conocer esta bochornosa diferencia apuntada en el último estudio sobre la brecha salarial publicado por la Comisión Europea.

Esta situación, inalterada desde el anterior informe, demuestra que los esfuerzos realizados hasta ahora para revertir los datos son insuficientes y no van bien encaminados.

Esa brecha salarial tiene implicaciones en diversos ámbitos más allá que el puramente monetario. Implica desigualdad a la hora de acceder a servicios, a educación, a ocio, de brecha digital, de marginación social… Hablamos de tener menos posibilidades para poder desarrollar un proyecto vital pleno.  Y esta desigualdad aparece además mucho antes de acceder al mercado laboral. Según un estudio realizado en Gran Bretaña por la agencia Childwise, los niños reciben un 20% más de pagas que las niñas, diferencia que aumenta en la adolescencia.

Esta deriva se origina con el sistema mismo, un sistema que desprecia la vida y todo lo que tenga que ver con la reproducción y el cuidado; simplifica nuestra existencia a nuestra capacidad para producir, para acumular riqueza.  Cuanto más alto llegas y más dinero ganas, mejor. Las desigualdades que hoy sufrimos, no son, ni mucho menos naturales sino sistémicas; lo cual quiere decir que, si no encaminamos nuestros esfuerzos hacia un cambio de modelo, estaremos parcheando el problema y no atajándolo.

La transformación tiene que darse a nivel legislativo, pero al mismo tiempo a nivel político, judicial y social. De lo contrario nos limitaremos a ocultar a golpe de Ley la incapacidad y nula voluntad del heteropatriarcado para reconocer el fracaso de su sistema impuesto. Además, aquellos y aquellas a quienes toca aplicar la Ley no siempre lo hacen o la retuercen hasta tergiversarla y convertirla en papel mojado. Así que por mucho que se avance legislativamente, de poco servirá si no se acompaña con una transformación social transversal.

 ¿Qué hacer entonces? Para tratar el problema desde la raíz, ha de hacerse desde la educación. Debemos enseñar a las y los escolares desde edad bien temprana que hombres y mujeres somos naturalmente distintos, pero socialmente iguales en cuanto a derechos y obligaciones. Es algo básico y lamentablemente necesario, aunque muy poco ambicioso de quedarse en esos mínimos.

Se nos educa en valores competitivos, del yo frente al otro; tienes que ser la mejor de la clase, la mejor del equipo, se juega para ganar… Esto implica que tiene que haber perdedores y a quien queda por debajo, a quien impedimos que ascienda, es a quien se considera más débil: el Norte frente al Sur, el hombre frente a la naturaleza y el hombre frente a las mujeres.

Perpetuando este sistema resulta imposible que quienes gozan de los privilegios vayan a renunciar a ellos de manera voluntaria y que cuando se les obligue a hacerlo no opongan una feroz resistencia.

Solo introduciendo valores como la colaboración, el bien común, el respeto y la defensa de lo colectivo frente al individualismo lograremos eliminar brechas y privilegios y abriremos camino hacia un nuevo modelo social con igualdad real.

* Erika Martínez es miembro de EQUO Berdeak

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