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Manuel Rivas: "La sentencia del Prestige deja sabor de injusticia"

El escritor gallego considera que "ningún experto en el mundo" defiende la actuación del Gobierno durante el hundimiento del barco

Rivas es uno de los rostros más conocidos de Nunca Máis: "Lo único bueno de esta historia es la ética y la solidaridad ciudadana"

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El escritor Manuel Rivas afirma que "toda lengua pertenece al mundo entero"

El escritor coruñés Manuel Rivas

El escritor Manuel Rivas fue uno de los rostros más conocidos de la plataforma Nunca Máis tras la catástrofe del Prestige. El autor de 'Os libros arden mal' considera que la sentencia del Prestige supone un "cierre en falso" para este caso de contaminación medioambiental y lamenta que no sea "ejemplarizante" para salir de la "prehistoria" en la que viven la política y la justicia medioambientales.

¿Qué le parece la sentencia que ha absuelto a los únicos tres acusados del hundimiento del Prestige?

Es una sentencia propia de la época de los combustibles fósiles, es un fósil. Si fuera el final de la historia, sería un final muy triste, sería una injusticia. Establece una doctrina de la irresponsabilidad, porque no hay responsables. Sabíamos que era un proceso complicado, que la justicia medioambiental está en pañales y que no se pusieron los medios debidos para semejante catástrofe, que se llevó el caso en un juzgado local; pero lo más grave es esa doctrina que avala de una forma inverosímil el discurso oficial sobre la actuación del Gobierno. Es una sentencia más que conformista.

Dice que no es el final de la historia, ¿significa que Nunca Máis va a recurrir la sentencia ante el Supremo?

No puedo confirmar ni avanzar nada. Hablo del final de la historia no solo en sentido jurídico sino porque queda mal resuelto. Tiene la tónica del resto de la estela del Prestige, es decir, es un mal cierre. No tiene un carácter ejemplarizante y deja sabor de injusticia. Tenemos que seguir discutiendo qué es lo que pasó aquí. Al no reconocer responsables, no hay derecho a reclamaciones. Me parece significativo que hay 30 personas en Rusia encarceladas por colocar una pancarta contra la especulación en el Ártico y en cambio aquí nuestros jueces son incapaces de encontrar una responsabilidad para más de 4.000 millones de euros. Hay 4.000 millones de daño pero no hay causa de ese daño.

Parece que las catástrofes pasan sin que sea culpa de nadie, ¿cómo se le explica esto a la sociedad y cómo debe tomárselo?

Es una ilustración más del retraso que hay en ciertos campos de la política y la justicia. Es una forma de violencia las catástrofes medioambientales que, en este caso, tenían causas: un barco que era una chatarra, el entramado societario, una absoluta indefensión... Eso es algo que deberían tener como prueba la Justicia y la sociedad y valorar si hubo que establecer normas. Hubo una época post-Prestige en cuanto a seguridad marítima (limpieza, cambio en la normativa, el fondo de compensación se multiplicó...) y eso fue una consecuencia de la movilización del Prestige. Las mentalidades van por delante y hay todavía un estadio primitivo, prehistórico, en el campo de la justicia medioambiental. En vez de llevarnos las manos a la cabeza, hay que seguir luchando.

Usted dijo que tras el Prestige hay más medios de control, ¿abre esto una esperanza para que casos como el Prestige no se vuelvan a producir?

Hubo más conciencia por la movilización ciudadana. Lo único bueno de esta historia es la ética y la solidaridad ciudadana a la que me parece que la sentencia no hace ninguna referencia. Lo que tenemos es que intensificar esa conciencia y esas redes y organizaciones que trabajan en esta línea. Si tembló el 'establishment' en España es porque salieron miles de personas a la calle. Es la única defensa que tenemos seria: la solidaridad y los derechos. Hubo una marea negra física y otra que se apropió del lenguaje y parte de ese polvillo tóxico acabó contaminando esta sentencia.

¿De qué ha servido la lucha de Nunca Mais? ¿Se siente decepcionado de que la lucha haya quedado en nada en los tribunales?

El fracaso sería no hacer nada. Hablaríamos de un fracaso si la sociedad hubiera permanecido en casa. La sociedad hizo lo que tenía que hacer. Los otros son los que no hicieron lo que tenían que hacer. Nunca Máis no es una sigla, es la gente, es un movimiento de solidaridad que ocupó las calles y las plazas.

¿Considera que la sentencia ha salvado a los cargos públicos de asumir responsabilidades?

Al acabar la vista, el propio presidente de la sala dijo que había más implicados que no estaban allí. A Sors lo usaron como parapeto, pero lo importante es que la gente tiene su propio juicio y no es muy positivo.

¿Se han obviado las opiniones de los expertos que criticaban la decisión de estos cargos públicos, como la de alejar el barco de la costa?

Evidentemente. Se ha construido un relato que es el más pobre e irracional de todos. Hoy no hay ningún experto en el mundo que defienda esa actuación. Si decimos que en situaciones semejantes abandonar a su suerte un barco con mercancía peligrosa, no sé qué alternativa estamos dando.

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