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"Bangkok Hilton", el corredor de la muerte que espera a Segarra en Tailandia

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"Bangkok Hilton", el corredor de la muerte que espera a Segarra en Tailandia

"Bangkok Hilton", el corredor de la muerte que espera a Segarra en Tailandia

Con una población carcelaria que dobla su capacidad y pobres condiciones sanitarias, la prisión Bang Kwang, conocida como "Bangkok Hilton", es la morada de los condenados a pena de muerte en Tailandia, y lo será del español Artur Segara.

Los presos duermen en el suelo, apenas salen de su celda y comen solo una vez al día el cuenco de arroz que les proporciona el correccional, que todavía impone el uso de grilletes, según los últimos testimonios disponibles de reos que moraron en el presidio.

De acuerdo con esas descripciones, de la década pasada y principios de la actual, hay presos con enfermedades contagiosas que no eran separados de los demás, con quienes convivían en celdas atestadas, donde la falta de higiene y el sofocante calor era caldo de cultivo para la propagación de virus.

El penal, ubicado en la ribera del río Chao Phraya a su paso por la provincia de Nonthaburi, al norte de Bangkok, alberga a 7.000 convictos cuando fue construido para acoger a 3.500.

Del total de presos, casi 430 reos están condenados a muerte, y según Amnistía Internacional a finales del año pasado entre ellos había de una veintena de extranjeros.

A ese grupo se sumará Segarra, sentenciado el viernes a la pena capital por el asesinato y descuartizamiento, entre cargos, de su compatriota David Bernat en enero de 2016 en Bangkok.

Segarra, apodado Artur "Cut-Cut" (corta-corta) por los guardias de la prisión Bangkok Remand donde ha estado más de un año, será trasladado en unos días al "Bangkok Hilton".

Fuentes cercanas a la investigación apuntan a Efe que el Departamento de Correccionales ha protegido antes y durante el juicio a Segarra manteniéndole en una buena prisión junto a presos de perfil bajo y condenados por delitos de cuello blanco.

El condenado español, quien según la fuente confiaba en esquivar la pena máxima para así continuar en la misma celda, tramitará desde Bang Kwang los dos recursos de apelación que le permite la legislación local -Tribunal de Apelaciones y Tribunal Supremo-, con el objetivo de rebajar la condena a cadena perpetua.

Las opciones de ser transferido a otro penal son, no obstante, escasas, ya que el "Bangkok Hilton" está destinado también para los presos condenados a más de 20 años de cárcel.

"No me da miedo el cambio de prisión. Conozco a otros presos que ya están allí", dijo Segarra a Efe antes de escuchar la sentencia.

El Código Penal de Tailandia estipula la pena capital como castigo para un total de 35 delitos, tales como asesinato premeditado, violación y narcotráfico.

En una encuesta, realizada en 2014 por la Universidad Mahidol, el 41 % de los tailandeses apoyó la pena capital como la manera más efectiva para combatir el crimen frente al 8 % que le gustaría terminar con la práctica, mientras el resto permanece indeciso.

La dureza del "Bangkok Hilton" es descrita en libros y documentales, que incluyen denuncias de torturas, abuso de poder y corrupción de los guardas dentro del presidio de máxima seguridad.

El británico Colin Martin, quien estuvo cerca de una década en Bang Kwang, describe esta cárcel como un "infierno" en su libro autobiográfico que escribió mientras permanecía interno.

"Nada más plantar un pie, me pusieron cadenas. No las que se ven en la televisión, estas pesan cuatro kilos y fueron aplastadas a mis tobillos por los oficiales a martillazos", relata Colin Martin en un libro que publicó en 2006, año en el que fue extraditado al Reino Unido.

Bautizada como "Bangkok Hilton" por una serie de la televisión australiana, los tailandeses optan por llamarlo "el gran tigre" por su querencia a devorar prisioneros, narra el exreo Warren Fellows en su libro "The Damage Done" (el daño hecho).

Encarcelado de por vida en 2003 por traficar con 2,4 kilos de heroína, el británico Gary Graeme Jones denunció en su blog, escrito a través de cartas enviadas a familiares y amigos, y cuya última entrada se remonta a 2012, un brote de peste porcina que en 2009 se cobró la vida de varios reclusos.

La situación del recinto ha sido denunciada por organizaciones garantes de los derechos humanos frente a las incumplidas promesas de sucesivas administraciones de mejorar las condiciones de la prisión.

Tailandia ejecutó en 2009 por última vez a dos convictos que fueron condenados a muerte por narcotráfico, antes de aplicar una moratoria indefinida no declarada.

El último ajusticiamiento por un delito de asesinato data de 2003, año en el que el país cambió el método de las ejecuciones por fusilamiento por el de inyección letal.

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